Mujeres que protestan

Enrique Alejandre, estudioso del movimiento obrero en Guadalajara. // Foto: Rubén Madrid

Enrique Alejandre, estudioso del movimiento obrero en Guadalajara. // Foto: Rubén Madrid

“Se ha observado que el grado de civilización que las diferentes sociedades han alcanzado siempre ha sido proporcional al grado de independencia del que han gozado en ella las mujeres”. Charles Fourier

Por Enrique Alejandre Torija*

A comienzos del siglo XX, Guadalajara, con una economía predominantemente agrícola, era una de las provincias atrasadas de España. Los cambios en el régimen de propiedad de la tierra, esto es, las transferencias mediante compra -previa nacionalización- de los bienes del clero regular y secular en la desamortización de Mendizábal (1836) y la del resto de los bienes del clero y tierras de los ayuntamientos y bienes comunales (dehesas, montes…) en la llamada de Madoz (1855), se saldaron con grave perjuicio para la mayoría de los campesinos de Guadalajara: Al subastarse la tierra en grandes lotes, su precio les resultó inalcanzable, por lo que no pudieron adquirirla, cosa que sí pudieron hacer en cambio burgueses y aristócratas adinerados.

La característica de esta agricultura era su baja producción, por el empleo de técnicas y utillaje anticuados. Los grandes propietarios del campo no impulsaban la modernización de sus explotaciones. Disponían de una sobreabundancia de mano de obra – que no podía ser absorbida por la industria, dado su lento desarrollo-, y a la que pagaban bajos salarios con los que malvivía en unas condiciones miserables, como las que padecían buena parte de los habitantes de Sigüenza de lo que daba cuenta el periódico Flores y Abejas en su edición de 26 de enero de 1896:

Manifestación de mujeres contra la subida del precio del pan a principios del siglo XX

Manifestación de mujeres contra la subida del precio del pan a principios del siglo XX en Madrid.

“El día 17, y con motivo de celebrar su fiesta onomástica el Excmo. é Ilmo. Sr. Obispo de Sigüenza, se repartieron a los pobres de la localidad y pueblos limítrofes ochenta y dos fanegas de pan, las que fueron insuficientes, teniendo que dar limosna en metálico á los numerosos que no alcanzó la panota de dos libras que se entregaba a cada uno. No puede darse mejor prueba de la miseria que reina en este distrito”.

O de la misma Guadalajara capital:

“Varias infelices mujeres pertenecientes a las clases proletarias de esta capital, estuvieron el jueves último en nuestra redacción con objeto de suplicarnos llamemos la atención de quien corresponda para que el reparto de los panes con que socorre a los pobres la caritativa Sr. Duquesa de Sevillano, se haga equitativamente.
Todas aquellas menesterosas -que pasarían de treinta¬-, no alcanzaron limosna el día de referencia, y para evitarlo, solicitan sean partidos los panes que haga falta, cuando el numero de necesitados sea mayor de 500”. (Flores y Abejas, 27-3-1898)

El resultado de los bajos rendimientos del campo era su incapacidad para abastecer de trigo al mercado, excepto en años de excepcionales cosechas. Los pequeños y medianos propietarios, por su parte, carecían de dinero suficiente para la tecnificación de los métodos agrícolas.

La consecuencia inmediata de una mala cosecha era el aumento de los precios de los granos, y por tanto del pan. Los especuladores hacían su agosto acaparando el producto esperando que el precio subiera al compás de la escasez. El estallido de la I Guerra Mundial en 1914, como antes sucediera con la guerra de Crimea (1853-1856), desató mucho más la inflación y el desabastecimiento, como consecuencia de la fuerte demanda que creaba el conflicto bélico.

Los motines de subsistencia, que se dieron en toda Europa, eran frecuentemente impulsados por mujeres.

Los motines de subsistencia, que se dieron en toda Europa, eran frecuentemente impulsados por mujeres.

Las crisis de subsistencias siempre fueron acompañadas de protestas espontáneas protagonizadas por mujeres obreras. En Guadalajara recorrieron las calles de la capital en manifestación, en el mes de mayo de 1914, y una comisión de ellas visitó al Gobernador Civil, al que pidieron que presionase a los panaderos para que rebajaran el pan. Visitaron luego al alcalde Miguel Fluiters, con las mismas pretensiones, consiguiendo al final un recorte de cinco céntimos en el precio del pan. Algunos labradores de Sacedón y de los pueblos de su entorno querían vender la fanega de trigo en junio del mismo año a 68 reales, aduciendo las pérdidas causadas por las heladas. Conocedoras del hecho, las mujeres de este pueblo también protestaron ante el alcalde, por lo que este intervino para que la fanega no excediera de un precio entre 53 y 54 reales.

En Yunquera de Henares la noticia de que el Ayuntamientode este pueblo quería cobrar los derechos de consumos -un impuesto que gravaba los productos de primera necesidad- encendió la protesta de las lugareñas:

¡Abajo los consumos!
A este grito estrepitoso
las mujeres de Yunquera
han armado una espantosa
y terrible pelotera.
Dicen que aquel Municipio
quiere establecer fielatos
para que paguen derechos
hasta los perros y gatos.
La ocasión es oportuna
ahora que la gente pobre
ni siquiera para pan
tiene dos piezas de cobre.
Por eso allí el sexo débil
gritó hasta la saciedad,
a lo cual dijo el Alcalde:
¡Vaya una debilidad!
Las mujeres de Yunquera,
que tienen bastantes humos,
no quieren que las coloquen.
los fielatos de consumos.
Dicen que solo gritos
dieron allí la otra tarde;
pero a mi me comunican
que la cosa está que arde. (Flores y Abejas, 19-11-1916)

En enero de 1918 hubo protestas similares en Sigüenza, y en mayo también en Marchamalo. Pero los sucesos más graves tendrían lugar el 8 de agosto de ese año, cuando las fuerzas de orden público dispararon contra la multitud que protestaba en Guadalajara por el alto precio y la mala calidad del pan. Causaron un muerto y los sucesos terminaron en huelga general y la ocupación de la ciudad por el ejército.

La protesta de estas mujeres no era por el cumplimiento de un programa político, ni por ningún ideal feminista. Lo era por algo tan elemental como que sus familias pudieran tener en la mesa el alimento más necesario, el más común, el pan de cada día, al cual los poderes políticos y económicos de la época les ponían tan difícil el acceso como hoy lo hacen con la energía eléctrica, cuyo precio se ha incrementado un 33% en el último año, con fatales consecuencias para la salud y la vida de las personas.

Marcha de mujeres en Washington, el pasado enero.

Marcha de mujeres en Washington, el pasado enero. // Foto: La Nación: Shannon Stapleton

Hoy las mujeres se rebelan en todo el mundo contra un sistema socioeconómico que legitima la opresión y la desigualdad sobre ellas. Desde el mes de octubre se está gestando la idea de un paro mundial de mujeres para el día 8 de marzo, a la que por ahora se han sumado 35 países y que en España va dirigida a los cuidados, al empleo y al consumo. El pasado mes de enero, centenares de miles de mujeres marcharon en EE.UU. contra el recién elegido presidente Donald Trump, quien hace gala de un discurso homófobo, racista y misógino. También se pronunciaron las mujeres polacas contra el intento –fallido- del gobierno de derechas de su país que el año pasado intento prohibir el aborto. O en el Estado español las Espartanas de Coca Cola, las mujeres de la PAH o las kellys son el ejemplo de la organización y la lucha contra la discriminación y la desigualdad.

La marginación y sobreexplotación de las mujeres se ha agravado en todas partes desde el inicio de la última crisis económica y por eso tienen sobradas razones para luchar por derechos tan básicos como el respeto a sus vidas -solo en los últimos siete años han sido asesinadas casi 800 mujeres en España-, su integridad como personas, al derecho al aborto o por su equiparación salarial con el hombre,- por citar solo algunos, como hace cien años lo hicieron por el pan.

* Enrique Alejandre Torija (Madrid 1956) vive en Guadalajara desde los 14 años. Desde su juventud ha sido militante de organizaciones de izquierdas, y actualmente es miembro del Consejo Político de Izquierda Unida, delegado de la sección sindical de CC.OO del CAMF-Imserso -donde trabaja- y miembro de la corriente marxista que se agrupa entorno al periódico “El Militante”. Alejandre ha publicado numerosas colaboraciones en prensa local y regional y varios libros sobre la lucha de clases en nuestra provincia. El movimiento obrero en Guadalajara 1868-1939, editado por la Fundación Federico Engels en 2008, recorre siete décadas de organizaciones, reinvindicaciones, asambleas y huelgas en la provincia. Un siglo conflictivo, publicado en 2014 por la misma Fundación, se remonta al periodo entre 1719 a 1823. Alejandre continúa investigando sobre la lucha obrera en Guadalajara.

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Un pensamiento en “Mujeres que protestan

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