Un Estado sin alma

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Un grupo de inmigrantes hacen cola para recibir comida en Belgrado (Serbia). Foto: Marco Djurica (Reuters)

Por Álvaro Nuño.

La última ola de frío polar que está sufriendo nuestro continente ha vuelto a sacar a las portadas de los medios de comunicación imágenes que parecen extraídas de un archivo de mediados del siglo XX. Si no fuera por el color, nadie podría distinguir las colas de cientos de seres humanos ateridos de frío, arropados únicamente con mantas en busca de algo caliente que comer y rodeados de nieve que se están produciendo en todos los campos de refugiados de las fronteras mediterráneas, que las de aquellos seres humanos que huían de las batallas de la Segunda Guerra Mundial o del terror de las dictaduras. Las imágenes se pueden llevar setenta u ochenta años, tiempo más que suficiente para que la vieja y rica Europa hubiese terminado con la tragedia, pero la historia se repite sin que muchos de nosotros y la mayoría de nuestros representantes políticos muevan una ceja para ponerle fin.

Este agravamiento de la ya de por si penosa situación de los refugiados sin refugio ha coincidido con el registro ayer mismo de una proposición no de ley presentada por PSOE, Podemos y Ciudadanos por la que instan al Gobierno a que cumpla con el cupo de 17.877 refugiados al que él mismo se comprometió con la Unión Europea -hasta ahora no llegan al millar los acogidos- y que la política de asilo sea “política de Estado” sin más dilación, ni silencios ni excusas.

Las diputadas Meritxell Batet, del PSOE; Ione Belarra, de Podemos; y Patricia Reyes, de Ciudadanos; presentaban esta iniciativa tras dar una rueda de prensa en la Cámara Baja, en la que han compartido las vivencias y las sensaciones traídas de un  viaje que realizaron en noviembre, organizado por la ONG Oxfam Intermón, a campos de refugiados en Grecia y Jordania, y donde surgió la necesidad de ponerse de acuerdo para llevar a cabo esta propuesta. Los organizadores del viaje explicaron que también estaba invitado un diputado del PP, pero que, a última hora, rehusó a ir “porque era necesaria su presencia en el Congreso para diferentes votaciones”. ¡Qué mala suerte! Sabemos los nombres de las personas que fueron, pero deberíamos saber quién fue el parlamentario o parlamentaria que no fue y qué era eso tan importante que tenía que hacer para no poder ver cuáles son las consecuencias de que el Gobierno de España -casualmente de su mismo color político- no cumpla con sus propios compromisos humanitarios.

¿Por qué está ocurriendo esto? Simple y llanamente, por “falta de voluntad política”. Para Ione Belarra, de Podemos, los datos que se manejan de acogida y reasentamiento de refugiados demuestra que el Gobierno español “no está interesado” en traer a refugiados a nuestro país para que vivan aquí en unas condiciones dignas y no amontonados como ganado en campos de refugiados como los de Grecia, Turquía o Jordania. Las diputadas pudieron comprobar in situ como las razones esgrimidas desde Madrid se caen por su propio peso. Una de ellas era el proceso de identificación de refugiados en Grecia. Sin embargo, según les explicaron en la visita a Grecia, son muchos los identificados que están allí “sólo esperando para ser conducidos a otros países”. Otro de los argumentos esgrimidos desde Madrid es que son los propios refugiados los que no quieren venir a España. Las parlamentarias hablaron con ellos, muchos les dijeron justamente lo contrario, que querían viajar a España. “Cuando el Gobierno presente 15.000 expedientes rechazados por refugiados para venir a España, me creeré este argumento”, apuntaba la diputada socialista Meritxell Batet.

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Las diputadas de PSOE, Podemos y Ciudadanos, presentando su proposición no de ley en el Congreso. Foto:  Meritxell Batet (Facebook)

La unión de estas tres formaciones políticas suman muchos más votos que el propio Partido Popular y esperan que esto haga repensarse la situación al grupo parlamentario que mantiene al Gobierno, por lo que ya han pedido que presente un calendario con cifras para los próximos nueve meses, adelantando que, si en este periodo no ven movimientos en este sentido, aumentarán la presión política desde el Congreso para que Moncloa acaben cumpliendo.

No estaría de más que algunos diputados de los que excusaron su participación en este viaje, acompañados de algunos secretarios generales o incluso ministros, se les planteara realizar la “gimcana” vital que sufren diariamente estos miles de seres humanos, simplemente con la idea de encontrar una vida mejor para ellos y para sus hijos, lejos de las bombas y del sufrimiento. Una estancia de una semana en uno de estos campos, hoy sufriendo las temperaturas bajo cero, con una mantita de la Cruz Roja para guarecerse, un caldo caliente para comer y una tienda de campaña de plástico para dormir. Seguro que no duraban allí los siete días y pedirían un traslado a España que, un viaje que desde aquí les niegan a los demás.

 

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