Vencer sin combatir

Por David Sierra

“La mejor victoria es vencer sin combatir” decía el general chino Sun Tzu en su obra “El Arte de la Guerra” escrita en torno al siglo V antes de Cristo. Pareciera que Pedro Sánchez hubiera aplicado las tesis bélicas de autor oriental en la victoria sobre Susana Díaz en el proceso de primarias del Partido Socialista Obrero Español celebrado el pasado domingo y a tenor de los resultados.

El nuevo secretario general socialista logró dar la vuelta a la ventaja que le había sacado su rival Susana Díaz en avales de los afiliados, 60.231 frente a 53.692, obteniendo 20.000 votos más que firmas. La andaluza sufrió la situación contraria y obtuvo menos sufragios que apoyos y no consiguió siquiera revalidarlos en su tierra. Tampoco en Aragón, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Cataluña, Galicia, Madrid, Murcia y Melilla. La “lideresa” de Andalucía obtuvo 1.190 papeletas menos que los avales presentados hace un par de semanas en la Comisión Federal de Ética y Garantías del PSOE.

El triunfo de Sánchez es el triunfo de las bases. De la militancia. Y también es el triunfo del marketing. Ese sobre el que podemos trasladar la obra de Sun Tzu. Sánchez no es un producto de marketing, pero sí toda la estrategia que ha rodeado a su resurgimiento y victoria. Desde el momento en el que fue apartado de la dirección en el “golpe” del Primero de octubre del pasado año, ocupando su lugar la Gestora, el madrileño puso en marcha su mercadotecnia.

Una de las máximas del marketing es la coherencia. Mantener su ‘no es no’ y entregar el acta de diputado le permitieron no acabar enterrado políticamente. Fue coherente con su discurso. Con su imagen. Con su identidad. Y evitó así “desposicionarse”.

Decía Sun Tzu que cuando el enemigo está “seguro en todas partes” hay que prepararse contra él. “Evitarle durante un tiempo cuando es más fuerte”. Así, mientras desde la nueva dirección del PSOE se perfilaban todas las estrategias para que Susana Díaz liderase el partido poniendo todas las herramientas del aparato a su servicio, Sánchez estudiaba su “plan estratégico” antes de lanzarse a la reconquista. Durante un tiempo se mantuvo cauto. Fuera de la órbita mediática. Agazapado. Estudiando al adversario. A la competencia. A su público objetivo. Calculando sus condiciones más favorables y sus ventajas. Analizando sus fortalezas y debilidades. Sus oportunidades y amenazas. Y viendo el modo de convertir esas amenazas en oportunidades.

De ese minucioso estudio concluyó la existencia de un movimiento fuerte de la militancia molesto por el modo y las formas utilizadas para apartarle de la dirección. De ese análisis descubrió que buena parte de los afiliados estaban muy alejados de las posiciones de los “barones” y sus correligionarios”. Lo sabía. Era su principal amenaza y se convirtió en su principal oportunidad. “He avalado a la candidatura de Susana. Me lo pidieron. No te voy a decir quién. Me prometieron algunas cosas para el pueblo y se lo he dado. Pero no me gustan ninguno de los tres. Luego cuando votemos ya veremos”. Comentaba un militante socialista y alcalde de un pequeño municipio de Guadalajara antes de las votaciones. Era un sentimiento extendido. Que se vertía en pequeños comités a modo de dinámicas grupales que dejaban rastros de la tendencia. Sánchez lo sabía. Y denunciaba las “presiones” y “promesas” en la recogida de avales hacía la carrera al Secretariado General. “Con una evaluación cuidadosa, uno puede vencer; sin ella, no puede. Muchas menos oportunidades de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto” decía Sun Tzu. Sánchez lo tenía todo calculado.

PocketSunTzu

De entre todas las capacidades que el de Tetuán ha sabido explotar de manera más eficiente esa ha sido la de ser resiliente. Tanto desde su condición humana y psicológica como en su estrategia para presentar su candidatura, por segunda vez, a liderar el PSOE. Que haya vencido en 37 provincias no es un hecho azaroso sino la consecuencia de abordar en cada territorio un mensaje de calado, centrado en sus particularidades y otorgando en sus actos protagonismo a las personas que le han acompañado. Lo pudieron comprobar los militantes que acudieron a Guadalajara en un mitin en el que subieron al atril hasta cuatro personas afines a la nueva onda antes de culminar él mismo el acto. Fueron esos mismos participantes los que se encargaron de aportar la emotividad, dejando al candidato la labor de expresar su discurso más conciliador. Y para cerrar las cortinas, todos en el escenario con el puño en alto.

Su mensaje estaba claro. Su ideario también. El formato para darlo a conocer también. Y las formas para su promoción también. Controlaba todas las variables para llevar a cabo lo que apuntaba Sun Tzu en su obra: “el arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando es capaz de atacar, ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca. Poner cebos para atraer al enemigo”. Y Susana sucumbió.

La estrategia de Sánchez no ha terminado aquí. Queda eso que tanto gusta decir. “Restañar las heridas” nos cuentan. “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas” decía Tzu. Ahora sí, el asalto a la Moncloa ha comenzado.

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