El infragasto

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El Ayuntamiento de Guadalajara ya ha cerrado las cuentas de 2016 y espera para poder gastar el superávit conseguido en el pasado ejercicio. // Foto: cedida

Por Borja Montero

Cualquiera que se dedique a la gestión de lo económico en cualquier ambiente, ya sea en su propia casa o en una empresa, sabe de lo complicado que es siempre hacer cuadrar los números positivos y los negativos, los ingresos con los gastos y, sobre todo, la respuesta a ciertos imprevistos o el siempre necesario cambio de planes y prioridades a mitad de la partida. El Ayuntamiento de Guadalajara se encuentra actualmente en pleno proceso de cierre de sus cuentas anuales, un trámite que sirve para comprobar si los presupuestos del ejercicio anterior fueron ajustados a las necesidades reales de la ciudad y, como todo en esto de la gestión pública, para darse bombo sea cual sea el resultado final.

Como suele ser habitual en el Gobierno municipal, los números le han cuadrado bastante bien (la verdad es que no se le puede achacar al PP desde su llegada al Ejecutivo capitalino en 2007 que se haya propasado con los gastos ni un solo año): los ingresos son ligeramente superiores a lo previsto al comienzo del año, si bien hay unos ocho millones de euros que no se han cobrado, mientras que los gastos se han ajustado bastante bien a lo presupuestado, dejando unos cinco millones de euros sin gastar. Además, se ha ingresado el aval por la inacción de los promotores en el poblado de Villaflores, se ha reducido la deuda a largo plazo y se ha cumplido con las exigencias de límite de gasto impuestas por el Ministerio de Economía, todo ello según el alcalde, Antonio Román, y el concejal de Economía y Hacienda, Alfonso Esteban, que son los que tienen los datos. Tras el maremágnum de cifras ofrecidas en rueda de prensa, parece que el Consistorio tiene 5,2 millones de euros contantes y sonantes para poder gastarse en este 2017.

Como también suele ser habitual en la cosa pública, cualquier hecho tiene varias lecturas. Así, el hecho de que haya sobrado una cantidad importante, de alrededor de un 8 por ciento del total de las cuentas municipales, habiendo algunas cuestiones más o menos urgentes o importantes que atender, es un tema a debatir y muchos podrían pensar que, observando la evolución de ingresos y gastos a lo largo de los últimos meses del ejercicio, podrían haberse puesto en marcha algunas nuevas medidas o proyectos. Hay que tener en cuenta determinadas cuestiones en este sentido. La primera de ellas es lo constreñido y encorsetado de la burocracia y los trámites que rigen las administraciones públicas y que obligan a que cualquier cambio en el presupuesto tenga que ser convenientemente informado por los funcionarios y aprobado por el Pleno municipal, algo que complica la reacción rápida a estas eventualidades por la demora que supone toda esta tramitación, sin olvidar que la aritmética política en la cámara municipal no hace precisamente fácil para el Gobierno sacar adelante cualquier decisión medianamente extraordinaria, por lo que las negociaciones también llevarían un tiempo que, con el cierre del ejercicio marcado en rojo el 31 de diciembre, hace un poco más difícil lo de poner en marcha a mitad de la partida alguna iniciativa nueva o dotar de más presupuesto alguna medida ya iniciada. La segunda consideración tiene que ver, precisamente, con la idiosincrasia del PP municipal, poco dado a las sorpresas y los cambios de rumbo, a salirse del guión, de modo que las modificaciones en el presupuesto, salvo por cuestiones urgentes o necesarias, no suelen estar en sus prioridades, máxime cuando tampoco parecen tener en la manga ningún as en forma de programa o actuación novedosa y original y dado el ya mencionado equilibrio plenario cambiante.

Puede que, en un momento histórico en el que se multiplican las detenciones y acusaciones a políticos de todos los niveles por tomarse demasiadas confianzas con el dinero de todos, no sea el mejor momento para pedir un cierto relajo a la burocracia administrativa para conseguir que la buena gestión económica de una institución pueda revertir en el bienestar de los ciudadanos cuanto antes, pero es cierto que el control al que deben estar sometidas las cuentas públicas no hace fácil poner el dinero sobrante a disposición de los vecinos. Y ya no se trata solamente de intentar enmendar en un mismo año las cuentas, sino que, una vez cerradas las cuentas de 2016 y con 5,2 millones ya confirmados como sobrantes y disponibles, el Ayuntamiento tiene que esperar a la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para poder disponer de ellos y con algunas restricciones. Vaya, que no se trata únicamente de ser bueno con los números sino que, además, hay que esperar a que otros hagan sus deberes.

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