El anfitrión

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Un momento de la presentación de los datos turísticos de la provincia por parte del presidente de la Diputación, José Manuel Latre; la vicepresidenta, Ana Guarinos, y el diputado de Cultura, Jesús Herranz. // Foto: R. M. / culturaenguada.es

Por Borja Montero

Había un viejo anuncio de bombones en el que se daba a entender que todos los invitados estaban como locos por asistir a la recepción del embajador por lo bien que siempre trataba a sus invitados (agasajándolos con bombones). Muchos hemos creído, publicidad mediante, que la cualidad de uno como anfitrión se mide por lo que ofrece a sus invitados. Puede que en el terreno de las relaciones sociales, esta máxima no se cumpla indefectiblemente (por muy desastre que sea uno, siempre tendrá algún amigo o familiar que acepte ir a su casa, ya sea por cariño o por compasión), pero sí que tiene mucha más miga en el terreno turístico. El 2016 que nos acaba de dejar ha sido uno de los años en los que los pueblos y ciudades de nuestra provincia han ejercido de anfitrión de una forma más masiva, con cifras en aumento prácticamente en todas las comarcas del territorio. Y mucho ha tenido que ver, precisamente, la oferta de actividades y experiencias, los bombones del embajador en términos de aquel viejo comercial televisivo, que se ha ofrecido en cada uno de los municipios.

Hace apenas unas semanas comentábamos el éxito de público de la exposición “aTémpora” en la catedral de Sigüenza, con un récord de 66.000 visitantes, una cita de gran magnitud que ha coincidido en el tiempo con algunas otras celebraciones en diferentes partes de la provincia (y algunas apariciones televisivas de relumbrón), así como con el ya tradicional programa de competiciones deportivas nacionales e internacionales celebradas en la capital. Este tipo de eventos especiales, junto con el tradicional menú arquitectónico, artístico y natural propio de la provincia, ha hecho que el número de visitantes haya crecido de manera ostensible con respecto a otros años. Así, según las cifras ofrecidas esta semana por la Diputación Provincial, en el Centro de Interpretación de Turismo de la provincia de Guadalajara (CITUG), se han registrado más de 15.000 personas, una cifra que no parece excesivamente grande pero que supone un 21 por ciento más que el año anterior. Mientras tanto, el Centro de la Cultura Tradicional, en la Posada del Cordón de Atienza, también ha mejorado sus cifras en un 4 por ciento. Es complicado llevar un recuento real de las personas que han visitado la provincia, ya que no todos los que vienen pasan obligatoriamente por alguno de estos dos enclaves, pero el incremento de visitantes registrado en ellos hace suponer que el resto de localidades habrán tenido, en mayor o menor medida, una tendencia similar.

En la base de esta mejora en la respuesta de los visitantes se encuentra, por supuesto, la celebración del centenario de Camilo José Cela y, con él, un paso adelante en las estrategias de promoción y gestión turística que han colocado a la provincia de Guadalajara un puesto más arriba en las listas de destinos nacionales interiores. Y como este camino no se puede desandar ahora, esperemos, cabe recetar dos cucharadas de esta misma medicina para los próximos años. Parece que el Ayuntamiento de Guadalajara, por su parte, seguirá apostando por la explotación de sus instalaciones deportivas con algunas competiciones nacionales e internacionales ya concretadas para los próximos meses. En la provincia, la Diputación confía en que la alargada sombra del Premio Nobel gallego y su homenaje, que se prolongará hasta mayo, siga siendo el referente para atraer visitantes a los distintos municipios de la provincia, a la vez que ya preparan un esfuerzo presupuestario especial para dar a conocer la comarca del Señorío de Molina y dar un impulso al Geoparque, una de las atracciones naturales de nuestro territorio, y un homenaje al escritor José Luis Sampedro, que también cumpliría cien años en este 2017, si bien este no será tan intenso como el de Cela. Esperamos que lo que nos han dado los paseantes por los caminos de La Alcarria se mantenga gracias a los gancheros y demás tradiciones propias de la parte más oriental de la provincia, todo ello convenientemente aderezado con el paisaje y el paisanaje habitual, que es otro de los grandes valores de Guadalajara.

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