Apostar por la cultura social y ciudadana

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Un momento del Tenorio Mendocino de este año. Foto: Elena Clemente/culturaenguada.es

¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?

Don Juan Tenorio – José Zorrilla

Esta semana se volvieron a escuchar estos versos por las calles arriacenses. Y, una vez más, la ciudadanía respondió. Vaya si lo hizo. Cientos de personas recorrieron los rincones de la capital para deleitarse con la representación del Tenorio Mendocino. Impresionante. Sobre todo porque se trata de una celebración que partió de la sociedad civil, gracias a la implicación de Gentes de Guadalajara. Hoy, después de 25 años, nos encontramos ante una propuesta que continúa programándose gracias una intensa dedicación ciudadana. Un esfuerzo que se ha reconocido con la declaración de Interés Turístico Regional. Esta positiva evolución ha sido posible gracias al cariño de todos los guadalajareños, que edición tras edición no quieren perderse la cita.

Precisamente, esta entrega vecinal debe ser una de las patas en las que se aposente la política cultural y turística de la ciudad. Se han de fomentar las iniciativas promovidas por la población. En Guadalajara hay varios ejemplos. Además del Tenorio Mendocino –que desde 1992 combina la obra de Zorrilla con la herencia patrimonial e histórica alcarreña–, se pueden ver otros casos, como el FESCIGU o el Maratón de los Cuentos. Todos ellos permiten que nos convirtamos en un referente cultural autonómico y nacional. Y siempre por iniciativa de los arriacenses. Un lujo.

Por tanto, este tipo de propuestas son fundamentales para una ciudad la nuestra, en la que los gestores municipales han maltratado tanto el patrimonio –¿cuántos solares hay en el centro?– como la cultura. Eso sí, al menos ya se está hablando de Buero Vallejo, aunque haya tenido que pasar un siglo de su nacimiento para que algunos quisieran pronunciar su nombre…

Ante estas circunstancias, es muy importante la implicación de los habitantes en la creación de un tejido cultural plural y variado. Un compromiso que, además, debe ser estimulado por los poderes públicos, sin mirar filiaciones políticas ni sociales. Todos debemos empujar en el mismo camino. Aunque a veces sea difícil. Muy difícil.

Sin embargo, se trata de algo que tienen muy claro en otros lugares. Por cuestiones académicas, entre 2013 y 2014 viví en México. Y tuve la oportunidad de viajar a Querétaro, una magnífica ciudad de estilo colonial. Allí pude observar una gran cantidad de iniciativas ciudadanas de tipo cultural. Entre ellas, visitas teatralizadas de leyenda organizadas por actores profesionales. Recorrimos las principales calles del casco histórico de la urbe. Iban narrando sus tradiciones e historia. Todo ello, además, guionizado y con un vestuario de época. Impresionante. Una forma amena y pedagógica de valorizar el pasado.

Y lo mejor es que se trataba de una idea surgida desde la sociedad. Un grupo de personas vieron la necesidad de generar propuestas de turismo activo para Querétaro y se pusieron manos a la obra. En Guadalajara también se podría hacer lo mismo. De hecho, existen los mimbres. Ya hay iniciativas ciudadanas de una gran calidad. Pero se debe seguir apostando por ello. Una de las opciones pasaría por impulsar nuevas actividades relacionadas con aspectos desconocidos de nuestra historia. En concreto, con el pasado Templario de la capital. ¿Por qué no? Lo relacionado con este episodio siempre despierta un gran interés.

Pero, ¿acaso los monjes guerreros estuvieron presentes en la capital? Así lo asegura Ángel Almazán de Gracia, en su Guía Templaria de Guadalajara. En concreto, indica que el monasterio de San Francisco –que luego fue ocupado por el Fuerte del mismo nombre– se edificó sobre un complejo construido por la mencionada Orden. “En lo que a mí respecta, creo muy probable que el Temple tuviera un convento en Guadalajara”, indica en el libro. “Su fundación pudo hacerse a partir de 1204 y, más probablemente, una vez que Fernando III fue coronado rey de Castilla en 1217”, añade.

Sea de la forma que fuere, el hipotético origen templario del Fuerte puede servir como excusa para que el movimiento social y vecinal de la ciudad organice nuevas propuestas culturales en el entorno de San Francisco. Y, de paso –como ocurre en México– se podría poner en valor una época de la ciudad que es muy poco conocida.

Además, tenemos experiencia en este sentido. Acaba de tener lugar el Tenorio, donde literatura, patrimonio y teatro se han combinado estupendamente. Un buen hacer que se ha visto recompensado con magnífica presencia de público. Los asistentes se contaban por centenares. En consecuencia, gracias a iniciativas como ésta –y a otras propuestas, como el maratón de cuentos o el FESCIGU– se valoriza nuestra cultura, nuestro pasado y nuestros monumentos. Por tanto, y como se ha visto, eventos impulsados por la sociedad civil tienen un gran resultado. Hay que seguir apostando por la cultura ciudadana. Sobre todo, mientras existan gobiernos municipales que –como el actual– parezcan estar más interesados en demoler nuestro pasado que en conservarlo.

Bibliografía.

ALMAZÁN DE GRACIA, Á., Guía Templaria de Guadalajara, Guadalajara: AACHE, 2012.

VV.AA., El Tenorio Mendocino. Don Juan, rito y mito. Guadalajara: vv/ee, 1999.

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