La manzana 72830 y otras curiosidades

Vista aérea de la manzana 72830 de la que habla el artículo del presidente del Colegio de Arquitectos. // Foto: Goolzoom

Vista aérea de la manzana 72830 de la que habla el artículo del presidente del Colegio de Arquitectos. // Foto: Goolzoom

Por José Antonio Herce Inés*

Permítanme que aprovechando la cordial invitación para escribir en este medio lo haga de lo que realmente me gusta, que es la arquitectura, y de momento me abstenga de teorizar, trazar diagnósticos o plantear hipótesis de desarrollo sobre la ciudad o la provincia de Guadalajara. Ya tocará más adelante. Vaya por delante que mis preocupaciones sobre el despoblamiento de un medio rural que nos afecta ni son de ahora, ni se reducen a lo edificatorio, y vaya también por delante que la forma en que las poblaciones de esta parte del valle del Henares se van integrando en el importante foco de actividad económica de su corredor es otro de nuestros focos de interés. En el Colegio de Arquitectos ambos asuntos forman parte del debate y ello nos ha llevado a proponer la descentralización de alguna de nuestras actividades para poder actuar y discutir las cosas sobre cada escenario.

Yo nací en los ’60 y siempre he concedido mucho valor a esa generación que se modernizó a pesar del contexto, y que a base de esfuerzo recorrió el camino que iba desde la desolación de la posguerra a la estación intermedia del grupo de naciones “en vías de desarrollo” y que nos entregó, unos lustros antes de la actual crisis, un país a punto de consolidar.

Para opinar de la ciudad propongo su análisis, desprejuiciado e interdisciplinar, y como humilde ejemplo he elegido la arquitectura interesante de una manzana, solo una, aunque es una manzana de lo más difusa e inconcreta. Yo, como cada cual, tengo una serie de edificios que me han llamado siempre la atención, dejando al margen las grandes obras históricas de nuestro patrimonio. Son edificios en los que interviene más el gusto personal y la empatía. Los admiro o disfruto de ellos y padezco cuando los veo languidecer o peligrar, pero nunca me importa que pasen desapercibidos si gozan de buen mantenimiento. Quien los entiende los disfruta igual, pues reconoce en ellos valores puramente arquitectónicos relacionados con su época y, por tanto, con su estilo y su emplazamiento, con sus trazas, su génesis, su resolución y sus cualidades plásticas, estructurales y formales.

La manzana 72830, tal y como se edificó inicialmente. // Foto: 75 años (1931-2006) de arquitectura en Guadalajara.

La manzana 72830, tal y como se edificó inicialmente. // Foto: 75 años (1931-2006) de arquitectura en Guadalajara.

El hotel Pax es uno de ellos. Es un proyecto del 65 y la tristemente desaparecida guardería de la Obra Social de la antigua CAZAyR era otro; se proyectó en el 73. Los dos edificios fueron reflejo en su momento de esa época en la que el país empezaba a levantar la cabeza y miraba al futuro con optimismo y de lo que un grupo de buenos arquitectos puede hacer cuando los medios, las ordenanzas y un buen cliente con criterio y que deje trabajar lo permiten. Cuando a un equipo sensato se le da libertad, se puede llegar, con rigor y sin necesidad ninguna de megalomanías y despilfarros, a resultados que transcienden lo meramente utilitario y dignifican la vida de sus usuarios y la memoria de sus promotores.

Edificio del hotel Pax tras su remodelación. // Foto: J.A. Herce

Edificio del hotel Pax tras su remodelación. // Foto: J.A. Herce

Ahora mismo la silueta escalonada del hotel, que tanta prestancia en el paisaje ha tenido durante décadas acompañando al perfil del Panteón de la Duquesa y que era reclamo de la ciudad misma desde su circunvalación, ha sido razonablemente remozada y conserva la generosidad original de sus espacios circundantes. Del interesantísimo edificio de la guardería no queda nada. Paradójicamente debió salvarse una pieza escultórica que había a su entrada, tremenda pérdida.

Pude visitarlo durante su clausura. Conservaba su dignidad, aún sin sus carpinterías ni sus instalaciones, reflejaba todavía la maestría de los que lo proyectaron y lo construyeron y, sobre todo, permitía sentir su llamativa riqueza espacial, la articulación de sus distintas piezas y su versatilidad como organismo. No me cabe duda que su valor como edificio superaba con creces su valor de tasación y la ciudad lo ha dejado escapar sin una exclamación, quizás sin un esfuerzo de imaginación, reubicando la edificabilidad disponible alrededor de esta magnífica obra que promovió una obra social. El cine está lleno de secundarios de lujo que muchas veces sostienen la película.

Salvando las distancias, a las ciudades y las empresas estas cosas le han pasado siempre. Donde los laboratorios Jorba de Fisac daban la bienvenida a los que entraban en Madrid con un guiño lleno de imaginación, hoy hay un anodina construcción que no hace sino recordarnos qué buena era la vibrante silueta de aquel cuerpo de oficinas que se torsionaba contra el cielo y qué fácil y beneficioso hubiera sido darle un par de vueltas a estas cosas. Moneo ya lo hizo en plena Castellana cuando los palacetes duraban a su vera lo que un merengue a la puerta de un colegio, y Hercesa hizo algo parecido en la transformada Arturo Soria. PHILIPS vendió su llamativa sede, pero alguien fue listo y no dejó que ese edificio se perdiera.

El equipo Vassallo, Vega y Juárez -autor de la guardería- dejó, por suerte, otras piezas en la ciudad que son reflejo de ese buen hacer arquitectónico. Recomiendo una solo, por poco conocida, la parroquia de San Pascual Bailón, en una calle en curva que disimula la pendiente, pues ya en aquellos años había inspiraciones que llegaban de los civilizados países nórdicos y eso todavía se nota en este singular espacio religioso. Alguna otra obra cuyo autor era miembro de este equipo deberá ser objeto de un inaplazable debate e intervención, pero ese es otro tema y esto sólo una pista sosegada.

Fachada de la guardería de la calle Cuba. // Foto: J.A. Herce

Fachada de la guardería de la calle Cuba. // Foto: J.A. Herce

De vuelta a la manzana 72830, no quiero dejar de mencionar otros ejemplos de buena arquitectura cotidiana y moderna: la luminosa guardería de la calle Cuba de A.L. Lorenzo y unos cuidados grupos de viviendas construidas el final de esta calle del estudio Catalán y Solano. La primera de ellas apareció hace algún tiempo en diversas publicaciones especializadas y las viviendas a las que me refiero son un ejemplo de esa arquitectura depurada, quizás silenciosa, pero cargada de rigor y de equilibrio, que se hace en nuestro entorno y que seguramente merece un contexto urbano mejor tratado y más amable y propicio para la vida pública.

A veces parece que hemos de vivir y proyectar siempre a la defensiva, abonados a una estética de lo desagradable susceptible de más degradación y ningún mantenimiento. Tantos y tantos huecos de escaparate eternamente enladrillados con desidia y esas pantallas del lado norte de la A2 son reflejos de ello y arañan la retina de miles de personas que por suerte en ciertos puntos deben estar más pendientes de su cuenta-kilómetros. Menos vandalismo gratuito y más arbustos tapizantes y macetas, más rigor en el mantenimiento de las cosas y en el pensamiento, pues no es lo mismo plaza que rotonda o jardín que zona verde o “menos es más” que “todo vale” y no se hace bueno un urbanismo solo porque se ajuste rigurosamente a lo que parametrizamos y a los procedimientos.

Guadalajara encierra numerosas sorpresas de buena arquitectura, más de las que creemos, y muchas oportunidades de mejora. Es preciso, eso sí, caminar muy atento y conocer un poco del asunto, hemos de trabajar mucho con la trama urbana, en cada calle, en cada espacio urbano y en todos esos intersticios que parecen una tierra de nadie. Cierta manera de caminar por la ciudad y sus alrededores puede no sólo ser una experiencia sensorial, sino llegar a convertirse en una práctica estética en sí misma. Los paseantes son paisanaje y ciudad que ellos conforman, paisaje con figuras, paisaje de figuras, escaparate y esencia en diálogo con lo construido.

Marquesina de la gasolinera de Cuatro Caminos. // Foto: 75 años (1931-2006) de arquitectura en Guadalajara.

Marquesina de la gasolinera de Cuatro Caminos. // Foto: 75 años (1931-2006) de arquitectura en Guadalajara.

Fíjense todos aquellos que a diario transitan por un lugar en apariencia tan adusto como Cuatro Caminos. Es un enclave que acoge unas piezas escultóricas interesantes, una fuente ajardinada y una gasolinera que cuenta con una estupenda marquesina, hoy camuflada por unos publicitarios de repertorio y, sin embargo, y aún con esa concentración de hitos de interés, pide a gritos redimirse de su condición de no-lugar bajo un puente y ser objeto de una intervención que la convierta en un espacio más digno como primer contacto y acceso a la ciudad que es a diario lugar de tránsito obligado de muchos ciudadanos.

Me vienen a la mente esas personas (las madres casi siempre) que en una hora le dan una vuelta a cualquier casa, antes desordenada, y le insuflan las dosis imprescindibles de orden, de sentido y de claridad que provocan el bienestar inmediato entre sus moradores. Es hora de observar, de analizar, casa por casa, bloque por bloque, manzana por manzana, con qué contamos y cómo podemos mejorarlo. Qué europeo es ese sentido de la urbanidad y del ornato que invita al tranquilo disfrute de lo público, aunque tengan menos sol que nosotros. Hay por aquí mucha tarea. El derroche de sol no quema las neuronas, solo invita al sutil uso de las sombras; es sólo cuestión de convertir todas estas cosas en trabajo y habremos conseguido atrapar el rebote y conseguir una canasta de tres puntos.

*José Antonio Herce Inés, nacido en 1961, se tituló en Arquitectura en la Escuela de Madrid (ETSAM) en 1987. Preside la demarcación de Guadalajara del Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha, organización en la que ejerció anteriormente como vocal de Cultura durante ocho añosHa coordinado diversas actividades culturales relacionadas con la Arquitectura en el instituciones como el COACM o el Centro Cultural de Ibercaja en Guadalajara. Ha publicado Apuntes de arquitectura Industrial y ferroviaria en Castilla-la Mancha 1850-1936 y ha coordinado o colaborado en otras publicaciones, como 75 años (1931-2006) de arquitectura en Guadalajara, que editó el colegio en 2006 con motivo de su 75 aniversario. Ponente de varias conferencias relacionadas con la Hispano, también colabora con la comisión técnica de DO.CO.MO.MO. Ibérico (Documentation and conservation of buildings, sites and neighbourhoods of the Modern Movement).
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2 pensamientos en “La manzana 72830 y otras curiosidades

    • De nada, es un placer. Una práctica interesante es hacer una especie de mutación pasajera y recorrer y mirar la propia ciudad con ojos de viajero.

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