Sonata de otoño

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Un momento de la manifestación convocada este miércoles por las asociaciones estudiantiles contra la aplicación de las “reválidas” incluidas en la LOMCE. // Foto: guadaque.com

Por Borja Montero

Me valgo nuevamente de la saga novelesca de Ramón Valle y Peña (que así parece que se llamaba realmente Valle-Inclán) para comentar algunos temas y noticias que merecen algún tipo de análisis, aunque sea breve, si bien no se trata de asuntos menores dentro de la actualidad guadalajareña. Como buen fresco de la vida que también es la obra de Ramón María, quizás no especialmente las Sonatas a las que este título alude pero sí el inabarcable conjunto de sus escritos, este artículo tiene un poco de todo: los siempre llamativos sucesos, la más que necesaria educación, la peculiar idiosincrasia de la vida rural y, en un cierto sentido poético, el inevitable devenir de los tiempos y lo que hacemos con sus efectos más devastadores.

La incógnita del futuro. La ciudad fue ayer el escenario de dos manifestaciones, una en horario de mañana y otra vespertina, con un mismo objetivo: mostrar el rechazo de la comunidad educativa, tanto docentes como padres y alumnos, a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad de la Enseñanza, LOMCE para los amigos y Ley Wert para los enemigos. Y es que los efectos más traumáticos de la aplicación de esta norma, los exámenes generales eliminatorios a finales de cada uno de los ciclos formativos (Primaria, Secundaria y Bachillerato), deberían empezar a notarse este mismo año, sin olvidar la “reválida” para los alumnos de Primaria a finales del curso pasado que finalmente decidió descafeinarse en lo que a su realización y a sus efectos académicos se refiere debido a las incongruencias, las dudas, los retrasos y los errores en su preparación.

Se trata de un tema de gran trascendencia para un gran porcentaje de la población, y quien esté interesado puede leer cuáles eran mis consideraciones al respecto al final del curso pasado. La situación ahora es la misma, con el agravante de que han transcurrido cuatro meses más y el nuevo curso escolar ya ha comenzado, por lo que son unos cuantos cientos los alumnos que, en nuestra provincia, no saben de qué depende que puedan obtener su merecido título académico o cómo preparar el curso para obtener los mejores resultados posibles. Se puede aducir que prácticamente todos los partidos políticos, menos el PP, han criticado esta ley y abogan por cambiarla, también casi todas las Comunidades Autónomas, competentes en materia de Educación, por lo que, dado el actual panorama político y el álgebra parlamentario, podría ser que la norma sufriera alguna modificación en breve (con menos brevedad que la deseada, ya que las cosas del Congreso, casi más que las de palacio, van despacio). Pero esta ley fue aprobada hace tres años, en noviembre de 2013, por lo que ha habido tiempo de sobra para definir el protocolo de puesta en marcha de sus disposiciones, sobre todo de aquellas tan sensibles como estos exámenes de “reválida”, de modo que la excusa de la oposición a la misma no vale para justificar la inacción por parte del Ministerio de Educación, que debiera liderar los cambios que él mismo ha dictado, y la falta de las reglas del juego aplicables cuando quedan algo más de seis meses para la celebración de las “reválidas”. Así, esta ley va camino de convertirse en un doble fracaso, tanto en lo que se refiere a la implementación de un sistema educativo trasnochado y bipolar, en el que se propugna la evaluación continua y el trabajo sostenido en el tiempo en las aulas para después hacer depender la titulación de una prueba eliminatoria que hace primar lo memorístico, como en algo tan prosaico como su puesta en marcha.

Aunque la mona se vista de seda… Ahora Guadalajara defenderá esta semana en el Pleno del Ayuntamiento de la capital una moción con la que pretende que los muros y demás vallados de los múltiples solares que pueblan el centro de la ciudad puedan ser decorados con graffitis y obras de arte urbano. Como bien reza el inicio de este párrafo, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”, por lo que el problema de fondo que sufre en Casco Histórico, el del abandono de los viejos inmuebles y la ausencia de proyectos urbanísticos para su rehabilitación, no se ve solventado con esta iniciativa. Sin embargo, y dado que uno de los objetivos de todos los partidos con representación en el Consistorio es, de una u otra manera, la dinamización del centro de la capital, sí parece una idea original para mejorar (y modernizar, todo sea dicho) la imagen de estas calles, a la vez que se da voz (en este caso lienzo) a los aficionados a este tipo de expresiones artísticas. A la espera de que los solares se puedan convertir en algo más útil para los ciudadanos, ya sean viviendas y oficinas o pequeños espacios estanciales, al menos pueden dejar de espantar a propios y extraños dando un poco de color a su desvencijada imagen.

La venda antes que la herida. La localidad alcarreña de Budia ha cambiado de alcalde algo más de un año después de las elecciones, y lo ha hecho a través de una siempre traumática moción de censura. La configuración política del su plenario (tres concejales del PP, uno del PSOE y uno de un partido independiente) hace que el cambio de regidor no vaya a ser una revolución en la gestión de los servicios del pueblo, pero sí puede llevar a una reflexión acerca de la vocación de servicio públicos de nuestros munícipes. Y es que el motivo que arguyen los seis ediles que han apoyado la iniciativa es la “falta de capacidad”, la “nula fiabilidad y confianza en su gestión” y el “afán” por aprovecharse del cargo gel hasta ahora alcalde, Carlos María de Silva. De este modo, y de estar bien fundadas las sospechas del resto concejales, esta moción de censura es una decisión valiente en un momento en el que la frenética actividad de los juzgados y las unidades policiales están demostrando que la corrupción no paga y que, aunque sea con cierta demora, los abusos a a confianza de los ciudadanos se terminan pagando. Y, por el bien de todos, que el ritmo de esclarecimiento y de sentencia de estos casos no pare.

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Imagen del portón de entrada de la casa de la urbanización de Pioz en la que se cometieron los crímenes. // Foto: guadalajaradiario.es

Ya no hay noticia. Los periodistas tenemos muchos defectos, tantos que hay sesudos tratados dedicados enteramente a resaltar nuestras miserias. Una de estas sombras, normalmente instigada por los jefes y auspiciada en la máxima de “es lo que quiere la audiencia”, es la de no saber donde poner el punto y final a ciertas historias. El caso del crimen de Pioz, que tan sorprendente fue en una provincia tranquila como es la de Guadalajara, ya está prácticamente resuelto. Así lo vino a confirmar esta semana el equipo investigador y la entrega voluntaria del presunto autor de las muertes. Así, uno podría pensar que la próxima noticia digna de contar será cuando la Fiscalía y la acusación, si la hubiere, se pronuncien acerca de los cargos y las penas que se solicitan, posteriormente el inicio del juicio y finalmente el veredicto y la sentencia que pongan el punto y final. Sin embargo, y sin querer desmerecer la fantástica reflexión de mi recién estrenado compañero Julio Martínez al respecto, nos afanamos en llenar horas de televisión con algo que, objetivamente, no tiene novedad noticiable alguna, por lo que entramos en terrenos farragosos, en los que los detalles que se cuentan tienen más que ver con el morbo que con el conocimiento real de los hechos acaecidos.

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