Querían saber

esteban

Por David Sierra

Querían saber. “Se han vuelto ustedes, por la situación política, muy señoritos. Hay que estar haciendo fotocopias y dando información todo el día”. Les contestaron. Les contestó. El denominado concejal de Buen Gobierno, Transparencia y Calidad y e-Administración. Y que también lo es de Hacienda. Es decir, el de las cuentas. El que hace que ingresos y gastos tengan una coherencia. El que tiene la sartén por el mango. El que decide si se hacen fotocopias o si el tiempo se ‘invierte’ en otros menesteres. O así lo diría Esteban.

Reprobar: Criticar o desaprobar enérgicamente una cosa, en especial la conducta de una persona. Dice la Lengua. En este caso ha sido la conducta de Antonio Román. ¿Por no ser señorito?. Puede. ¿Por no andar haciendo fotocopias y dando la información que se le pide? Más que probable. ¿Por no ordenar al concejal delegado de hacerlo? Más que evidente. Si fuera Esteban.

Y salió adelante porque querían saber. La reprobación en forma de moción. Con apoyos. Los que también quieren saber. Y con abstenciones. Los que quieren hacer que piensen que quieren saber, pero que en realidad ya lo saben y no quieren que se sepa. Los que presiden, por eso de que te dejo la batuta a cambio de una Comisión. Que si es de transparencia, mejor. Así todo queda claro. Aunque sólo las caras nos suenen seis veces en dos años. Que podrían ser menos, si no fuera por las circunstancias que a veces se tornan extraordinarias. Sobre todo si hay Ferias. Que siempre dan muchas verónicas. Y conciertos. Quisieron saber.

Y querían saber. Quizá como hacen los señoritos. Con papeles de por medio. Con registros de entrada. Querían hacer de fiscales. Querían cumplir un artículo. Un miserable artículo. El 14. De algo que llaman reglamento y que cuyo objetivo es el de marcar la reglas del juego en los ayuntamientos. Las Entidades Locales si así lo desean que lo llamen los ‘señoritos’ y apelan a eso que reza en su punto primero: “Todos los miembros de las Corporaciones Locales tienen derecho a obtener del Alcalde o Presidente o de la Comisión de Gobierno cuantos antecedentes, datos o informaciones obren en poder de los servicios de la Corporación y resulten precisos para el desarrollo de su función”. Qué duro suena la palabra antecedentes en esta frase. Una losa en estos tiempos para los ‘populares’ de Madrid. De Valencia. De Murcia. Y de muchos otros lugares. El tiempo lo cura todo.

Intentan saber esos ‘señoritos’. Que las cuentas que cuenta Esteban son públicas. Deberían serlo. Intentan saber cómo marcha la gestión en el Centro Acuático. Intentan saber quiénes tienen autorizaciones para el transporte discrecional. Intentan saber cómo marcha el funcionamiento del servicio de transporte urbano de viajeros, el bus. Intentan saber si se cumple con la limpieza de las calles o si se recogen como es debido las basuras que se acumulan en los contenedores. Intentan saber. Con datos. Con cifras. En qué se basa ese convenio con el club que más frecuenta el Escartín, que un día ilusionó al aficionado y al que no lo era y que, de repente. recibió el más duro de los castigos deportivos desde los despachos donde siempre el dinero manda sobre el resultado.

Y querían saber los ‘señoritos’. Y quieren saber. Que si hay circos, en qué circunstancias vienen y en qué circunstancias actúan. Y querían saber qué cuesta y cómo cuesta que limpien los colegios, la ayuda a domicilio, la conservación de las zonas verdes y las que han dejado de serlo. Y querían saber cómo está funcionando esa tarjeta que te hace ser más de Guada. Por tenerla. Y que a veces se confunde con el carnet del Depor, aunque nadie sepa de qué va el convenio.

Y querían saber si todos esos servicios que se prestan cuestan más de veinte millones de euros. O si es más. O si es menos. O si es eso mismo. Y querían saber, los ‘señoritos’, con luz y taquígrafos. Y por eso reprobaron. Y por eso le dijeron a Esteban que  los ‘señoritos’ con fotocopias ya no se conforman y que ahora, por si no lo sabe, el formato debe ser ‘reutilizable’.

PD: Mi más sinceras condolencias a familiares y amigos de Elena de la Cruz. No es justo que la brillantez se agote tan deprisa. No obstante, su legado queda.

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