La frontera

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Vista aérea de Los Santos de la Humosa, pueblo de peculiar ubicación en la frontera entre Madrid y Guadalajara y por el que se ven obligados a transitar alrededor de 11.000 vehículos cada día. // Foto: Blog Los Santos de la Humosa

Por Borja Montero

El concepto de frontera va mucho más allá de trazar una línea arbitraria en un mapa. Empezando por su definición misma, por el debate de si la palabra se refiere al límite entre dos territorios o a la franja de terreno a ambos lados del mismo afectado por la mezcolanza de las características sociales, políticas y culturales de los dos vecinos, se trata de un vasto campo de análisis que ha generado multitud de aproximaciones desde diferentes disciplinas, principalmente enmarcadas en las ciencias sociales, además de estar presente en productos culturales de mucho más amplio consumo como las películas del oeste o, incluso, algunas cintas de ciencia ficción. Es, además, un tema de indudable actualidad en un mundo sacudido por las ocurrencias proteccionistas y racistas de Donald Trump, no muy lejanas a las de otros políticos europeos que encabezan encuestas electorales; con una crisis migratoria y de refugiados sin precedentes debido a los conflictos civiles y religiosos en países como Siria o Sudán del Sur, entre otros, y con el debate encima de la mesa del modelo de relaciones que quiere para sí la Unión Europeo, basado precisamente en cuán estrictas van a ser las fronteras y se si permitirá pasar por ellas a las personas o solamente el dinero, toda vez que cada vez más países, por distintas razones, con distintas intensidad y en distintos momentos de su proceso de desconexión, se muestran escépticos con el proyecto continental.

Quizás este blog, dada la complejidad de los asuntos expuestos, la impericia del autor de estas líneas en muchos de estos temas y la habitual temática local de los artículos contenidos, no vaya a ser capaz de poner solución a todos los interrogantes que se pueden plantear, pero sí servirá para bajar este debate a un terreno de juego mucho más familiar. Y es que Guadalajara sabe mucho de fronteras, tanto para lo bueno como para lo malo.

Al margen de situaciones de cierta comicidad, como las críticas en las redes sociales al macarrónico cartel de entrada en la provincia poblado por motivos más propios de otras latitudes de nuestra región, o de problemas de largo arraigo y que han devenido en ocasionales perjuicios para los vecinos de este lado, como es el caso del convenio sanitario o de las zonas de transporte público, y asumiendo que la cercanía con el aeropuerto y la ciudad de Madrid ha sido económicamente positivo en términos brutos para las localidades del Corredor del Henares, la actualidad de la semana nos ha brindado un nuevo ejemplo de la evidente convivencia de un parte de nuestra provincia con la Comunidad de Madrid y de las problemáticas que la dichosa linea puede tener. Así, los alcaldes de El Pozo de Guadalajara, Pioz, Chiloeches y Loranca de Tajuña han acompañado estos días a su homólogo de Los Santos de la Humosa a la Asamblea de Madrid para reivindicar la construcción de una variante de la carretera M-226, una intrincada vía que conecta la autovía A-2 con este pueblo fronterizo madrileño y que también es de obligada utilización por los vecinos de los citados municipios guadalajareños. El principal problema es que la carretera, tal y como está ahora, atraviesa Los Santos de la Humosa, algo que es molesto e inseguro tanto para los vecinos del pueblo, que soportan un tráfico constante, como para los aproximadamente 11.000 conductores que utilizan a diario esta vía.

Este ejemplo es sintomático porque, como ocurre en otros muchos asuntos, la frontera desvirtúa el análisis de la situación. Así, el Gobierno madrileño, que ha denegado la propuesta por razones económicas, ve que la construcción de una circunvalación supondría una inversión demasiado grande para una población de 3.000 habitantes como la de Los Santos, un millar más si se le suman los vecinos Anchuelo y Santorcaz, dándose la paradoja de que los principales beneficiarios no serían siquiera los conductores del pueblo madrileño protagonista de la petición, que seguirían utilizando la vieja carretera para llegar a sus casas, sino aquellos que se dirigen fuera del territorio madrileño y que evitarían, con esta obra, atravesar la localidad. Este examen deja fuera a esos otros miles de ciudadanos, muchos de ellos empadronados en la Comunidad de Madrid, todo sea dicho, porque están al otro lado de la raya, pero siguen existiendo y siguen usando el coche cada día por la M-226 y siguen trabajando y consumiendo en Madrid.

Las comunidades reales no se definen por algo tan arbitrario como una frontera establecido en un mapa. Estas divisiones, con los medios y la forma del vida del siglo XXI, solamente tienen sentido para la gestión administrativa de los servicios al ciudadano, dando mayor facilidad de acceso a los mismos y reaccionado de forma más rápida a los fallos o necesidades que se pudieran detectar, y es precisamente en algunas parcelas de este menester en la que más anquilosado se muestra el sistema. No se trata pues de reclamar una mayor fluidez en las relaciones entre distintas administraciones o una cierta predisposición a la colaboración, que parece no existir nunca de primeras, sino de analizar si estas duplicidades y burocracias que crean las fronteras son necesarias y, sobre todo, beneficiosas.

Y otro día hablamos de muros, concertinas, campos de refugiados, Trump, Cataluña y el auge de la extrema derecha.

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Un pensamiento en “La frontera

  1. Como mi nick indica, soy de Mondéjar y nosotros (y los vecinos de Almoguera, Albares, Driebeso Mazuecos o Fuentenovilla) también utilizamos esa carretera muy a menudo, porque es la vía más corta para llegar a Alcalá y este es un problema que viene de lejos, porque ya se habló de hacer un túnel bajo el pueblo y evitar el tráfico, en otras ocasiones simplemente se ha hablado de desviar la carretera, como en Villar del Olmo, donde el caso es igual, Ambite era el único pueblo afectado de Madrid por la travesía y éramos los habitantes de los pueblos citados arriba los que nos veíamos perjudicados y se hizo una grandísima obra en la que se desmontado medio monte y se ha hecho una exagerada circunvalación, pero se ha hecho (aunque la del Villar era mucho más corta, es muy peligrosa, dada la estrechez de algunos tramos) y sin embargo, la de Los Santos no se hace, cuando yo creo que pasan muchos más coches por un sitio que por el otro. Otro día hablaré de la Universidad de Alcalá y del sinsentido que tiene que nos imponga las tasas un gobierno que no podemos elegir.

    Pd: artículo un poco corto, no has entrado en la raíz, te has ido demasiado por las ramas, por lo demás está bien.

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