La desobediencia de Román

Antonio Román, alcalde de Guadalajara. // Foto: EP

Antonio Román, alcalde de Guadalajara. // Foto: EP

Por Raquel Gamo

“La retirada de las calles franquistas significa situar a Guadalajara en la normalidad democrática”. Así de contundente se manifestaba, en septiembre de 2015, José Morales, concejal y portavoz de Ahora Guadalajara, tras lograr algo por lo que se llevaba luchando muchos años en Guadalajara: la retirada del nombre de militares que apoyaron la causa franquista del callejero de la ciudad, 40 años después de la muerte del dictador.

La moción llevada a Pleno por Ahora Guadalajara se aprobó el 4 de septiembre de 2015 y contó con el apoyo del PSOE, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra del PP. A pesar de la oposición de los populares, que habían bloqueado en otras ocasiones iniciativas similares haciendo valer su mayoría absoluta, la propuesta salió adelante. Pero han pasado 14 meses, que se dice pronto, y el mandato del Pleno sigue sin ejecutarse. Básicamente, por dos motivos: porque a Antonio Román le sale urticaria con solo mencionar el concepto de memoria histórica; y porque sigue sin asumir que ya no dispone de mayoría absoluta y, por tanto, está obligado a aceptar una nueva lógica política que implica respetar las votaciones del Pleno, cuenten o no con el respaldo de su grupo.

La calle Capitán Boixareu Rivera es una de las que cambiarán de nombre, según contempla la moción aprobada en septiembre de 2015 por el Pleno municipal de la capital. // Foto: Ahora Guadalajara.

Capitán Boixareu Rivera es una de las vías que cambiarán de nombre, según la moción que Román se niega a cumplir. // Foto: Ahora GU

El asunto es conocido, pero merece ser puesto en contexto. Proponer la sustitución de la nomenclatura vinculada con la dictadura en las calles de la ciudad no fue una ocurrencia de los concejales más rojos del consistorio. Fue una propuesta sostenida en la aplicación de la Ley de Memoria Histórica (2007). El artículo 15 de esta norma reza que “las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”.

Cumplir la ley no es una opción. Es un deber, tal como el propio PP se encarga de recordar todos los días ante el desacato del soberanismo catalán. Pero la realidad es que Román no parece decidido ni a cumplir la ley, ni a respetar los mandatos del Pleno. Su actitud chulesca y desafiante es una manera de corroborar que, lejos del perfil buenista y supuestamente moderado que siempre irradió su figura, estamos ante uno de los dirigentes más sectarios que ha tenido la derecha alcarreña desde la Transición. Algo que ya pudo comprobarse en su posición a propósito de la contrarreforma del aborto que impulsó el Gobierno de Rajoy, en la permanente falta de diálogo con la oposición o, yendo a lo local, en la cerrazón con los autobuses de Marchamalo o el desdén propinado en verano al colectivo LGTB.

Las calles objeto de la retirada aluden a relevantes personajes que se unieron al golpe y al bando sublevado durante la contienda o ejercieron un papel político activo a favor del régimen. No hay ninguna duda de sus resabios franquistas. Se trata de la calle Hermanos Ros Emperador, activistas del golpe del 36; Fernando Palanca, ex alcalde franquista; Gutiérrez Orejón, policía franquista; General Moscardó Guzmán, gobernador civil de Guadalajara en los años 50 y jefe provincial del Movimiento; y Capitán Boixerau Rivera, militar que conquistó Lérida. La modificación de la plaza de los Caídos en la Guerra Civil completa el callejero que debe renombrarse.

Además, la iniciativa respaldaba que fueran los consejos de los barrios los encargados de debatir y decidir sobre la nueva denominación de estas vías. Un sano ejercicio de apertura a la ciudadanía, que ya ha contado con la participación de más de 400 vecinos. Bastantes más que los 150 que se implicaron en los Presupuestos Participativos que impulsó el propio equipo de Gobierno de la capital.

La erradicación del callejero franquista supone un hito en la memoria democrática de la ciudad. No es una cuestión baladí. Y es también la consecuencia del trabajo constante y pertinaz de colectivos como el Foro por la Memoria de Guadalajara, que llevan mucho tiempo reclamando dignidad para las víctimas y represaliados del franquismo. “Que en 2015 tengamos que luchar por estas cosas demuestra el tipo de país en el que vivimos, sometido en gran medida a la impunidad. No puede ni debe haber espacios de homenaje público a golpistas en una democracia”, afirmaba en Diagonal Xulio García, miembro del Foro por la Memoria.

Susana Martínez y José Morales, concejales de Ahora Guadalajara. // Foto: AG

Susana Martínez y José Morales, concejales de Ahora Guadalajara. // Foto: AG

Román ya dijo en su momento que no le gustaba la idea porque “reabre viejas heridas”, que es el latiguillo recurrente en el hit parade del argumentario del PP en esta materia. Para más inri, llegó a pedir disculpas en una misiva a los vecinos de las calles en cuestión por “las molestias” que las obras pudieran ocasionarles. También se aferró a una consulta a estos vecinos que, supuestamente, habían rechazado en un 90% el cambio de nombres. Hay que ver lo que le gusta al PP la democracia directa cuando se trata de anclar sus posiciones. Fue, en todo caso, una consulta hecha en 2009, y ya entonces el primer edil capitalino aseguró a El Mundo que sólo un fallo judicial le haría cambiar de opinión. “Si mantener los nombres es contrario a Derecho, que lo diga un juez”, sentenció.

La obligación de un alcalde consiste en cumplir los acuerdos del Pleno, coincidan o no con su ideología. El simple hecho de no acatar la resolución denota una falta de respeto a todos los guadalajareños, cuya soberanía se refleja en la composición actual del Ayuntamiento. Y muestra la incapacidad de Román para adaptarse a la nueva coyuntura, en la que el PP goza sólo de mayoría suficiente en el Consistorio.

El desprecio del alcalde, claro, ha colmado la paciencia de la oposición. Ahora Guadalajara, además de presentar esta semana un recurso de inactividad ante el Ayuntamiento para denunciar el incumplimiento de la moción aprobada en 2015, organiza mañana un recorrido lúdico callejero, en el que se hará una introducción histórica y una síntesis de las investigaciones que han derivado en la petición del cambio de nombre de esas calles. El acto arrancará a las 12 horas en el Infantado y contará con la presencia de varios historiadores y especialistas.

Veremos si con estas acciones de presión, Román rectifica y cumple un mandato ante el que no cabe la desobediencia. Lo que sí ha quedado ya clara es la falta de altura democrática del alcalde de Guadalajara.

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5 pensamientos en “La desobediencia de Román

  1. Realmente a algunos les va a costar mucho entender la democracia y sobre todo renunciar a sus raíces sin desobedecer a la ley ¡Lo llevan en su sangre, en sus relaciones y en sus convicciones! Demócratas de cartón…

  2. “Extrañamente” queda en el tintero la calle General Vives Camino de dicha moción. Aprobado ese nombre por el pleno del Ayto. en noviembre de 1975, igual que algunas de las incluidas, personaje que participó en el golpe del 36, motivo que se esgrime para solicitar la retirada de Moscardó Guzmán, etc.

  3. Me hace gracia la ira y rencor que tienes contra el alcalde.
    Actitud sectaria la que tú vienes demostrando cada vez que te pones a juntar letras.
    Yo daria por bueno el cambio de nombre de nombres si pusieran un placa en la carcel de Guadalajara con los nombres de los 400 guadalajareños a los que los asesinos republicanos dieron el ”paseillo” en la nuca. Mejor que pongan el nombre de ls matones republicanos que se dedicaron, en los años previos al levantamiento, a linchar, acosar, incluso asesinar, con el consentimiento de las autoridades de la República, a los ciudadanos que o iban a la iglesia o simplemente votaban a la derecha. Eso es memoria histórica.
    Pateticas son tus referencias a la ”invasión autobusera de Marchamalo”, o a la defensa del sí a la vida que hace el alcalde oponiendose al asesinato de los fetos en el vientre de sus madres. Si no se va en carroza medio en pelotas y votas a la izquierda no se tiene derechos , y no los puedes expresar en publico.
    Los ultrajes no se deben consentir y hay que levantarse contra ellos para detenerlos sí o sí.

    • Aunque su comentario contiene insultos y, además, es anónimo, me voy a molestar en contestarle. Discrepo sobre el supuesto revanchismo de la izquierda, que es a lo que usted alude. Pero, en todo caso, mi artículo no trata sobre la memoria histórica. Me limito a recordar que el alcalde de Guadalajara tiene una doble obligación legal: cumplir y hacer cumplir la Ley de Memoria Histórica, vigente desde 2007; y ejecutar el mandato del Pleno municipal del 4 de septiembre de 2015, que obliga al cambio de nombre en las calles. Todo lo demás son cuentos o subterfugios para justificar la desobediencia de Antonio Román.

  4. Creo que los golpistas sublevados con el Comandante Ortiz de Zárate a la cabeza se dedicaban a dar besos y abrazos a los que defendían la legalidad y legitimidad de la II República y el 6 de Diciembre de 1.936 los 23 aviones nazis de la Legión Cóndor repartieron caramelos, bombones y confetti que los niños recogían por las calles mientras los ciudadanos de Guadalajara observaban extasiados la falla del Palacio del Infantado y los castillos de fuego por toda la ciudad. No es menos cierto que las represalias contra los presos de la cárcel también fueron una salvajada, no menos que los fusilamientos , palizas y torturas que se produjeron como venganza contra los vencidos cuando acabó la guerra . Los hechos son los que son y cada palo que aguante su vela.

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