Los obstáculos del pueblo

imagePor Raquel Gamo

Una llega al pueblo entre semana, aprovechando unos días de asueto. Las plazas y calles solitarias, el bar con los parroquianos habituales, la furgoneta del panadero que llega a las nueve de la mañana (el que no madruga se queda sin pan) y las reses pastando al sol del mediodía en este ocaso del invierno que ya casi ha mutado en primavera. Una llega al pueblo pensando en la imagen idílica que siempre ha colgado del medio rural: la tranquilidad, el sosiego total, la belleza del entorno y la vuelta al trato humano y sencillo.

Y todo eso existe. En la sierra de Guadalajara, desde donde escribo estas líneas, o en cualquier rincón de la Tierra De Molina, de la Alcarria o de la Campiña. Nuestra provincia rebosa todo aquello que atrae a los amantes del turismo rural, ya sea para volver a nuestros pueblos de origen o por el simple afán de conocer nuevos parajes y escudriñar la España que carece de semáforos y atascos. El problema es que rebosa también otras carencias que convierten toda la retórica alrededor de la despoblación en vagas promesas o en palabras huecas.

Llegas a casa y una se encuentra con el recibo de la luz que dispara el gasto (más que en la ciudad por el uso intensivo de la calefacción) y el Ayuntamiento de turno que corta el agua toda la mañana (sin avisar). Y todo ello después de haber disfrutado de los baches y socavones de la carretera de acceso (a veces de vías que pertenecen a nuestra comunidad autónoma; en otras ocasiones de comunidades vecinas, como Aragón o Castilla y León: las administraciones no se ponen de acuerdo ni para arreglar carreteras interrregionales). En estas mismas carreteras, por cierto, campan a sus anchas los ejemplares de vacuno que antaño custodiaban los vaqueros y ganaderos, y que hoy se han convertido en un elemento más del tráfico rodado, especialmente, en la Sierra Norte, tal como ya explicamos en su día en otro artículo en este blog.

Ya dentro del hogar, enciendo la tele y en el canal autonómico, en el programa de la tarde, llaman en un concurso a varios pueblos de la provincia para ver si les están viendo en pantalla y les siguen el juego. Primera llamada, a Retiendas: nadie contesta. Segunda llamada, a Somolinos: tampoco contesta nadie. “¿No nos habremos equivocado y estamos llamando a la Guadalajara de México?”, pregunta Juncal Rivero, la presentadora. No, bonita: es que esto es Guadalajara, España, y en invierno media provincia está vacía…

El caso es que cuando una encuentra el reposo y el confort suficiente en casa, y se dispone a trabajar un rato delante del ordenador o del iPad, resulta que surgen más problemas. Primero una bajada de tensión me deja a oscuras y después las habituales trabas en la conexión a Internet. Las tarifas para acceder a la Red en el medio rural son caras y deficientes, por no hablar de las deficiencias en la cobertura de telefonía móvil. Hay compañías que están off side y otras en las que el 3G -no digamos ya el 4G- es pura entelequia. Y, claro, más que la desconexión del mundanal ruido lo que se consigue con todo esto es que una se sienta como los sioux amenazados por la civilización. Para hablar a través del móvil hay que desplazarse campo a través y para enviar este mismo artículo hay que acabar haciendo ingeniería con la cobertura… Es más fácil enviar una crónica desde Kabul que desde Galve o El Pedregal.

No soy una urbanita altanera, ni insensible. Me gustan los pueblos porque tienen aquello que te permiten vivir, ya sea de modo fijo o por temporadas, en armonía con el entorno. Adoro los paseos entre pinares, la quietud de las callejas estrechas, el horizonte del campo y las charlas con gente sabia y madura que desprende, como escribió Manu Leguineche, la filosofía del sentido común. Pero se hace bastante difícil, por no decir imposible, que la vuelta al pueblo deje de ser una utopía mientras no se solucionen problemas básicos que afectan a la vida diaria de la gente que aspira a residir en el medio rural, donde no todo es agricultura y ganadería.

Profesiones liberales, oficios, autónomos de ramas diversas… Muchas personas -es imposible cuantificarlas- podrían marcharse al pueblo, si no a los núcleos más pequeños, sí a las cabeceras de comarca, si dispusieran de carreteras en buen estado, servicios públicos razonables y una conexión a internet que no estuviera entre la indigencia y la cochambre. No son peticiones exageradas. Nadie pide un hospital o una autovía en cada pueblo. Primero porque lo impide el más elemental sentido del raciocinio y, segundo, porque hay que preservar la identidad rural y el entorno natural. Lo que se pide es que no sea una odisea irse a vivir a una aldea para quien necesita algo más que oler el rocío de la mañana. Se hacen castillos en el aire para revertir la despoblación sin antes salvar los obstáculos para evitar que la gente siga marchándose de las zonas más vulnerables.

Todo esto creo que viene bastante a cuento esta semana, después de la emisión del último ‘Salvados’, de la Sexta, dedicado a la despoblación, y cuando este asunto se ha encaramado a las portadas de la prensa nacional. Miguel Delibes escribió en ‘Viejas historias de Castilla la vieja’ que “el progreso que invita al hombre a abandonar su terruño, acaba marginándolo, ya que el fenómeno migratorio parece un factor necesario para el propio desarrollo del referido progreso”. Esta es una mentalidad que no ha cambiado en las últimas cuatro o cinco décadas, y es tal vez lo primero que habría que superar para pensar en un futuro más halagüeño para los rincones menos poblados de nuestro país.

Los datos de la sangría rural son de sobras conocidos. Más del 80% de los municipios de Guadalajara no superan los 1.000 habitantes y un total de 10 provincias alrededor del Sistema Central y los Montes Universales registran comarcas de interior que corren literalmente el riesgo de desaparecer, biológica y culturalmente, de seguir acentuándose la tendencia demográfica actual. De ahí que sea más necesario que nunca aportar soluciones, soluciones pragmáticas para problemas reales y cotidianos, en lugar de languidecer entre sollozos o entre quimeras que ni están ni se les espera porque no existe voluntad política para ello. Dicho de otro modo: obras son amores y no buenas razones. Y en los pueblos una obra siempre es un acontecimiento.

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4 pensamientos en “Los obstáculos del pueblo

  1. Benditos pueblos. Qué importa si no hay conexión a internet o se va la luz más de la cuenta. Lo que importa de los pueblos es el aire que puede aún respirarse; la naturaleza y el paisaje de sus alrededores que no ha sido borrado; el agua limpia que discurre por sus regatos y arroyos. En los pueblos de Guadalajara puedes aparcar, pasear, correr. Allí es donde puedes tener un huerto y animales de compañía. Ver árboles y bosques, donde viven los pájaros. Puedes ver gorriones, desaparecidos en las ciudades. En los pueblos se escucha el silencio y puedes aislarte y sentirte solo. Una gozada. Deja que los “bárbaros” sigan en las ciudades haciendo de las suyas…..

    • Estoy parcialmente de acuerdo. El sosiego y el placer de la naturaleza son virtudes del mundo rural. Pero la visión que usted defiende es, en el fondo, injusta para el medio rural. Los pueblos no pueden languidecer en la soledad para satisfacer el ansia de tranquilidad de los urbanitas. Los pueblos solo tienen futuro si tienen vida. El que no quiera cobertura móvil, que apague el teléfono. Pero no se puede privar del desarrollo a los habitantes del medio rural para saciar la visión egoísta del urbanita que quiere al pueblo muerto y solo porque eso es lo que le garantiza una vía de escape a su estrés.

  2. Muy bien Raquel, estoy totalmente de acuerdo contigo, lo expresas maravillosamente bien, claro, y absolutamente razonable.
    Me uno a tu petición y a tu llamada de atención sobre nuestros pueblos, porque una cosa es vivir de forma sencilla y otra estar fuera del mundo.

  3. Buenas tardes. Estoy de acuerdo con el diagnóstico de “castillos en el aire” cuando sale el tema de la despoblación. Yo diría que no sólo al plantear posibles soluciones. Por desgracia, en mi opinión, también cuando aparece como noticia de primera plana o en programas de televisión. Y no me refiero concretamente al que se nombra en el artículo porque no lo vi.

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