Guadalajara no es la Luna

Por Celia Luengo

Qué tristeza ver cómo las máquinas derribaron hace algunos días otro edificio, uno más, en el centro de Guadalajara. No era un edificio bonito ni singular, no tenía ningún valor especial, esa no es la cuestión, era simplemente uno más, uno de tantos. El problema no es el derribo del edificio en sí si no un hecho mucho más significativo y es que Guadalajara se parece cada día más a la Luna, no por su falta población, que también, sino por la cantidad de cráteres que la salpican. Como si un meteorito cayera cada algunos meses y dejara un agujero más en nuestra ya raquítica estructura urbanística. Hoy ha sido el edificio de Marián, ayer fue el Palacio del Vizconde de Palazuelos en la plaza de San Esteban, ¿y mañana?

El último edificio desaparecido víctima de la piqueta, a finales de marzo, en la calle Bardales

El escritor japonés Haruki Murakami describía en su libro “1Q84” una ciudad poblada sólo por gatos. Era una imagen de tal desolación, falta de vida, silencio sólo roto por los maullidos lánguidos y desgarradores de los gatos, que se me quedó especialmente grabada. Algunas tardes de sábado o de domingo, cuando paseo por el casco histórico de Guadalajara me viene a la mente aquella ciudad y, no lo puedo evitar, un escalofrío me recorre todo el cuerpo.

Guadalajara no era la ciudad de Murakami, lo prometo, hace años era otra, el centro de la ciudad no moría cuando cerraban los bancos y los centros oficiales y siempre había alguna excusa para visitar el corazón de la ciudad. No es mi intención buscar culpables de esta situación, seguramente lo seremos todos, pero sí es momento de que busquemos soluciones porque de no hacerlo, la muerte anunciada por los quejidos gatunos llegará a ser una realidad.

El Palacio del Vizconde de Palazuelos, un edificio también desaparecido en la plaza de san Esteban

Buceando en algunas de las normas que rigen el urbanismo de nuestra ciudad me he encontrado con varias sorpresas en las que quizás esté la clave. Puede que tengamos la solución delante de nuestras narices y no podamos, o no queramos, verla. Por ejemplo la Ley del Suelo de 2008, que impone a los propietarios de suelo urbanizado el deber de edificar en los plazos establecidos en la normativa aplicable, esa normativa es la LOTAU (Ley de Ordenación del Territorio y de la Actividad Urbanística de Castilla-La Mancha) y el plazo máximo para edificar es de 24 meses.

Pero hay más y es que esta Ley establece una serie de consecuencias para los propietarios que incumplan estos plazos ya que habilita a los ayuntamientos a intervenir en estos casos, convocando un concurso público para que un tercero distinto del propietario del solar se comprometa a edificar en plazo presentando para ello una propuesta de construcción que la Ley llama PAE, Programa de Actuación Edificatoria.

Quizás estos trámites sean algo complicado de materializar, quizás no haya quien esté interesado en construir en el centro pero si la Ley existe, el Ayuntamiento debería aplicarla con el mismo rigor con el que hace cumplir el resto de normativas. Desde hace algunos meses se habla de la reactivación del sector de la construcción, los promotores vuelven a tomar la iniciativa y a levantar viviendas en las zonas de expansión de Guadalajara, la ciudad crece y se extiende hacia afuera pero su corazón muere. No creo que sea una locura proponer a estos promotores que levanten sus nuevas viviendas en el centro de la ciudad, en esos solares que hoy son lugares inhóspitos y que en un futuro podrían ser la sangre que diera de nuevo vida a nuestra ciudad. Se puede, claro que se puede, si se les ofrecen las condiciones adecuadas que permitan construir a un precio razonable.

La famosa esquina del edificio de Maragato, en plena plaza Mayor, lleva años convertida en un solar vacío y abandonado

El Plan de Dinamización del Casco Histórico aprobado en 2016 por el Ayuntamiento aporta otras ideas que también contribuirían a mejorar la vida en nuestro casco. Por ejemplo, revertir esa nefasta política que se ha llevado los equipamientos públicos del centro a las zonas de expansión de la ciudad, casos como el Archivo Municipal, el edificio de Correos, la eliminación de servicios del Palacio del Infantado o el próximo traslado de los Juzgados que dará la puntilla definitiva a un centro que agoniza. Hay que devolver servicios públicos al centro y en este marco la futura Universidad que ocupará los edificios cercanos al Colegio María Cristina adquiere una relevancia fundamental. Los estudiantes no sólo consumen, también viven, compran, pasean y sobre todo dan vida a un centro que lo necesita más que nunca.

El resto de medidas ya las conocemos, es necesario crear nuevas plazas de aparcamiento, si puede ser mejor bajo el suelo dejando las calles para disfrute de los ciudadanos, hay que establecer medidas que faciliten la creación de negocios y comercios en el casco antiguo con alquileres asequibles que permitan ocupar los locales que hoy están vacíos, hay que apoyar la rehabilitación de fachadas que mejoren el aspecto de nuestras calles y, sobre todo, rehabilitar aquellos espacios que están especialmente deteriorados, dos de ellos se me vienen inmediatamente a la cabeza: la plaza del Concejo y la calle de Bardales.

Pero no olvidemos nunca que sin niños, padres, jóvenes, familias, personas, el casco histórico de Guadalajara seguirá siendo un inhóspito lugar poblado sólo por gatos. No podemos consentir que nuestra ciudad esté plagada de solares vacíos y abandonados durante años y años, es obligación de sus propietarios o del Ayuntamiento o de ambos acabar ya con esta situación.

 

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