Lo ‘demodé’

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Una de las últimas ediciones del Día de las Fuerzas Armadas, que se celebra tradicionalmente en Madrid. // Foto: rtve.es 

Por Borja Montero

Es imposible en estos días hablar en Guadalajara de otra cosa que no sea del desfile del Día de las Fuerzas Armadas, un honor que se ha concedido a la capital alcarreña, una de las pocas ciudades más allá de Madrid que han acogido a lo largo de la historia. Por mucho simbolismo que se quiera buscar a esta deferencia de la ministra de Defensa, María Dolores Cospedal,  y sin querer entrar a matizar o criticar los sentimientos patrióticos de nadie, el control castrense del tráfico y las penalidades por las que están pasando los ciudadanos y los poderes públicos de la ciudad me hace replantearme si es necesaria la celebración de este tipo de fastos o si las demostraciones de poderío y adhesión tan multitudinarias no han quedado algo pasadas de moda. A continuación, algunos elementos de análisis para el debate.

Mis dudas no se basan en el dinero gastado en este tipo de actos, a pesar de que este año el desfile vaya a costar 350.000 euros al Ministerio, más los costes de personal derivados de horas extra y días libres, además de una cantidad no especificada al Ayuntamiento de la ciudad acogedora de la celebración, de quien ha dependido, entre otras, la colocación de las tribunas, el reparto de entradas a este espacio, la restricción del tráfico en las zonas afectadas desde varios días antes y la instalación de la bandera gigante en la plaza de España (tiene su cierta emoción lo de no usar lo de “Caídos en la Guerra Civil” por primera vez). Se trata de uno de los Días de la Fuerzas Armadas más cuantiosos para las arcas de Defensa, después de unos años en los que los recortes habían llegado también a los fastos militares, un hecho que, supongo, agradecerán aquellos que acudan a presenciar el desfile, ya que alguien menos aficionado a la cuestión militar puede que no diferencie entre una parada más o menos vistosa en este sentido.

Mis reticencias tienes quizás más que ver con las dificultades que este desfile está causando a los vecinos de la ciudad, a los que se supone que se pretende beneficiar con la presencia de todo el aparato militar a unos metros de su casa. Ha habido cortes de tráfico durante toda la semana, a lo que se unirán evidentemente los que vendrán el día de autos, para el que se recomiendo prácticamente no usar el coche si se pasa mínimamente cerca del lugar de los hechos. Y menos mal que se ha elegido una zona más bien remota y poco transitada de la ciudad, como son las calles Camilo José Cela y Salvador Embid de la capital, y no en alguna de las arterias principales de la ciudad (la avenida del Ejército, por ejemplo), lo que hubiera convertido estos días en una semana de locos para casi todos los vecinos y trabajadores de la ciudad. Ni que decir tiene que los residentes en estas dos calles y del resto de la urbanización de chalés que componen esa zona del barrio de La Chopera están obligatoriamente enclaustrados en sus casas durante prácticamente todo el sábado, salvo que quieran ver el desfile, claro.

Y una duda algo más filosófica que me asalta tiene que ver con la demostración del capital militar en sí misma. Actualmente, la geopolítica mundial ha cambiado tanto que ha hecho que, afortunadamente, casi todas las decisiones sobre intervenciones militares se toman en organismos internacionales, tales como la OTAN o la ONU, con el fin de evitar posibles ramalazos belicistas, rencores y venganzas de un solo país y primar otro tipo de soluciones a los conflictos antes que las operaciones armadas. Por otro lado, hace ya muchos años que se dejó la denominación de Ministerio de la Guerra para pasar a la actual de Defensa, extendiéndose cada vez más la idea de que las intervenciones militares tienen más que ver con la paz y la ayuda humanitaria que con las acciones bélicas y armadas propiamente dichas. A pesar de estos dos hechos, el Día de las Fuerzas Armadas se utiliza igualmente para la demostración de poderío militar, para sacar tanques y aviones a la calle y para mostrar sin reparo ni vergüenza miles de fusiles y ametralladoras de todo pelaje en lugar de aprovechar la ocasión para hacer precisamente algo de pedagogía al respecto de la solución pacífica de conflictos, de los desafíos internacionales a los que podrían enfrentarse España y aliados y de las actividades que están realizando de forma efectiva los militares españoles en sus misiones actuales y recientes.

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