Que viene el cerdo

Cartel que ilustra la recogida de firmas contra el proyecto de una granja de cerdos en Brihuega.

Cartel que ilustra la recogida de firmas contra el proyecto de una granja de cerdos en Brihuega.

Por Concha Balenzategui

No, no vamos a hablar de matanzas, aunque noviembre sea la época dorada de esta sabrosa fiesta. Hablamos de los proyectos para instalar granjas de cerdos en nuestra provincia, y la oposición a su implantación, que son noticias que estamos viendo de forma intermitente en la prensa durante los últimos meses. Tengo la sensación de que, a pesar de todo lo leído en esas noticias, nos falta información. No hay demasiados datos fehacientes sobre los proyectos, sus dimensiones y su estado de tramitación, aunque sí muchas afirmaciones que dan por sentado cuáles son las pretensiones de las empresas y sus fatídicas consecuencias. 

Es difícil tomar una posición sin conocer todos los extremos y todas las versiones, pero trataré al menos de desentrañar lo que está ocurriendo, con mis reservas sobre las amenazas apocalípticas. Como ya he dicho, es evidente que hay una falta de información sobre las empresas promotoras y sus pretensiones, lo que da idea de que no han querido o no han sabido comunicar del todo sus intenciones en las comarcas en las que pretenden implantarse.

Se comentan sobre todo tres proyectos: una granja de 1.500 cerdos en Ríofrío del Llano; otra muy cercana, con más de 6.000 cabezas en Querencia, pedanía prácticamente despoblada de Sigüenza; y la más grande, para 36.000 animales, en una finca llamada “El Casar de Montefrío”, en el término de Brihuega. Algunas fuentes incrementan estas cifras: El diputado regional del PP Lorenzo Robisco alarma sobre 60.000 cerdos en dos granjas; Podemos asegura que la de Riofrío duplicaría su capacidad a los pocos meses de iniciar su actividad, y en alguna información de Ecologistas en Acción se cita de pasada como ubicación Poveda de la Sierra, en el Alto Tajo. Hay proyectos presentados ante los ayuntamientos (en los casos de Riofrío y Brihuega desde 2015), y también se mencionan trámites ante la Junta de Comunidades, que es la que tiene que dar el visto bueno a los informes de impacto ambiental, en el caso de que la instalación los requiera.

Es un hecho palpable, también, que hay malestar en las zonas previsiblemente afectadas, en el valle del Río Salado, en la zona de Sigüenza y en el entorno de Brihuega, con muchas voces en contra: La Plataforma Ciudadana Valle del Salado, Ecologistas en Acción, y las formaciones políticas PP, Ahora, Equo y Podemos, además del Equipo de Gobierno en Brihuega (PSOE y Ahora). Hay reuniones de vecinos, recogidas de firmas en internet y algunas notas y ruedas de prensa. A favor, de momento y que se oiga, no hay ninguna voz.

Tampoco están claros los beneficios de estas instalaciones. A priori, cualquiera pensaría que todo lo que sea inversión, empleo e iniciativa en el sector primario es beneficioso para nuestro castigado medio rural. No obstante, todos los detractores insisten en minimizar el impacto de empleo, aunque con datos confusos, de nueve trabajadores en una granja o esa misma cifra para toda la provincia. Pero la convicción general es que este tipo de explotaciones intensivas están muy mecanizadas y requieren poca mano de obra.

Las desventajas, sin embargo, forman una larga lista. En primer lugar, el consumo de agua de los animales: más de 120.000 metros cúbicos al año en la proyectada en Brihuega, según Ecologistas en Acción. Pero sobre todo, se pone el foco en los residuos, los excrementos de los puercos: La organización ecologista señala que este proyecto, el más grande de todos, generaría al año 258 toneladas de purines, 320.000 kilogramos de metano, más de 1.500 kilos de óxido de nitrógeno y casi 200.000 kilos de amoníaco. También replica estas cifras la petición de firmas en internet, sin saberse a ciencia cierta si figuran en el estudio de impacto ambiental o son un mero cálculo basado en la cantidad de animales. Del destino final de estos residuos, o de lo que las empresas harían con ellos tampoco hay datos ciertos. Pero sí se da por sentado que se esparcirían por el campo, a modo de abono, lo que conllevaría el riesgo de que estas sustancias acabaran filtrándose a la tierra y a los manantiales.

Otros argumentos aportados son la protección de las áreas afectadas. La finca de Brihuega se encontraría en una zona vulnerable por nitratos y el tramo del río Tajuña protegido por la Red Natura 2000. Del mismo modo, el valle del río Salado, donde se enmarcan las dos más pequeñas, forma parte de esta red europea de protección.

Reunión en junio de 2016 de la Plataforma del Valle del Salado, en Riofrío del Llano. // Foto: Equo

Reunión en junio de 2016 de la Plataforma del Valle del Salado, en Riofrío del Llano. // Foto: Equo

¿Y qué dicen las autoridades? Lo cierto es que poco. El Ayuntamiento de Riofrío ha denegado la licencia a la granja solicitada en su término y el de Brihuega también se ha pronunciado en contra. Desconozco qué ha hecho la Junta de Comunidades sobre las tramitaciones que le incumben, y solo puedo remitirme a las declaraciones de Santos López, delegado de Agricultura, realizadas a El Hexágono de Guadalajara hace unos meses: “El proyecto saldrá adelante si cumple la ley y supera, si es preciso, el procedimiento de impacto ambiental; si no, será descartado”, manifestaba sobre la instalación de Riofrío. En parecidos términos se expresaba el alcalde de Sigüenza y presidente de la Diputación, José Manuel Latre, que aseguraba que no se puede coartar la iniciativa empresarial, pero advertía: “Intentaremos que en caso de que fuera hacia adelante sea lo menos dañino posible”. Parecen ambas posturas sensatas. Si los proyectos cumplen con los requisitos que marque la Ley en cuanto a distancia de poblaciones, protección de las zonas, residuos, etcétera, los ayuntamientos y la Junta no tendrán otro remedio que conceder los permisos, y si no, tendrán que exigir todas las garantías para que la amenaza más terrible no se cumpla. Lo contrario, claro está, sería prevaricar.

Precisamente en este punto es donde se echa en falta más información sobre los proyectos y su tramitación, sobre lo que la Administración regional está haciendo o va a hacer. Y el silencio, como siempre, es el mejor caldo de cultivo para los dimes y diretes, para las declaraciones sin fundamento. Ahí es donde aparece un auténtico profesional del ramo, Lorenzo Robisco, que nos ilumina con sus conclusiones. La primera, que es García-Page el que está detrás de los proyectos, el culpable, el que quiere “inundar de cerdos” Guadalajara. Y segundo: las razones de peso que el presidente de la Junta tiene para llevar a cabo semejante acción, que son, tomen nota: que “nunca le ha gustado esta provincia” y “la persecución continua que ejerce contra los guadalajareños”. Ya digo que estaba dispuesta a “comprarle” las críticas al silencio de la Consejería o del Ejecutivo entero, si las hubiera acompañado de un mínimo rigor y verosimilitud. Pero con este argumentario bocachancla no llegamos ni al final de este párrafo. Así que cambiamos de tercio.

Son muchas las preguntas que surgen ante estos proyectos, o lo que se dice de ellos. La primera es por qué lo que parece un caramelo envenenado tiene que poner sus ojos en lugares tan bellos como el valle del Salado, Sigüenza o Brihuega. Si no hay lugares donde los olores no molesten a la población y desagraden al turista. Si, dado el elevado consumo de carne de cerdo, pueden ser rentables explotaciones sin el prefijo de “macro” y el apellido de “intensiva”. Y si se pueden recoger los purines en lugar de esparcirlos por el campo, con el riesgo de que acaben en forma de nitratos en nuestros manantiales.

La segunda cuestión es si podemos estar tranquilos y pensar que tenemos legislación y figuras de protección que impidan las tropelías contra el entorno rural. Si se pueden hacer las cosas bien, cumpliendo las normas municipales y ambientales.

En fin, el debate al que se enfrenta nuestro medio rural, ahora con las granjas de cerdos, no es nuevo en una provincia con centrales nucleares, embalses que anegan pueblos, trasvases que se llevan el agua a otras provincias, y sobre la que se han cernido amenazas en forma de fracking o de almacenes radiactivos. Es la eterna disquisición del progreso y la sostenibilidad, que se empeñan en no reconciliarse.

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2 pensamientos en “Que viene el cerdo

  1. Desde Ecologistas en Acción de Guadalajara queremos hacer una puntualización: los datos a los que se refiere la autora, referentes al consumo de agua y cantidades de productos de desecho generados por la granja de Brihuega, sí tienen un origen concreto y cierto: el informe que la promotora de dicha granja presentó a Evaluación de Impacto Ambiental (EIA). En nuestra nota de prensa hacemos constar dicha circunstancia (4º párrafo después de la foto: http://ecologistasenaccion-guadalajara.blogspot.com.es/2016/09/una-macro-granja-porcina-de-36000.html)

    Dicho informe indica también que los purines producidos van a ser esparcidos en determinadas parcelas que curiosamente pertenecen a la misma promotora: el documento incluye como anexo los contratos que certifican tal circunstancia.

    Dicho informe, como todo el que se presente a una EIA, está sometido por ley a un periodo de exposición pública. En Castilla – La Mancha, esos documentos se encuentran en el sistema NEVIA: https://neva.jccm.es/nevia/.

    Un cordial saludo y gracias por vuestro trabajo.

  2. Gracias por participar y por aportar información sobre el tema tratado, que es lo que reclama el artículo. Y gracias también por vuestro trabajo. Un saludo.

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