Rebelión en la granja ecológica

Los granjeros ecológicos plantan cara al Gobierno regional mientras éste participa en actos de promoción del sector. //Foto: Plataforma para la Defensa de la Agricultura Ecológica en Castilla la Mancha

Los granjeros ecológicos plantan cara al Gobierno regional mientras éste participa en actos de promoción del sector. //Foto: Plataforma para la Defensa de la Agricultura Ecológica en Castilla la Mancha

Por Patricia Biosca

En los últimos años, llevar el apellido “ecológico” es una puerta que abre conexiones directas con la salud, lo moderno y lo “in”. En una sociedad que cada vez se preocupa más por lo que consume (por lo menos por lo que pone en las etiquetas, porque hay quien compra exclusividad o estilo de vida sin saber realmente de dónde procede, solo por una referencia en el envase), el sector primario está cambiando el modelo y de ese granjero con sombrero de paja y una rama entre los dientes se ha pasado a un empresario que utiliza los últimos conocimientos tecnológicos para controlar el riego desde su smartphone y las teorías sociales y psicológicas que hacen que le recite poemas a las plantas o cante nanas a las gallinas antes de dormir. Este tipo de negocio se extiende como la pólvora con una demanda que hace relamerse a más de uno, y una provincia tradicionalmente agrícola y ganadera como Guadalajara, se convierte en un escenario ideal en el que la iniciativa privada y la pública intentan sacar su parte.

Entre gallinas, cerdos, pimientos ecológicos y patatas que se venden al borde de las carreteras, el sector primario en Guadalajara vive sus propios polvorines, aunque alejados del ruido mediático. Hace unas semanas se celebraba la segunda edición del taller de trabajo de cría de gallinas camperas en el Centro de Investigación Apícola y Agroambiental de Marchamalo (CIAPA), en el que volvían a participar más de un centenar de personas (número alto si se considera la demografía de la provincia y que este tipo de granjas no crean los mismos puestos de trabajo que la industria, por ejemplo). A priori, más de 120 personas interesadas en crear su propio reducto de gallinas felices, que proporcionarán huevos camperos (la moda que llega a las grandes superficies cuando tradicionalmente se vendía directamente desde pequeñas explotaciones con el único marketing del boca a boca y de la proximidad de la granja) y pollos de crecimiento lento. El director provincial de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, Santos López, afirmaba durante la jornada que existe “una elevada demanda de productos agroalimentarios ecológicos y de calidad diferenciada”. ¿Para dar trabajo solo en Guadalajara a más de cien personas? No sé a ustedes, pero a mi me suena a “burbuja ecológica”…

A pesar de que en este fuero López ensalzaba las bondades y virtudes de lo ecológico, la Junta tiene un frente abierto con la plataforma en Defensa de la Agricultura y la Ganadería Ecológicas en Castilla-La Mancha. Este grupo se manifestaba por ese mismo tiempo a las puertas de las Cortes regionales para que el Ejecutivo cumpla con las resoluciones aprobadas y el consejero del ramo, Francisco Martínez Arroyo, escuche a las partes implicadas. El secretario de la plataforma, Anastasio de Yébenes, se mostraba “harto” y “hasta el cogote” de lo que dice que son “las mentiras” del responsable regional de Agricultura. Desde la organización exigen que se lleve a cabo la enmienda al presupuesto de 2016 que recogía una subida de 14 millones para la agricultura ecológica más dos resoluciones (del PP y de Podemos, para que haya variedad) sobre el mismo tema. El típico “donde dije ‘digo’, digo ‘Diego’” en versión campera que podría haberle puesto la cara roja a López si los temas de Agricultura y Ganadería fueran más seguidos por el público general. Y eso que agricultores y ganaderos siempre han sido un bastión combativo.

Lorenzo Robisco criticó la idea de que Guadalajara acogiera dos granjas porcinas. // Foto: PP

Lorenzo Robisco criticó la idea de que Guadalajara acogiera dos granjas porcinas. // Foto: PP

El discurso oficial se vuelve aún menos coherente cuando se plantea la posibilidad de dar luz verde a dos ganaderías porcinas que han levantado el hacha de guerra de los pueblos en los que se plantea ubicarlas (con el Turismo hemos topado) y que, según la oposición, crearán menos de una decena de trabajos (El parlamentario regional del PP, Lorenzo Robisco, aseguró que contendrían un total de 60.000 animales, pero otras cuentas señalan a que se le fueron los ceros de madre con la vehemencia del discurso). Sigüenza, una de las localidades en las “quinielas cochineras”, ya blinda su reglamento para evitar en lo posible un negocio que llevará consigo los malos olores al Parador. Y Querencia, Riofrío del Llano y las pedanías seguntinas cercanas recogen firmas para evitar su asentamiento, aseverando que ya sufren problemas en el suministro de agua desde hace años y que no podrían soportar este tipo de negocio “que no quieren en Europa” y que ha ido desplazándose hacia el sur. Sin embargo, y según también declaraciones del director provincial de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural, las empresas se pelean por asentarse en la provincia y Guadalajara se convierte en la “perita en dulce” para este tipo de proyectos.

Contradicciones aparte, lo que pone de manifiesto esta problemática es que la Agricultura y la Ganadería en la región no son sectores menores, a pesar de lo vapuleados que se encuentran tradicionalmente desde que comenzara el éxodo rural. El florecer un nuevo tipo de empresario, con explotaciones más pequeñas y cuidadas, no ha hecho sino sumar frentes que desde el Gobierno se intentan apagar según surgen a zapatillazos (más o menos como siempre, esto no cambia según el signo político) y de manera momentánea, lo que da sensación de “parche” más que de solución definitiva. Mientras tanto, la moda de volver a lo básico y tradicional pero con el mismo gesto de llenar el carrito en un supermercado (que también se empieza a quedar obsoleto por la moda del clic) sigue generando pingües beneficios que pasan por delante de los morros de los empresarios guadalajareños gracias a estas torpes políticas, como cerdos grandes que observan cómo comen sus compañeros, pero no les llega nunca el pienso. Bienvenidos a la rebelión en la granja ecológica.

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