Por todos conocido

Juan Pablo Sánchez, en una comparecencia en el PP, siendo senador. // Foto: PP Guadalajara

Juan Pablo Sánchez, en una comparecencia en el PP, siendo senador. // Foto: PP Guadalajara

Por Concha Balenzategui

La Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha hacía público ayer el nombramiento (o propuesta, si lo prefieren) de los nuevos subdelegados de Gobierno en las cuatro provincias castellano-manchegas que tienen esta figura. En todas ellas se produce un relevo de los ocupantes del cargo, salvo en Guadalajara, donde repetirá, una vez que tome posesión, el por todos conocido Juan Pablo Sánchez Sánchez-Seco.

Aunque el titular fácil de la información diría que no ha habido sorpresa en la elección o que se apuesta continuidad en el cargo, ni una cosa ni la otra son ciertas en este momento. Porque aunque no nos cueste ver a Sánchez convertido de nuevo en lo que ha sido durante cuatro años, no me negarán que la cosa tiene su aquel: Alguien que ocupaba un cargo público y renunció a él voluntariamente para optar a otro, obtiene ese buscado puesto, pero declina ejercerlo para volver a ser lo que era. ¿Verdad que no tiene mucho sentido? Pues esto es lo que ha hecho Juan Pablo Sánchez, con conocimiento de causa. De lo que era ser subdelegado, y de lo que suponía ser senador por nuestra provincia, pues lo había sido durante 11 años con anterioridad. El hecho de que se haya presentado a las elecciones legislativas en diciembre de 2015 y de nuevo en junio de 2016 presuponía, además, una voluntad inequívoca de incorporarse a la Cámara Alta, y un apoyo reiterado de su partido de que así fuera, al colocarlo en la lista.

Anotemos también el plus que supone que un senador lo es por elección más directa que cualquier otro cargo en nuestra democracia, pues es la única papeleta en la que el votante hace cruces pudiendo optar a distintos nombres e incluso combinar los de diferentes formaciones. Eso, que parece una nadería, también debería pesar en la vocación de un candidato a senador y de un senador elegido. Pero no, el renunciante retorna, porque así se lo han propuesto desde el Gobierno de la nación, desde la Delegación toledana y con la anuencia, como él mismo ha dicho, de Cospedal y de Vicente Tirado, presidenta y secretario general del PP castellano-manchego, respectivamente. Si se tiene en cuenta la “lógica” de este relato, por tanto, sorpresa sí. Bastante.

Ahora bien; continuidad, no. Porque Sánchez regresa a un puesto que ha quedado vacante, originariamente por su renuncia, y a la postre por la demora en la formación de Gobierno, durante nada menos que 14 meses. El de Pastrana volverá a un despacho que ha permanecido vacío, sin sustitutos interinos, porque no están previstos legalmente. Tendrá entonces como primer reto el trabajo de demostrar que no es prescindible, hacer ver que la coordinación de las fuerzas y cuerpos de seguridad, la organización de la maquinaria electoral, o incluso la representación del Ejecutivo central en la provincia, no pueden hacerse sin una cabeza visible al frente. Porque todo ha seguido funcionando durante este tiempo de la misma manera a ojos del ciudadano. Y es que Sánchez vuelve a un cargo que él mismo ha dejado hueco, un puesto de cartón, como escribía recientemente el compañero Álvaro Nuño.

Para el análisis están también cuestiones como la escasa renovación en las filas del PP guadalajareño, donde este político ha sido, además de alcalde de Pastrana, diputado provincial (vicepresidente incluso de la institución), senador en tres legislaturas, presidente de la Caja de Guadalajara y subdelegado. Es evidente que no hay caras nuevas en el PP con sus características -recordemos que para el cargo es imprescindible tener el título de licenciado o ingeniero y ser funcionario de carrera, requisitos no tan extendidos-. Es meridiano también que al partido poco le importa haber pedido a los ciudadanos el respaldo para un nombre que deja el puesto designado por mandato popular a las primeras de cambio.

No se puede negar que Sánchez Sánchez-Seco es un animal político, por todos conocido, y conocedor de Guadalajara, de sus pueblos y de sus gentes, del funcionamiento de sus instituciones, casi omnipresente en los acontecimientos de los últimos 20 años en la provincia. Es un hombre formado (licenciado en Económicas y funcionario), fajado en negociaciones, parlamentos, campañas, discursos y ruedas de prensa. Es indudable que ha sabido moverse en los distintos estamentos del partido para ganar y mantener la confianza de diferentes direcciones.

Pero con una trayectoria tan larga y siempre en la primera fila, es muy difícil ofrecer un expediente inmaculado. Y Juan Pablo Sánchez tiene sus manchas, es evidente, que en el PP pesan menos que su méritos. A estas alturas ya está olvidado (y archivado) que llegó al cargo que retoma a pesar de que estaba viva (ya no lo está) la imputación por prevaricación por cuestiones urbanísticas siendo alcalde de Pastrana. Como subdelegado de Gobierno tiene un perfil concreto, por todos conocido, duro en el mantenimiento del orden y poco neutral en su forma de entender este cargo institucional, que ha hecho compatible durante años con el de secretario de organización del PP.

Sánchez Seco

Juan Pablo Sánchez en “El Cascabel” de 13 TV, en mayo de 2015.

En esa doble condición, que de momento mantendrá hasta el próximo Congreso del partido, hay ciertos borrones. El cuestionado nombramiento de un asesor, casado con la presidenta del PP provincial, en un puesto hasta entonces ocupado por un profesional de la comunicación. Su aparición estelar en el programa de televisión “El Cascabel” de 13 TV, esparciendo acusaciones e insinuaciones graves sobre el secretario provincial del PSOE y el candidato a la Alcaldía de Azuqueca, sobre cuestiones que el Juzgado archivó meses después. Y una muy sonada: el ¿error? en la lectura de los resultados de las Elecciones Municipales de 2015, cuando seguía dando por hecha durante días la mayoría absoluta al PP en la Diputación, a pesar de que las cifras confirmaban su pérdida.

Nada es nuevo. Es evidente que el partido prefiere ir sobre seguro, apostando por un perfil conocido y veterano en el mando. Es palpable que el PP no arriesga nada con el nombramiento. Es conocedor de su talante, de su historial y su perfil al elegirle para el puesto. Quienes lo convirtieron con sus votos en senador, podrán quizás sentirse engañados, pero seguramente no se quejarán. Se oirán, seguro, más voces críticas desde la izquierda. De aquellos que en marzo de 2015 pudieron y no quisieron apoyar la investidura de Pedro Sánchez, buscando forzar la repetición de elecciones; y de esos otros que apuntalaron la presidencia de Rajoy con su abstención. Esos -cuánto se apuestan- serán los que piarán ahora. Pero ahora es tarde.

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