El sobrinísimo

2017.03.24 Fraga

Luis Fraga, antes de declarar en la Audiencia Nacional por el caso Gürtel // Foto: José Luis Roca

Por Álvaro Nuño.

Lo había declarado ya antes (en 2014) pero el paso de nuevo por los juzgados del ex-senador popular por Guadalajara, Luis Fraga, ha vuelto a ponernos de cara a uno de los episodios más lamentables y vergonzantes de la política en nuestra provincia. El “sobrinísimo”, como era conocido este individuo por su parentesco con el fundador del Partido Popular, don Manuel Fraga, ha declarado sin ningún rubor que navegaba por las cloacas de la formación que fundó su tío como pez en el agua, sacando suculentas tajadas que no sabemos si acababan en Suiza o pagando sus campañas electorales en las provincias donde aterrizaba. El escándalo, sin duda, salpica de lleno al PP de Guadalajara ya que los que tanto reniegan ahora de él, le aplaudieron durante nada menos de 20 años como senador de la provincia. La verdad es que parece difícil no salpicarse con el fango que expide este individuo cuando fue compañero de mitin, de campaña e, incluso, de escaño durante casi dos décadas.

El pasado martes 21, Fraga declaró en el juicio del caso Gürtel reconociendo, como ya hiciera en fase de instrucción, que para las elecciones de 2004 y 2008, cuando fue candidato al Senado por Guadalajara y después por Cuenca, pidió dinero a su amigo y cómplice de fechorías Luis Bárcenas  para gastos de campaña porque se lo pedían las direcciones provinciales. En concreto, 3.000 euros en 2004 y 6.000 en 2008. El entonces tesorero del PP, Álvaro Lapuerta, era quien autorizaba los pagos, se los entregaba en presencia de Bárcenas, y lo anotaban en sus correspondientes contabilidades paralelas -los famosos “papeles de Bárcenas” que Fraga no dudó ya en hablar de ellos abiertamente como de “los papeles de Génova”-. No sólo corroboró la existencia de una caja B en la sede nacional del Partido Popular sino también de cajas B provinciales, entre ellas la de Guadalajara.

A Fraga y a Bárcenas le unen más cosas que su amistad, su pasión por la montaña y el esquí y el manejo de cuentas B. También compartieron “finiquito en diferido”. El ex senador “alcarreño” admitió que estuvo cobrando del PP hasta 2010, a pesar de que había “abandonado toda actividad en el partido” dos años antes, una situación que parece ser que era “habitual” en el PP para que “las transiciones no sean bruscas”. Con anterioridad, ya desde 1989, Fraga dijo que percibió sobresueldos por distintas ocupaciones en la formación, todo ello además de cobrar su suculento salario de senador por, supuestamente, representar a nuestra provincia. Todo esto ocurrió hasta 2012, año en que su tío falleció. “Al día siguiente”, el partido le comunicó que no contaban más con él. Para poner la guinda al pastel, Fraga reconoció sin ningún rubor que hasta ese mismo año no tributó en España el dinero que tenía en Suiza porque creía que “no tenía obligación de hacerlo”, ha aseverado sin inmutarse el testigo -a raíz de estas últimas afirmaciones no sabemos si Hacienda tomará las correspondientes medidas contra un defraudador confeso, por muy sobrino que sea de uno de los padres de la Constitución, o si ya se ha acogido a una de las múltiples amnistías que permiten eludir la cárcel a este tipo de delincuentes-.

En clave local, la biografía política que contó Fraga viene ligada de manera inseparable de nuestra provincia, ya que fue senador por Guadalajara desde ese mismo año 1989 hasta el 2008, año en que su partido le puso mirando a Cuenca. Durante esas casi dos décadas, el “sobrinísimo” compartió campañas electorales y escaños en la Cámara Alta con destacados políticos alcarreños del Partido Popular como el exalcalde de la capital José María Bris; el expresidente de la Diputación, Francisco Tomey; el hoy portavoz del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, Rafael Hernando -“deportado” a Almería-; el actual subdelegado del Gobierno y secretario del PP provincial, Juan Pablo Sánchez Sánchez-Seco; y el alcalde de la ciudad Antonio Román. Estos dos últimos coincidieron en los carteles con Luis Fraga en las elecciones de 2004, aquellas en la que Lapuerta y Bárcenas le dieron 3.000 euros de la caja B y que este entregó para gastos de campaña a la dirección provincial del PP de Guadalajara, en efectivo “porque ellos me lo pedían en billetes”. Hay que recordar que todas estas declaraciones las hizo el bueno de Fraga delante de un juez de la Audiencia Nacional, con luz y taquígrafos.

Ningún miembro del Partido Popular de Guadalajara ha salido al paso de estas declaraciones. Mutismo absoluto por parte de la presidenta provincial, Ana Guarinos, y su secretario general y compañero de candidatura de Fraga, Juan Pablo Sánchez. El presidente del Partido Popular en Cuenca, sin embargo, sí ha defendido que la contabilidad de esta formación política en esa provincia es “transparente” y está perfectamente fiscalizada, incluyendo tanto a Cuenca como a Guadalajara. La contabilidad es “clara, transparente y cristalina” ha declarado Benjamín Prieto.

En el caso del PP alcarreño, hay que remontarse a junio del año 2014 para encontrar una respuesta a las declaraciones que ya hizo Luis Fraga en este mismo sentido, en las que el partido, en un escueto comunicado, afirmaba que no tenían documentación contable alguna sobre la entrega de esas cantidades  “cualquier otra cosa es faltar a la verdad”, que los candidatos se pagaban de su bolsillo los gastos originados por las campañas electorales, tales como gasolina, comidas, etc., y que se emprenderían “acciones legales contra quienes pretendan manchar la buena imagen y la honorabilidad y dignidad de esta formación política y de todos y cada uno de sus afiliados y simpatizantes”. Casi tres años después no tenemos noticias de qué acciones se tomaron, contra quién y con qué resultado.

Si lo que el exsenador Luis Fraga dice no es cierto, los dirigentes del Partido Popular de Guadalajara de entonces y de ahora deben salir a dar la cara, negarlo con rotundidad y querellarse contra él. La firmeza debe ser la única respuesta de una formación que nunca ha alzado la voz contra otro de los  males que aqueja a la política provincial desde los comienzos de la democracia: el paracaidismo, la imposición de personas sin ninguna vinculación con Guadalajara, a las que las cúpulas nacionales encuentran una candidatura muy cómoda en las listas locales, por su cercanía a Madrid y por ser una provincia benévola con estos casos, que también se dan en otros partidos políticos, pero que los dirigentes provinciales del  PP siempre han admitido con pleitesía.

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