Conjunción de poderes

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Un momento de la primera sesión de control al Gobierno de la presente legislatura en el Congreso de los Diputados, celebrada este miércoles. // Foto: 20minutos.es

Por Borja Montero

“Pensamos aplicarlas aquellas que sea obligatorio aplicarlas”. Estas palabras, tremendamente enigmáticas en lo que al análisis sintáctico se refiere por un exceso de complementos directos, son un claro ejemplo de la concepción de la democracia, el dialogo y el consenso de uno de los llamados precisamente a liderar la búsqueda de los mismos en la política nacional actual. Mariano Rajoy, presidente del Gobierno de España, se despachó así de sucinto para contestar al portavoz de Podemos, Pablo Iglesias, en su primera intervención en las sesiones de control al Ejecutivo, en la que preguntaba de qué manera se iban a traducir los acuerdos aprobados en el Congreso de los Diputados a la acción política del Ejecutivo. De este modo, el recién reelegido presidente de todos los españoles expresaba claramente las intenciones de su equipo y de él mismo para con las propuestas emanadas de las cámaras ahora que el Partido Popular no cuenta con la mayoría absoluta de la cámara.

La doctrina de la separación de poderes en las que se basan las democracias modernas tiene sus peculiaridades en su puesta en escena en la realidad, ya que los tres compartimentos, sobre todo el ejecutivo y el legislativo, no son tan estancos como para realizar una separación radical. De este modo, cada país tiene su forma de aplicar la doctrina, dando prioridad a uno de los poderes sobre otro en la medida en que confían más en unas instituciones que en otras para solventar las posibles concomitancias y posibilitar una acción política más o menos efectiva. En el caso de España, y aunque es evidente que el poder legislativo recae en las Cortes Generales (Congreso y Senado) y el ejecutivo en el Gobierno de la nación, la Constitución Española y su desarrollo posterior otorgan la iniciativa principal al Gobierno, una cierta jerarquía de poder que hace que sea bastante más sencillo tramitar una ley propuesta por el Ejecutivo que una emanada de cualquier de las cámaras, sin olvidar tipologías como el decreto ley y el decreto legislativo, que son dictados por el Consejo de Ministros y no precisan de su ratificación parlamentaria para su entrada en vigor.

Cuestiones de burocracia y trámites que, hasta el momento, con una historia reciente de Gobiernos con mayorías bastante sólidas que los respaldaran, eran solamente un protocolo de funcionamiento más o menos efectivo pero que, dada la atomización de los grupos políticos en el Congreso de los Diptuados actual, puede causar cierta sensación de frustración tanto dentro de la cámara como entre la ciudadanía, al ver cómo se debate de ciertos temas, se toman decisiones esperadas y, finalmente, estos preceptos nunca llegan a la calle. De este modo, esta equívoca frase no lo es, empero, en su intención última, ya que el presidente del Gobierno deja claro que, por muchas mociones y proposiciones no de ley que se voten en el Congreso, ninguna de ellas tendrá finalmente un reflejo en la calle, sea cual sea el apoyo que pueda llegar a concitar entre los representantes de los ciudadanos.

Aquí en Guadalajara, este razonamiento de que lo que deciden las cámara emanadas de la voluntad popular en las urnas no tiene por qué interferir en los planes de quienes ostentan las no no es ajeno. Si Rajoy solamente pondrá en marcha aquellas decisiones parlamentarias que le vengan bien en su hoja de ruta, Antonio Román, alcalde presidente de nuestra capital, no muestra una mayor sensibilidad democrática para con las decisiones que toma el Pleno del Ayuntamiento pero que no han sido propuestas directamente por ellos o, al menos, no tienen algo que ver con su lista de tareas o su programa de Gobierno. Visto el panorama, al final de la legislatura, tanto la de uno como primer edil como la de otro como primer ministro, quedarán decenas, cuando no cientos, de mociones con un importante apoyo popular, simbolizado en sede pública por el voto a favor de partidos ideológicamente diversos, pero que no tienen una plasmación efectiva en la vida de los ciudadanos. No sé por qué yo pensaba que eso del acuerdo, el diálogo y el consenso iba a ser otra cosa…

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