La hormigonera

Por David Sierra

Suena la hormigonera. Dos trabajadores se afanan echando tierra y cemento para hacer la masa. Han empezado temprano para aprovechar la fresca matinal. El adoquinado es una tarea que requiere paciencia y tiempo. Así lo transmite la directora de obra. Otros dos, uno de ellos con mono azul atado a medio cuerpo, toman un descanso y se refugian en la pequeña sombra del olivo centenario que centra la plaza. Una trabajadora, la única de los ocho que están en el proyecto, se encarga de aprovisionar de agua a la cementera, que no para de dar vueltas. La crisis económica había apagado por completo el sonido de esta máquina, que servía antaño de reclamo a los ojeadores jubilados.

No se trata de una obra particular. Ni de una gran promoción urbanística. Es el taller de empleo que ha comenzado hace unos días en Humanes con una actuación dirigida a la enseñanza de la albañilería. “Revestimientos continuos en construcción” es la especialidad. Con esta idea pretenderán restaurar la Plaza Mayor y el Parque de Las Charcas a la par que aprenden un oficio que hasta la fecha estaba denostado. Y trabajar por unos meses, seis en concreto. Un pequeño alivio para municipios como éste, donde la caída de la construcción fue como un kilo de plomo sobre una gallina.

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Alumnos del taller de empleo de Humanes.

Este año la provincia de Guadalajara tiene aprobados 16 talleres de este tipo sobre diversas materias como el turismo, la hostelería, la promoción, la naturaleza, la jardinería y la dinamización de actividades, entre otros. Los alumnos aprenden mientras desempeñan una tarea por la que reciben un salario. Y en los casos como el de Humanes, además, el proyecto en el que trabajan trae un beneficio al pueblo. Por una temporada, los inscritos dejan las listas del paro y ganan posibles para conseguir un empleo en el futuro.

Como bien decía el delegado de la Junta en Guadalajara, Alberto Rojo, en su visita reciente a Pioz para dar el pistoletazo de inicio al taller de jardinería y mantenimiento de espacios públicos, esta iniciativa de empleabilidad tiene tres efectos beneficiosos: “la mejora de la autoestima de las personas beneficiarias, que se sienten de nuevo útiles al realizar una actividad que además reporta unos ingresos a la familia; el aumento de las posibilidades de inserción laboral y, a la vez, la mejora del municipio, que es percibida y disfrutada por el conjunto de la ciudadanía”.

Para los municipios, albergar este tipo de talleres se ha convertido en una buena manera de llevar a cabo proyectos que no entraban en su presupuesto o bien les permiten destinar esa inversión a otros menesteres que sí pueden aparecer previstos en las cuentas municipales. Y estos planes conceden al ejecutivo autonómico la posibilidad de derivar fondos de manera indirecta a proyectos para los municipios que dan cobijo a estos talleres.

En cuanto a la situación laboral de los alumnos, la cuestión no es tan sencilla pues no todos los talleres que combinan empleo y formación tienen las mismas salidas profesionales. Tampoco los empleados reciben un seguimiento posterior a la labor realizada, por lo que en la mayor parte de los casos el taller se convierte más que nada en un beneficio para el ayuntamiento de turno. La delgada línea entre empleo y formación se vuelve inexistente cuando, o bien los alumnos ya están cualificados en la materia o la cualificación obtenida es tan escasa que el propio taller se convierte en un empleo encubierto con horas de aula obligada.

Dice Manolo, uno de los trabajadores participantes en este tipo de talleres, que menos mal que ha salido esto. Que la cosa está muy mal. Que por lo menos está ocupado. Ha superado los cuarenta años. Le cuentan que el sector de la construcción está reflotando. De hecho, Guadalajara triplicó por tres el número de visados de obra nueva con respecto al año anterior. Las grúas vuelven a surcar los cielos por encima de los tejados. Las inmobiliarias reaperturan como los caracoles y comienzan a ocupar de nuevo locales en el centro de la capital. Para cuando regrese la anhelada bonanza, Manolo, como muchos otros, ya estará preparado para hacer rodar de nuevo la hormigonera.

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