El calendario

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El novelista y pensador José Luis Sampedro recibió “Su peso en Miel” en el año 2008, cuando ya contaba con 91 años. // Foto: 20minutos.es

Por Borja Montero

El calendario es caprichoso a veces. Venimos de un año en el que se han celebrado en la provincia los centenarios de dos grandes escritores, ambos de un regusto tan clásico que, a pesar de una relativa contemporaneidad de los temas que abordan y de la España que retratan, nos suenan a letra redonda con capitulares coloreadas y libros encuadernados en cuero, Antonio Buero Vallejo y Camilo José Cela. Quiere el azar que, 32 días exactos después de cerrar tan intenso año de homenajes y actos culturales, se cumpla también el siglo desde el nacimiento de otro gran nombre de las letras españolas, éste con una resonancia menos grave y reverencial, más mundano y cercano, José Luis Sampedro. A los cien años y un día de aquel 1 de febrero de 1917, y ante la inexistencia en el horizonte de algún homenaje a este autor, por pequeño que sea, en una ciudad de la que es hijo adoptivo desde 1991 y en una provincia cuyas tradiciones, eso que gustan de llamar paisanaje en algunos círculos, inmortalizó para la posteridad en 1961 en El río que nos lleva, permítanme que sea esta torpe pluma la que quiera honrar su figura.

Sampedro era economista de profesión y formación, un dato que es difícil de deducir si uno atiende a cómo ha evolucionado la teoría en esta disciplina en las últimas décadas. Y es que Sampedro no era un economista al uso, de esos que buscan que los números sean cada vez más abultados sean cuales sean los sacrificios que eso pueda suponer a quienes tienen que sostenerlos, sino de los que se dan la vuelta para darse cuenta de que, detrás de tantas cifras, hay unas personas a las que deben servir. La economía para las personas y no al contrario. Quizás por ello haya pervivido más su faceta de novelista y pensador que la de catedrático universitario de Estructura Económica, y eso que la escritura de obras de ficción (13 libros) no es tan superior en número a su producción académica (10). En los relatos literarios, el ser humano sí podía ser, sin ambages y sin reparos de sus colegas, el protagonista absoluto, dando rienda suelta a todos esos aspectos que le son intrínsecos: la vida y su némesis, la muerte; el amor a los demás, al terreno y a uno mismo, el tiempo, siempre presente, impertérrito, imparable, inmutable… La sonrisa etrusca y El amante lesbiano son, probablemente, sus títulos más célebres, junto al que dedicó a los gancheros del Alto Tajo, pero la sombra de Sampedro va mucho más allá de su obra, incluso más allá del Premio Nacional de las Letras (2011) y de la Orden de las Artes y de las Letras de España (2010). Sampedro es quizás un autor más reverenciado que premiado, incluso más querido que leído, y es precisamente esa continua preocupación por la persona, esa humanidad y esa vitalidad omnipresentes en cada frase, las que hacen de su figura algo más importante que todas las letras que pueda haber dejado escritas. José Luis era, “en el buen sentido de la palabra, bueno”, como dice el poema de otro gran escritor nacional con enormes preocupaciones por sus coetáneos.

A pesar de las hazañas literarias que acabamos de glosar, en los últimos tiempos la figura de Sampedro ganó una importante relevancia en un terreno menos íntimo que el de la literatura. En las plazas y en las calles, en aquel 15 de mayo de 2011, resonaban algunas de sus reflexiones más lúcidas acerca de la decadencia moral de Occidente y de las brutalidades del capitalismo y del neoliberalismo, pensamientos emanados del humanismo crítico con que condujo su vida y que le sirvió para convertirse, involuntariamente, en una especie de Pepito Grillo para una generación entera que se sentía desconectada de la realidad que le tocaba vivir. Su mensaje era casi apocalíptico, si atendemos al examen pormenorizado de todas las cosas que habíamos hecho mal, pero consiguió inyectar en la juventud un halo de esperanza crítica, necesaria para hacerles partícipantes y no solamente partícipes de lo que está ocurriendo. “Mi mensaje a los jóvenes es que ha llegado el momento de cambiar el rumbo de la nave. Aunque sus líderes sigan en el puesto de mando y al timón, aunue desde allí sigan dando órdenes anacrónicas, los jóvenes puestos al remo pueden dirirgir la nave. Sólo necesitan unirse y acordar que a una banda boguen hacia delante mientras en la otra cíen hacia atrás y el barco girará en redondo, poniendo proa hacia un desarrollo humano”, se despedía en “Debajo de la alfombra”, uno de sus últimos textos publicados en vida, en el libro colectivo de 2011 Reacciona, uno de los textos más influyentes en la sociedad y la política de los últimos años.

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