Serlo y parecerlo

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Antonio Román volverá a ser alcalde con dedicación casi exclusiva a partir del próximo lunes, tras la votación en el Pleno de su liberación al 80 por ciento. // Foto: pp.es

Por Borja Montero

Dejó escrito Plutarco que Divino Cayo Julio César sentenció que “la mujer del César no solamente debe ser honrada, sino también parecerlo”. Como otras tantas frases de la antigüedad clásica, este juicio moral más o menos afortunado, pero con una gran significación en el terreno de la esfera pública, ha quedado como una de esas coletillas de fácil recurso para debatientes y tertulianos que quieren recordar a quienes tienen ciertas responsabilidades políticas que deben mantener sus actuaciones y actitudes dentro de la legalidad, por supuesto, así como dentro de unos ciertos márgenes de ejemplaridad y honorabilidad que hagan que ninguno de sus actos o declaraciones tenga mácula alguna. La misión es más bien complicada, ya que la lupa de electores y rivales políticos puede ser especialmente exhaustiva, si bien hay algunos cargos públicos que, lejos de intentar pasar lo más desapercibido posible en estos exámenes, campean a sus anchas por las instituciones y son poco amigos de dar explicaciones acerca de sus decisiones, por muy legales que éstas sean. El alcalde de Guadalajara, Antonio Román, es uno de estos políticos que hacen de su capa un sayo, con una cierta alergia a los debates o la pedagogía sobre determinadas acciones (o inacciones) controvertidas, un defecto que ha ido haciendo callo según pasaban sus años al frente del Ayuntamiento de la capital y que se ha convertido en una constante desde que, en mayo de 2015, perdió la mayoría absoluta en el Pleno municipal. Analizamos a continuación un par de sus últimas decisiones para evaluar si cumplen o no con la prerrogativa del emperador romano.

El primero de los hechos que pueden ponerse en tela de juicio por parte de los ciudadanos es su reciente anuncio de que, casi un año y medio después de haber iniciado su tercer mandato y once meses después de haber dejado su escaño en el Congreso de los Diputados, solicitará la liberación y comenzará a cobrar como alcalde de Guadalajara. La dedicación no será exclusiva, sino al 80 por ciento, con el fin de poder continuar ejerciendo como médico, y el salario será de 60.000 euros al año. Al margen del siempre fácil debate acerca de la cantidad, que es el 80 por ciento del máximo que permite la ley, por lo tanto dentro de la legalidad hasta el último céntimo de euro, sorprende el momento en el que se ha producido este cambio de planes. Parece complicado compaginar una labor profesional a jornada completa con el Gobierno de una capital de provincia, pero el mantenimiento de la situación durante diecisiete meses y la creación de la figura del vicealcalde, inédita en Guadalajara hasta esta legislatura, para que Jaime Carnicero pudiera asumir parte de la carga de trabajo del primer edil indicaban, hasta el momento, que sí era posible, si bien la lógica y la costumbre en el Ayuntamiento de Guadalajara desde hace décadas dicen que el alcalde debe estar liberado y plenamente al servicio de la ciudad.

La incógnita acerca de la temporalidad de decisión se cuece, sin embargo, muy lejos de la ciudad. El anuncio de la decisión del alcalde de volver a trabajar directamente para la ciudad se produjo el mismo día en el que se confirmaron algunos nombramientos del nuevo Gobierno nacional de Mariano Rajoy, en concreto los de secretario de Estado de Sanidad y de Deportes, cargos para los que se había rumoreado su nombre. De haberse producido una mayoría más clara en las primeras elecciones generales, las de diciembre de 2015, el periodo de interinidad de Román hubiera sido mucho más corto, ya que todas estas cuestiones de nombramientos y cargos se hubieran resuelto a principios de este año, pero al dilatarse el proceso nacional, también lo ha hecho la indecisión del primer edil. Cierto es que, de haberse otorgado una dedicación exclusiva o una liberación parcial al comienzo del mandato y haber renunciado a ella para iniciar su andadura en un cargo de responsabilidad nacional un año y medio después, suponemos que dimisión mediante, hubiera sido fuertemente criticado. De hecho, ya se le escrutó con lupa al hacer lo mismo cuando fue elegido diputado nacional en 2011, y eso que por aquel entonces también tenía un escaño regional y que nunca ha abandonado del todo el desempeño profesional de la medicina. Sea como fuere, cuando se consume esta solicitud el lunes en la próxima reunión del Pleno, el Ayuntamiento deberá sorprender por su celeridad y eficacia, ya que contará con un semi-alcalde al 80 por ciento y un vicealcalde con gran capacidad de trabajo.

La segunda de las decisiones que merecen un par de minutos de reflexión es el decreto para renombrar el parque de las Torres, en la calle Constitución, en honor de la agencia de las Naciones Unidas para la defensa de los derechos de la infancia, Unicef. Por supuesto que el debate no se centra en el merecimiento de este organismo de figurar en el callejero de Guadalajara, con razones de sobra cosechadas en sus setenta años de historia, sino que tiene que ver con otros procesos similares que se están demorando en exceso. Y es que, con este rápido bautizo, Román ha demostrado que lo de cambiar los nombres de los espacios públicos no es tan complicado como podría deducirse de los catorce meses que lleva durmiendo el sueño de los justos una decisión plenaria para eliminar del callejero algunos nombres relacionados con el golpe de estado de 1936, la posterior Guerra Civil y la dictadura de Franco. Algunos de los promotores y defensores de aquella moción aprobada por el Pleno hicieron una ruta turística el pasado domingo, 20 de noviembre, y fijaron placas provisionales que sustituyeran temporalmente a las que aún incumplen la Ley de Memoria Histórica. La respuesta del Ejecutivo municipal fue rápida en este sentido, enviando a los Bomberos a quitar las nuevas denominaciones y restituyendo el ignominioso callejero, aunque el problema de fondo, el que debería haberse solventando acatando el mandato de la moción aprobada por la cámara de la que emana la soberanía de los ciudadanos de Guadalajara, sigue ahí, de fondo, como si de una cuestión menor se tratara.

De este modo, Román parece tener poco que ver con la mujer del César, según las recomendaciones de su propio marido. A la honradez de una de sus últimas decisiones no puede ponerse en tela de juicio, al menos con la ley en la mano. Lo de la omisión de acatar la Ley y las decisiones plenarias es harina de otro costal: entre desobediencia y prevaricación elijan ustedes el término. En cualquier caso, las apariencias dejan mucho que desear.

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2 pensamientos en “Serlo y parecerlo

  1. a roman le vamos conociendo cada vez mejor. Cada uno que roza con el, sabe como se las gasta y cual es su talante real, pregunten a los bomberos, a los policias expedientados, a los amigos del moderno…
    parece que noshace un favor, no cobrando del ayuntamiento, pero es que siempre ha optado por el mayor de los sueldos que pudiera percibir, asi, del congreso, sueldo mas dietas por ser diputado de fuera de guadalajara, aunque al congreso le llevaran en coche oficial del ayuntamiento, ganandose la vitola de uno de los diputados mas poco activos de la legislatura, es decir, de los mas vagos.
    Hasta ahora sin sueldo publico, a la espera de un puestecito.
    Quizas la enorme inversión del ayuntamiento en espectaculos deportivos (que no en fortalecer la estructura del deporte base de guadalajara, ni a una mejora de las instalaciones) tenia por objetivo la gloria personal del alcalde, quizas…
    Lo que ha pasado es que le han adelantado por la izquierda, por la derecha es muy dificil adelantar a Antonio Roman, y al quedarse sin sueldo publico, recurre al del ayuntamiento…y sin rubor aclara que cobrara sin dedicacion plena.
    Otra muestra de quien gobierna esta ciudad es lo que esta pasando con su negativa a quitar calles que honran a golpista y criminales de guerra; señalar que al acabar el acto del domingo de ahora guadalajara que reivindicaba el cumplimento de la decisión del pleno la policia nacional decidio identificar a dos de los participantes (cruzando coches en paso peatonal, como si se fueran a fugar) y que los bomberos recibieron irden inmediata de quitar las placas colocadas. Todo orquestado por Roman el democrata.

  2. Extraordinario artículo de Borja, que da en la clave, de lleno, en el asunto de la manida liberación del alcalde de Guadalajara. Con dos evidencias terribles:
    – Ha propuesto liberarse al día siguiente de que no le dieran cargo en el Gobierno central
    – Se libera con un sueldo que es el máximo que permite la Ley. El máximo. Ni un euro menos. Menuda diferencia con toda la cantidad de alcaldes, de todo signo, que se han bajado los sueldos en los últimos años.

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