¡Recuperemos la Hispano!

Fachada principal de La Hispano S.A. // Tarjeta postal editada por Imprenta Gutenberg.

Fachada principal de La Hispano S.A. // Tarjeta postal editada por Imprenta Gutenberg.

Por Álvaro Nuño.

El Pleno del Ayuntamiento de Guadalajara aprobó en su última sesión del 31 de marzo por unanimidad de los 25 concejales solicitar a la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha la declaración de la antigua factoría “Hispano-Suiza” como Bien de Interés Cultural (BIC), una figura con la que se presupone que los restos de la que fuera emblemática fábrica de Guadalajara de principios de siglo puedan ser protegidos, que evite su continuo deterioro y, como fin último, que se recuperen como patrimonio industrial e histórico de la ciudad.  La propuesta partió del grupo municipal de Ahora Guadalajara, cuyos concejales visitaron previamente los restos del viejo edificio, del que sólo queda prácticamente la fachada, y vieron esta necesidad y la idoneidad de que la ciudad recupere una parte muy importante de su historia justamente cuando se cumple un siglo de la apertura de la fábrica de motores de aviones y automóviles.

“Una nueva industria, en una España nueva'”. Así se promocionaba la fábrica Hispano-Suiza en 1931, recién estrenada la Segunda República. Actualmente, los restos del edificio están llenos de escombros y de restos de hogueras, bombonas de butano, colchones, botes, latas y hasta restos de paja”, según denunció el portavoz de Ahora Guadalajara, José Morales, para justificar la presentación de su moción al Pleno. En un plazo inmediato “urge intervenir sobre este edificio” para asegurar que lo poco que queda de él no se venga abajo, señaló el edil comunista, pensando en su posterior restauración y su inclusión en el catálogo de edificios visitables en la ciudad, en este caso como  atracción turística relacionada con el patrimonio científico-industrial.

Nunca ha sido Guadalajara una ciudad que cuide y respete su pasado y las huellas del tiempo y de la mano del hombre han borrado los pocos hitos de desarrollo que despuntaron en la ciudad por diversos motivos. Nada queda de la famosa Fábrica de Paños, salvo el llamado “laboratorio de los ingleses”, edificio del siglo XVIII a la orilla del río Henares que a punto estuvo de ser demolido para ejecutar la ampliación de la carretera de Fontanar. También fue declarado BIC por la Junta en 2016 y, efectivamente, el edificio y su entorno se han salvado de la piqueta pero no del olvido más absoluto. El fuego se encargó de eliminar de la faz de la ciudad la Academia de Ingenieros, auténtico centro de Investigación, Desarrollo e Innovación a finales del siglo XIX y principios del XX en nuestro país y que convirtió a Guadalajara junto a la propia Hispano en cuna de la Aerostación. De esa intensa página de la historia local, hoy sólo quedan el Taller de Globos, edificio reconvertido en Centro Municipal de Familia en el barrio de Los Manantiales, y las naves del Taller y Centro Electrotécnico de Ingenieros, el TYCE, también propiedad del Ayuntamiento, que se están utilizando para albergar actividades juveniles y culturales, aunque una de ellas -la de forja- mantiene mucha de la maquinaria utilizada en la época en su proceso fabril, ideada como Museo, pero que duerme el sueño de los justos cerrada a cal y canto, acumulando polvo y olvido.

Volviendo a la Hispano, Ahora Guadalajara propone que la administración “requiera al propietario que valle el espacio para protegerlo” en una primera actuación, para después “consolidar la fachada con el fin de que, al menos, no se hunda, como ya pasó con el poblado de Villaflores” -otro Bien de Interés Cultural de propiedad privada, pero aun así víctima de la falta de mantenimiento y del abandono, lo que provocó el derrumbe del campanario de la casona principal a principios del año pasado, sin que nadie haya hecho nada por el momento salvo reforzar la verja de protección y poner carteles que indican “Prohibido el paso. Peligro de derrumbe”-. Además, sueña Morales, “si le damos la categoría de BIC, creemos que el propietario estaría tentado a vendérselo a una administración pública”. Que no espere el joven edil izquierdista que el Consistorio capitalino se haga cargo de este inmueble, lo restaure y lo ponga en valor como patrimonio histórico de la ciudad. No lo hace con edificios de su propiedad, no creemos que lo haga con los que ni siquiera son suyos. Y, en esta labor de protección y restauración tampoco hay que olvidar a la Junta de Comunidades, verdadera responsable de la vigilancia del cumplimiento de la normativa y de que estos BIC lleguen a ser conocidos por nuestros hijos y nietos, una labor que parece brillar por su ausencia hasta el momento.

La declaración por parte de la Junta de la antigua Hispano como Bien de Interés Cultural debería acompañarse por parte del Ayuntamiento con una serie de actividades que conmemoraran el centenario de la llegada de esta fábrica a Guadalajara en 1917, lo que supuso un verdadero periodo de florecimiento social en la vida de la ciudad, ya que llegó a dar trabajo a 800 personas, constituyendo el mayor elemento de desarrollo hasta su traslado, primero a Alicante y después a Sevilla en 1936. Imaginémonos que una prestigiosa marca de vehículos de lujo como Porsche, Jaguar o Ferrari, pone una línea de diseño y producción en algún polígono industrial y da trabajo a miles de personas. La importancia de su huella sería más o menos similar.

Ya en 2011, el Teatro Buero Vallejo acogió una exposición con el Hispano 514 como auténtica estrella. El vehículo pasó a ser patrimonio municipal y todavía puede contemplarse en el germen de Museo de la ciudad que comparte sótano del Centro Municipal Integrado con el Archivo Municipal, un lugar claramente insuficiente e inadecuado, que sólo puede visitarse con cita previa dos mañanas a la semana y en días de diario.

Recuperar la Hispano es recuperar parte de los años dorados de Guadalajara que recuerdan todavía cientos de alcarreños en sus álbumes familiares o en archivos donde se puede ver a ministros, reyes y presidentes de Gobierno visitar la ciudad y retratarse con los operarios que fueron protagonistas de aquellos maravillosos años, hoy convertidos desgraciadamente en una escombrera al borde de la carretera de Marchamalo.

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