Los caminos de la historia

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Resultado en tres dimensiones de las catas realizadas por el grupo de investigación a través de drones y un georadar. // Foto: Grupo de Arqueología del Yacimiento de Driebes

Por Borja Montero

La noticia más llamativa de la semana en Guadalajara no ha tenido que ver, sorprendemente, con alguna polémica política impostada entre el PP y el PSOE, ni con lo adecuado o no de hacer unas obras de una forma y otra, ni con la fragilidad algebraica de los salones de mando (llámense plenos) de las distintas instituciones que nos gobiernan, ni siquiera con algún suceso curioso o desgraciadamente trágico. La novedad más novedosa de esta semana tiene que ver, sin embargo, con algo mucho menos previsible y, a la vez, más antiguo, concretamente con la vida cotidiana de hace unos 2.300 años. Y es que un grupo de investigación compuesto por diferentes arqueólogos ha descubierto el emplazamiento de un yacimiento arqueológico en el término municipal de Driebes. Gracias a las novedades tecnológicas, tales como los drones o el georadar, los investigadores han podido hacerse una idea bastante exacta de lo que pueden encontrar en el momento en que se inicien las excavaciones, y lo que esconde el cerro de la Virgen de la Muela de esta localidad alcarreña promete.

Lo que han permitido ver las indagaciones realizadas hasta el momento es que los restos que se conservan en Driebes configurarían una localidad de un tamaño relativamente importante, con la estructura propia de las ciudades romanas y edificios públicos tales como el foro y un mercado, todo ello en un buen estado de conservación, al menos estructuralmente. De este modo, el nuevo yacimiento, que se correspondería con la ciudad de Caraca (de la que procede el gentilicio caracense que se atribuye desde hace siglos a la capital), que aparece referida en diferentes textos de la época en la ruta entre Complutum (Alcalá de Henares) y Cartago Nova (Cartagena), equidistante entre la primera y Segóbriga, sería el primer asentamiento de la provincia que se conserva sin modificación alguna, más que la del inexorable paso del tiempo, además de haber confirmado cómo estas tecnologías, habitualmente empleadas en otros ámbitos, pueden ayudar mucho en las investigaciones arqueológicas, ahorrando tiempo y esfuerzo de pico y pala para confirmar la existencia de posibles yacimientos sin necesidad de llevar a cabo catas más invasivas en el entorno.

Ahora queda, sin embargo, lo más difícil: conseguir los medios para que este hallazgo, por el momento únicamente confirmado por las pruebas previas realizadas por el grupo de investigación, pueda ser desenterrado y realmente salir a la luz. Y los medios, al final, se traducen en dinero, ya sea invertido por entidades públicas o por empresas privadas.

Los problemas de la investigación. Este hecho noticioso ha puesto sobre la mesa un tema que, en ocasiones, pasa desapercibido, y es el de la importancia de la investigación para el conocimiento y el desarrollo humanos. Ocasionalmente, uno puede sorprenderse con algunos titulares acerca de descubrimientos médicos para dar paliar determinados dolores o facilitar la cura de determinadas enfermedades o invenciones de ingeniería que servirán para mejor la comodidad de nuestra vida, aunque pocas veces se habla de las personas y, sobre todo, de las situaciones que hay detrás de esos avances. Y es que España es uno de los países donde la inversión en investigación y desarrollo (e innovación, como se ha puesto de moda en la última década) más se ha resentido con la llegada de la crisis, si bien nunca ha sido un paraíso para los investigadores. A pesar de que se haya visto agravado por la crisis, el problema no es coyuntural, sino estructural: el capital privado nunca ha terminado de tomarse en serio lo de la investigación, debido a la visión cortoplacista habitual de nuestra idiosincrasia, por lo que la mayor parte del peso de la inversión en I+D+i ha correspondido tradicionalmente a las instituciones públicas que, ahora sí coyunturalmente, son las que más se han ajustado el cinturón en lo que a gastos se refiere con el advenimiento de la crisis. El resultado: decenas de proyectos parados a la espera de dar resultados y cientos de estudiosos y ceientíficos haciendo las maletas para probar suerte en centros de investigación del extranjero.

Es de especial relevancia, además, que, en este caso, el hecho reseñable, relacionado con el estudio de la historia, se produzca en una disciplina “de letras”. Y es que en muchas ocasiones se identifica la investigación con cuestiones relacionadas únicamente con la tecnología, los laboratorios o la medicina, obviando más de la mitad del conocimiento humano, que procede de las especialidades sociales y humanísticas. Sirva pues el hallazgo de Caraca para hermanarnos con nuestro pasado más lejano y como toque de atención sobre la importancia de la investigación en todas las áreas del conocimiento y, por tanto, sobre la necesidad de trazar planes serios y duraderos que no hagan depender nuestra contribución al conocimiento humano de los cientos de euros que le sobran a las administraciones de turno para cuadrar sus presupuestos.

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