Esperando el tren

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Un tren de la línea C-2 de Cercanías, la que ha unido a su alrededor a ocho municipios de la provincia, a su paso por la estación de Alcalá de Henares. // Foto: SER Henares

Por Borja Montero

Las nuevas tecnologías han hecho que desaparezca la pequeña parcela de poesía que había en algunos hechos medianamente cotidianos. Así, ya nadie se alegra al abrir el buzón ni se aposta al lado del teléfono a la espera de una llamada, ya que la hiperconectividad a la que estamos expuestos hace que el género epistolar solamente sea cultivado por las empresas que requieren el pago de sus servicios o las administraciones que buscan corregir nuestras conductas a través de multas y que uno pueda estar localizable todo el día llevando su propio terminal telefónico en el bolsillo. Igualmente, lo de esperar el tren en la estación también ha perdido cierto encanto, tanto por la diferencia entre los viejos vagones de madera del Orient Express y los convoyes de alta capacidad y velocidad de nuestros días como por la cotidianidad del hecho de tomar este medio de transporte. Este caída en desgracia de la emoción de coger un tren se convierte directamente en cabreo cuando el hecho en sí se produce en Guadalajara, punto de partida de una línea de Cercanías, la C-2, que en los últimos años ha ido haciéndose menos útil para sus potenciales usuarios.

Ocho municipios del Corredor del Henares han acordado en los últimos días la creación de una plataforma a través de la que pretenden hacer llegar a las instancias competentes las deficiencias que en los últimos tiempos han ido haciéndose cada vez más evidentes. Azuqueca de Henares, Quer, Fontanar, Humanes, Marchamalo, Chiloeches, Yebes y Yunquera de Henares, solamente la primera de ellas con estación propia en esta línea de Cercanías pero todas ellas en el área de influencia de los dos apeaderos que ésta tiene en la provincia, son las localidades que han decidido unirse en “Recuperar Cercanías C-2”, una iniciativa por la que también se han interesado tres ayuntamientos del otro lado de la frontera madrileña: Alcalá de Henares, Los Santos de la Humosa y Meco. Y parece que la cosa va en serio, ya que tienen una agenda de encuentros con representantes de distintas administraciones en las próximas semanas, reuniones en las que pretenden ir dando a conocer la lista de demandas y recopilando nuevas ideas, así como granjearse nuevos apoyos.

Al margen de las posibles lecturas políticas que podrían hacerse de esta confluencia de municipios, que siempre hay malpensados por ahí, es cierto que el servicio de la línea C-2 ha ido deteriorándose desde hace unos años. Así, en los últimos tiempos previos a la crisis económica, los proyectos para mejorar el transporte entre la capital provincial y la ciudad de Madrid eran muchos y, dejando de lado propuestas megalómanas como el soterramiento de la estación de Guadalajara y ocurrencias biensonantes como la de habilitar un apeadero en Alovera, las iniciativas que sí parecían poder cumplirse pasaban principalmente por las lanzaderas del AVE y el aumento de frecuencias de los trenes Civis, que hacen el trayecto con menos paradas que el resto de los Cercanías. La destrucción del empleo de los años siguientes hizo que el número de usuarios se resintiera y, por tanto, la problemática propia de la superpoblación de trenes se resolviera por sí misma, sin necesidad de hacer absolutamente nada.

El problema está en que, casi diez años después de todos aquellos delirios de grandeza, una década sin llevar a cabo ni una de las buenas ideas del pasado, tampoco de las malas, el servicio ni siquiera es tan bueno como aquél. El principal de ellos es el horario o, más concretamente, el continuo incumplimiento del mismo, ya que la C-2 y la C-7, que es la línea ‘hermana’ de la guadalajareña con estación de cabecera en Alcalá de Henares, son las líneas que más incidencias presentan de todo el servicio y raro es el día en el que todos los trenes de las mismas pueden salir y, sobre todo, hacerlo cumpliendo su horario. Además, se han inaugurado nuevas estaciones en territorio madrileño que, a pesar de no haber modificado el trazado de las vías, sí han hecho que el viaje se prolongue en unos diez minutos por trayecto y, por otro lado, hace que se incrementen los retrasos. Y claro, lo de poner en funcionamiento nuevos horarios, ya sean de trenes Civis o de trayectos regulares, ha quedado más que olvidado después de todos estos años.

De este modo, la C-2 necesita sin duda una pequeña revisión que mejore el servicio, lo haga más útil para sus usuarios y no deje a miles de viajeros esperando en los andenes (unos 30.000 diarios en las dos estaciones guadalajareñas y varias decenas de miles más al otro lado de la frontera), un cierto compromiso para que la situación no siga deteriorándose.

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