La pecera sucia de la Sanidad

Jesús Fernández Sanz, consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha durante la comparecencia de las listas de espera // Foto: JCCM

Jesús Fernández Sanz, consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha durante la comparecencia de las listas de espera // Foto: JCCM

Por Patricia Biosca

Este lunes, el consejero de Sanidad, Jesús Fernández Sanz, enarbolaba orgulloso los datos de 2016 sobre desplazamientos: no se han derivado consultas externas y solo fue necesario derivar 4.000 intervenciones quirúrgicas fuera de las fronteras de la región. Un logro a ojos del PSOE, cuya política, y no se puede negar, es la inversión de más medios que su antecesor, el PP. El bando contrario alega los “tiempos difíciles” con los que lidió durante su legislatura como condicionante a tener en cuenta, y tampoco es menos cierto que los recortes por todos lados (daba igual el signo político y a nivel nacional también se apretaba la cuerda, asfixiando a las comunidades autónomas) fueron la tónica general de una crisis que aún no se sabe si ha pasado o se encuentra en el ojo del huracán.

La Sanidad es uno de los carros de batalla más importantes a nivel político regional: todos utilizan las cifras como arma arrojadiza los campos de batalla del Parlamento y los medios de comunicación, en una guerra de trincheras políticas en la que cada uno interpreta los datos a su conveniencia y se agarra a sus argumentos retorciéndolos de tal manera que en ocasiones pierden su sentido y rayan lo cómico. Los daños colaterales son los miles de pacientes que cada día abarrotan los hospitales castellanomanchegos, ajenos a estos conflictos que les tocan directamente, pero de los que solo se enteran cuando les obligan a montar en una ambulancia y cambiar de provincia para hacerse una prueba, o desplazarse a operarse a hospitales que no son precisamente el más cercano a su casa (amén de sus familiares).

“Atrás quedan las caravanas de ambulancias por las carreteras de Castilla-La Mancha hacia clínicas privadas de Madrid, algo que como saben se interrumpió de raíz”, decía Fernández Sanz. Primer obús dirigido a la línea de flotación del PP, resucitando la polémica de los convenios con la vecina comunidad, que ha pasado de benefactor cándido como el viejo Aslan de Las Crónicas de Narnia a Demogorgon de Stranger Things: la maldad en estado puro. Tras el dardo envenenado que seguro da para un déjà vu de hace casi dos años, cifras sobre la inversión en recursos humanos, en tecnología e infraestructuras. Y la humanización: ese invento en Sanidad que se ha puesto de moda durante el último año pero que nadie sabe muy bien a qué responde de forma material.

Continuaba afirmando que las 1.000 intervenciones se han hecho en áreas sanitarias diferentes a las de la procedencia del paciente. “De Toledo se han intervenido pacientes en Talavera y en Manzanares, de Albacete se han intervenido en Parapléjicos, de Ciudad Real en Valdepeñas”, aseveraba el consejero. Además, en el último trimestre de 2016 se realizaron más de 8.999 resonancias magnéticas a pacientes que antes hubieran sido derivados.

Una de las ambulancias de Guadalajara. // Foto: La Crónica

Una de las ambulancias de Guadalajara. // Foto: La Crónica

¿Es un éxito terminar con las derivaciones? Pues depende. En una comunidad autónoma tan extensa como Castilla-La Mancha, con núcleos de población tan dispersos y con tanta desigualdad demográfica (y escasos recursos en las zonas rurales), esta práctica es necesaria en muchos casos. Y no hablemos de personas que tienen que desplazarse a horas y a veces durante días para someterse a una operación en otra provincia que, sí, se encuentra en su región, pero mucho más lejos del hospital al que le habrían derivado en la Comunidad de Madrid, por ejemplo. O Aragón. ¿Se trata de un éxito? ¿O tozudez por sacar una frase sesgada que beneficie en la batalla de los titulares porque la bandera del otro lado eran las derivaciones? Una caravana de ambulancias recorriendo Castilla-La Mancha de una punta a otra porque no existen determinados servicios en todos los centros hospitalarios tampoco parece lo más recomendable. Otro debate es quién se beneficia de estas derivaciones, pero… ¿acaso no se saca tajada de otros lugares (competenciales) y no se pone tanto el grito en el cielo?

Es muy complicado encajar el puzle de la Sanidad de las comunidades y nunca llueve a gusto de todos porque los recursos no son, ni mucho menos, ilimitados. Se buscan fórmulas que equilibren la parte social con la económica, como el aparcamiento del Hospital de Guadalajara (aunque recordemos que antes de que García-Page alcanzase el poder, desde el PSOE se le recriminó una y otra vez a la entonces presidenta de la región, María Dolores de Cospedal, y al alcalde de Guadalajara, Antonio Román, que las plazas eran insuficientes), pero no llegan a cuajar del todo y las críticas surgen feroces y destructivas, cual tiburón hambriento que huele la sangre en forma de argumento que no se sustenta.

Por la boca muere el pez. El problema es que este pez está en un agua política que lo enturbia todo y se filtra al mar, en ese en el que flotan a duras penas miles de personas que acuden cada día a los hospitales y ven poca de esa inversión en la gloriosa humanización. Y cierto es que no es lo mismo gobernar que estar en la oposición, pero todos pecan de hacer promesas que luego las circunstancias, los malos tiempos o el coco provocan que no se puedan cumplir. Pero ojo, que la marea siempre baja. Aunque el nivel del mar suba por el cambio climático politizado.

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