Mucha ‘mierda’

Por David Sierra

Hace unos años, cuando aún tenía un sueldo como plumilla y podía vivir de ello, asistí a uno de esos viajes para periodistas que organizaba CEOE Cepyme Guadalajara con el propósito de sacarnos buenas palabras en materia turística del empresariado alcarreño que había apostado por invertir en estas inhóspitas tierras y alabar las políticas en este sentido. En aquella ocasión, la ruta nos llevó a la zona de la Sierra Norte de Guadalajara y para descubrirnos los encantos del territorio nos acompañaba una estudiante de Turismo, que se encontraba trabajando a tiempo parcial para la empresa encargada de organizar la excursión.

La muchacha, recién veinteañera, tenía desparpajo y dotes para dirigir a un grupo tan particular y en el que cualquier insignificancia planteaba una cuestión. Sin duda, estaba preparada. Conocía la zona, sus monumentos, su pasado y su presente. Y lo explicaba con soltura y brillantez sin demasiada retórica. Luego pasado un tiempo coincidí con ella de nuevo en una edición de la Feria Internacional del Turismo (FITUR), que se celebra en Madrid y donde Castilla La Mancha y, por ende, Guadalajara, acuden año tras año con el fin de justificar las inversiones en turismo que casi nunca fructifican en éxito. Lo último que supe de ella es que había encontrado trabajo en las oficinas del Catastro.

El reflejo de aquellos viajes en los que participé en varias ocasiones tenían siempre el mismo hilo conductor. Una ruta con visitas programadas a varios lugares del entorno, quizá un museo etnográfico cerrado al público de lunes a viernes; la constatación de algún que otro monumento recién remozado para seguir siendo testigo del paso del tiempo; y las bonanzas de lo mejor de un sector hostelero que trataba dar una imagen de calidad con la que atraer al turista. El trato era exquisito. Y se correspondía de la misma manera. Durante los días posteriores las alabanzas ocupaban incluso portadas en especiales donde destacábamos lo vivido y lo visto. Y se lo contábamos a nuestros lectores. Los de aquí. Los de siempre. Los que compraban el periódico en el quiosco de la Plaza del Jardinillo. O en Santo Domingo.

Twitter ha despertado esta semana esos recuerdos a raíz de la problemática surgida con la publicación de un cartel para promocionar el tren AVE como medio turístico en la región dentro de la Red de Ciudades AVE. Como era de esperar, Guadalajara no aparece. El AVEXPERIENCE nos incita a conocer las bellezas de Ciudad Real, Albacete, Cuenca, Toledo, y… Puertollano. Las redes sociales comenzaron a bullir. Y los sentimientos ficticios de que Guadalajara es la gran olvidada para el ejecutivo autonómico han vuelto a surgir.

Una vez más la ciudad se queda, por decisión propia, fuera de una iniciativa que le permitiría estar presente en otros mercados turísticos de cara al exterior de las fronteras que marca la propia provincia y abandonar el legado mariachi del “Guadalajara no sólo está en Jalisco” con el que Diputación trató de dar a conocer los encantos alcarreños con un eslogan potente y diferente enfocado a ferias de comunidades autónomas como Castilla y León o Valencia. Fue, sin duda, una de las pocas estrategias coherentes de promoción que, sin embargo, no perduró en el tiempo. La otra, con el tren también como protagonista, sigue manteniéndose con destino a Sigüenza.

Y es que Guadalajara, tanto la ciudad como la provincia, continuan promocionándose a golpe de evento. Sin planificación. Sin estrategia. Sin explorar nuevos mercados. Sin aprovechar los mercados potenciales que nos rodean. Puede concentrar en un fin de semana a miles de personas en torno a un festival medieval o unas jornadas histórico-festivas sin que aún sea una apuesta con visos de mantenerse de manera periódica durante el resto del año. Guadalajara sigue sin recrear todo lo que posee. Sigue sin ayudar al turista a imaginar, a evocar, a trasladarle al entorno para que éste pueda recomendar. Sigue sin mostrarse al mundo.

Los recursos que las administraciones destinan a la promoción turística no salen fuera. FITUR es esa feria donde se ven los de siempre que siempre se ven. Donde la promoción se queda dentro, como si los alcarreños no conociéramos ya de sobra el Alto Tajo, la Arquitectura Negra o el Palacio del Infantado. Nos presentamos a nosotros mismos para nosotros mismos. Lo hacemos a través de la prensa de aquí. A través de la radio de aquí. A través de la televisión, la de aquí. A través de los medios. Los de aquí. Y todo queda en casa. Y sentenciamos a los pocos que se atreven a difundir el nombre de Guadalajara desde fuera. Porque son muchos recursos para mantener una Casa. Luego las cifras ‘maquilladas’ ofrecen otra realidad y los datos de pernoctaciones y viajeros, con aumentos espectaculares año a año, congratulan a los de siempre. A los de las ferias. Y pienso que en aquellos viajes que organizaba el empresariado alcarreño, figurábamos como visitantes en las estadísticas.

Guadalajara necesita representar todo su importante potencial turístico y cultural. Y que su nombre resuene con fuerza en otras partes del territorio nacional. Necesita evocar su historia y patrimonio y dotarlo de humanidad. Teatralizar sus costumbres y recuperar de manera asidua a sus personajes más característicos. Convertir sus recorridos en flujos constantes de ocio y atracción habitual como un verdadero impulso territorial y generador de empleo y riqueza. Cuenta con los escenarios, las tramas y los actores. Solo queda orquestar las escenas y darle una promoción correcta para mantenerse en  la cartelera. Y, sobre todo, mucha mierda.

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