Primarias, ¿una solución envenenada?

Por Celia Luengo

Si miramos lo ocurrido en el PSOE durante los últimos meses, con duros enfrentamientos entre los seguidores de Susana Díaz y Pedro Sánchez, o echamos la vista atrás y analizamos la trayectoria de este partido durante los últimos 20 años, creo que no me aventuro si afirmo que nadie excepto el propio partido es responsable de su decadencia, dicho de otra forma, es el propio PSOE quien parece estar destruyéndose a sí mismo.

Y quizás en este marco de autodestrucción las primarias, que en su origen y como fórmula para la democratización de cualquier estructura organizativa parecen algo positivo, a la larga han supuesto un grave perjuicio ya que lejos de generar un debate interno que enriquezca las ideas y proyectos, han llevado a este partido a un enfrentamiento fratricida y sinsentido entre los propios militantes seguidores de una u otra opción, no ideológica si no personalista.

Llevaba mucho tiempo pensándolo pero un repaso por la historia socialista durante la etapa democrática me ha hecho afianzar aún más esta opinión. Empecemos en 1997, cuando el recién elegido Secretario General Joaquín Almunia en sustitución de Felipe González impulsa el primer proceso de primarias como una fórmula innovadora dentro del partido.

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Joaquín Almunia y Josep Borrell inauguraron las primarias socialistas en 1998

En abril de 1998 se celebran las primeras primarias que gana Josep Borrell por un 55% de los votos frente al propio Almunia. Pero sorprendentemente fue Joaquín Almunia, el perdedor de aquellas primarias, quien finalmente se presentó a las elecciones de 2000 ya que Borrell dimitió un año más tarde de su elección por las fuertes presiones y la falta de apoyo de la dirección socialista. Era la primera víctima de las primarias, el primer Secretario General que sería fagocitado por su propio partido después de elevarle a la dirección del partido.

El segundo asalto vendría en el año 2000, un joven José Luis Rodríguez Zapatero conocido como el “candidato sorpresa”, gana las primarias frente a José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez por un estrecho margen de 415 apoyos frente a 405 de Bono. A Zapatero la historia y su partido le dieron algo más de margen, llegó a la Presidencia del Gobierno pero la crisis y la falta de apoyo de su partido le llevaron a dimitir en julio de 2011 y convocar elecciones anticipadas.

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Dos históricos dirigentes, exministros, se enfrentaron en las primarias de 2012. Foto: elconfidencial

En 2012 volvemos a presenciar un nuevo episodio de primarias, pero en este caso es un histórico como Alfredo Pérez Rubalcaba quien vence a la tristemente fallecida recientemente Carme Chacón por 22 votos. Los malos resultados electorales y la fuerte contestación dentro de su partido le llevan a abandonar dos años después, en mayo de 2014.

Y por fin llegamos casi al capítulo final, un Pedro Sánchez aclamado en julio de 2014 al conseguir un 49% de los votos en las urnas frente a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, dos años después era condenado al ostracismo, había sido devorado por su propio partido. Los errores de cálculo del propio Sánchez, la traición cainita de parte de su Ejecutiva y el bochornoso espectáculo del Comité Federal celebrado en Ferraz en octubre de 2016, fueron lo suficientemente elocuentes para demostrar que el PSOE se está destruyendo a sí mismo.

El PSOE agoniza pero no sólo por las luchas intestinas si no también porque esas luchas han llevado a este partido, crucial en la vida democrática de nuestro país, a ir perdiendo presencia y apoyo social elección tras elección. Si Almunia se quedó en sólo 125 escaños en el año 2000, Rubalcaba en noviembre de 2011 obtuvo 110, cinco años después, en 2016, Pedro Sánchez se quedaría en la triste cifra record de 85 diputados. Cabe preguntarse el porqué de este declive y quizás para ello haya que apuntar a una pérdida clara de ideología, esa que tanto conectó con parte de la ciudadanía durante muchos años, en favor de unos claros personalismos que han conseguido dividir en vez de sumar.

Pedro Sánchez ha visitado esta semana Guadalajara dentro de su campaña para las próximas primarias. Foto: Nueva Alcarria

Y enfrente de este PSOE titubeante e inseguro, que no es capaz de consolidar a ninguno de sus líderes, nos encontramos con el PP de Mariano Rajoy, quién lo diría, un hombre de perfil bajo, extremadamente bajo, preocupantemente bajo, que asumió la presidencia del partido en 2003 y que desde el año 2011 ha sido capaz de ganar elección tras elección a pesar de los casos generalizados de corrupción dentro de su partido y sin ninguna contestación ni debate interno. Eso es perseverar.

Para el PSOE los cuatro intentos de primarias parecen no haber sido suficientes y se mantiene en su error de convocar unas nuevas elecciones internas entre su militancia que, por lo que llevamos visto hasta ahora, pueden terminar de nuevo con un líder apoyado por la mitad y cuestionado por la otra mitad hasta llegar a neutralizarlo y devorarlo. No sería el primer caso.

Termino como empecé, en absoluto puedo ni quiero criticar las primarias como fórmula para democratizar un partido, que lo son, pero quizá ni los militantes ni los dirigentes del PSOE estén aún preparados para ello. Una vez más, veremos.

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