La magia negra de la televisión

Ramón García y Juncal Rivero, presentadores del programa 'En Compañía' de CCMedia. // Foto: CCMedia

Ramón García y Juncal Rivero, presentadores del programa ‘En Compañía’ de CCMedia. // Foto: CCMedia

Por Patricia Biosca

Un día, navegando por internet, me encontré este anuncio: “La soledad es mala compañera… Llama a Ramón García y acaba con ella”. Esta frase venía acompañada de una imagen del mítico presentador de los noventa, quien no es Jordi Hurtado y para el que sí pasan los años. El post anunciaba en realidad el programa ‘En compañía‘, de Castilla-La Mancha Media (CCMedia), un formato sospechosamente parecido a una sección del programa ‘La Tarde‘, conducido por Juan y Medio en Canal Sur (que parece ser un gran referente para nuestra televisión regional) y famoso por salir en los zappings. En este apartado, llamado ‘En compañía se vive mejor’, personas anónimas, en su mayoría jubilados, acuden al programa a buscar pareja para paliar la soledad de sus últimos años. En el momento en el que vi ese anuncio, pensé: “Si Juan y Medio fue el sustituto perfecto de Jesús Puente para la versión andaluza y pensionista de “Lo que necesitas es amor”, ¿quién mejor que Ramón García para hacer la versión castellano-manchega del programa? Minipunto y punto para CCMedia”. Decidí en ese mismo instante el tema de mi artículo semanal. Y para hablar con propiedad, debía al menos ver un programa entero.

Armada de valor, y con la curiosidad de un expedicionario de tribus indígenas, entre el miedo y la excitación, le doy al play. De repente observo a un extasiado Ramón García tocando un teclado por Beethoven y una Juncal Rivero (esta sí, prima de Jordi Hurtado) enfundada en unos pantalones de camuflaje que le pregunta al presentador qué demonios hace. Ramón García y Juncal Rivero juntos evocan en mí recuerdos de aquel mítico programa de José Luis Moreno, ‘Noche de fiesta’ (otro de los referentes para las galas en CCMedia), mezclados con ‘El Grand Prix’ por el estampado del atuendo de Rivero. “¿Qué más maravillas pueden ocurrir?”, me pregunto con un sentimiento de “placer culpable” que no me deja apartar la mirada de ese espectáculo. 

Después aprendo que tal día como ese, pero en el año 1810, se compuso “Para Elisa” y otras efemérides, así como que Ramón García hacía que tocaba el piano (¡sorpresa!) gracias a la “magia de la televisión”. El programa, que se emite en la sobremesa entre semana, continúa relatando la actualidad en el tiempo y el saludo a las personas que esa tarde ocupan los asientos del público, que son vecinos del mismo municipio. Se elevan las bondades del pueblo que toca ese día, como un guiño hacia aquellos que han cogido un autobús desde Chinchilla a horas en las que aún no ha cantado el gallo, y se les hace bailar si es necesario para entrar en calor. Más efemérides y, cuando pienso que me van a presentar a los solteros de oro de esa tarde, llega el momento de ‘El Hormiguero’: sacan dos cuencos con tornillos y tuercas y Ramón y Juncal compiten entre sí por ver quién enrosca más piezas. “Un juego perfecto para los nietos”, dice Rivero mientras yo miro con estupefacción.

Cuando pienso que no puede haber más costumbrismo, de repente Ramón García anuncia que ha llegado el momento del jamón y del concurso telefónico. Para conseguir el deseado premio, hay que descolgar y responder un ingenioso “Ramón, ¿me regalas el jamón?”. Esta tarde hacen llamadas al azar en la provincia de Guadalajara, donde tienen que insistir varias veces hasta que alguien lo coge: “¿Sí?”. Ramón y Juncal se echan las manos a la cabeza… ¿cómo puede ocurrir que todos los castellano-manchegos no estén viendo ahora mismo su programa? Ambos lo achacan a que se trata de un interlocutor “jovencito” y que estará haciendo “otras cosas”. Y en ese momento apunta Rivero: “¿Qué pasa con los manchegos de Guadalajara?”. Pues que no hay, amiga Juncal. Esto me hace pensar que pocos guadalajareños ven a Ramón García en CMMedia, porque si no, en ese momento habrían ardido las redes sociales convirtiendo el hashtag #Juncalriveronosomosmanchegos en trending topic mundial.

Tras media hora en la que aún no hemos buscado pareja a nadie, por fin entramos en harina. Juncal se retira y Ramón García se sienta en un saloncito acompañado de tres personas que rebasan los 69 años y que les une la búsqueda del amor en la televisión. El presentador les pregunta por su pasado, que ellos relatan a calzón quitado, como si se tratase de su mejor amigo, llegando incluso a las lágrimas que se sienten verdaderas y aguantadas durante años en algunos momentos. Pienso en este instante en la soledad de las personas que veo a través de la pantalla. De los que hay que no son tan atrevidos a dar el paso de hacer público que sus días pasan mirando por la ventana aguardando al final. Será la “magia de la televisión” de la que hablaba Ramón García. Aquí ya no hay risas, no hay placer en visionar esto. Es más la vergüenza de ver cómo se expone el dolor, no se muy bien con qué justificación. El propio presentador relataba en una entrevista al diario ABC el “orgullo” de capitanear un programa así: “Que una persona me diga que la única forma de acabar con su soledad es viniendo al programa, eso, a mí, me llena de orgullo”. A mi me crea desasogiego. Mucho. 

Dos personas que encontraron el amor en el programa de CCMedia 'En Compañía'. // Foto: CCMedia

Dos personas que encontraron el amor en el programa de CCMedia ‘En Compañía’. // Foto: CCMedia

Para acabar en alto, que se olviden las lágrimas y se vea la eficacia del programa, se cuenta cómo le ha “cambiado la vida” a una señora que acudió al programa y que está iniciando una “nueva vida en compañía”. Entonces llegan veinte minutos de autobombo de la suerte de contar con un programa así en la televisión de Castilla-La Mancha, el buen trabajo que hace el equipo (del que no dudo está compuesto de grandes profesionales. Mi crítica se dirige al concepto del programa) y de lo afortunados que son los castellano-manchegos entrados en años, para los que no es tarde encontrar el amor gracias a este ‘Meetic’ (plataforma destinada a encontrar pareja para “solteros exigentes”) en formato tele.

No sé qué audiencias recoge este programa, que lleva en emisión desde el pasado verano (por lo que, si ha aguantado tanto, imagino que no le va mal). Yo solo puedo pensar en que no me gustaría ver a mi madre contando sus experiencias más íntimas, sus sentimientos más profundos, a un presentador de televisión antes que a mis hermanos o a mi porque se siente en la más completa soledad. Y tampoco me gusta ver un espectáculo televisivo que se nutre durante más de dos horas de las desgracias de la gente (cuestión que últimamente es muy socorrida en la realidad televisiva, no le echemos todas las culpas a Ramón García) y se disfraza como un servicio social. “En compañía” es un reflejo del problema que supone hacerte mayor en esta sociedad, que vuelve a convertir en niños a los ancianos y los utiliza para el entretenimiento de la sociedad. Pero bueno, es la “magia de la televisión”, y yo no soy Harry Potter con una varita para luchar contra ella.

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