Román, año X

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Antonio Román ha hecho balance esta semana de la mitad del mandato actual y de la década que lleva al frente del Ayuntamiento de la capital: // Foto: guadalajaradiario.com

Por Borja Montero

Cuando uno se fija en procesos que están en marcha, en fenómenos actuales, muchas veces no es consciente de su trascendencia precisamente por ese sentimiento de actualidad, de “está pasando”, de vivir el día a día. En este eterno debate entre el periodismo, que tiende a narrar cada acontecimiento como si fuera una gran gesta a pesar de tratarse de la más absoluta cotidianidad, y la historia, que se encarga años después de poner a cada cual en su sitio, llega un momento en que nuestra vida diaria se convierte en material para los anales, en mito, en leyenda, en historia. En estos días, se cumple una década de la llegada de Antonio Román a la Alcaldía de la capital, convirtiéndose en uno de los regidores más longevos de la historia de la ciudad, superado únicamente por José María Bris (11 años), Javier de Irízar (12) y Pedro Sanz Vázquez (1+12) y rebasando nombres ilustres del callejero capitalino como Miguel Fluiters (9), Antonio Lozano Viñes (10) o Felipe Solano Antelo (5), entre otros muchísimos corregidores, intendentes y alcaldes que han regido los destinos de Guadalajara desde su fundación.  

Al margen de lo puramente numérico, y sin intención de ser especialmente exhaustivo, que no es posible resumir diez años y no olvidarse de nada en unas pocas líneas, los balances de la gestión de Román y su equipo al frente de la mesa de control de la ciudad pueden ser muchos, incluso pueden establecerse épocas, divisiones que en ocasiones se corresponden con los mandatos y en otras no. Así, se puede recordar que los primeros años fueron de frenesí constructor y, sobre todo, inaugurador. Román se encontró los presupuestos más altos de la historia del Ayuntamiento, lo que permitía llevar a cabo obras de todos los colores impulsadas por el Impuestos de Construcciones, Instalaciones y Obras, así como decenas de obras iniciadas en tiempos de Alique y financiados por la Junta de Comunidades, fruto del frenesí inversor de antes de la crisis, y otras tantas que se pudieron hacer cuando el Gobierno de Zapatero decidió ejercer de Reyes Magos con los municipios con las dos ediciones del Plan E que trataron de paliar los efectos de la crisis principalmente en la construcción. En este sentido, y con todos estos millones de euros en la buchaca, cabe recordar la renovación de aceras, pavimentos y mejora urbana general prácticamente en toda la ciudad llevada a cabo en los primeros ejercicios y apuntalada con intervenciones más pequeñas posteriormente, y la reforma integral del Casco Histórico, tan polémica por su normalización estética de todas las calles (aquello de la “operación granito”) pero necesaria en muchas zonas, culminada finalmente con la conversión de una vía básicamente de tránsito de coches, Ingeniero Mariño-Doctor Ramón y Cajal, en un presunto “Eje Cultural”, así como instalaciones tales como el parking de Adoratrices, la Ciudad de la Raqueta, la Jefatura de la Policía Local…

Lo de “obras son amores” le duró unos cuantos años a Román y su equipo, algo más de un mandato, y le sirvió para poder ordenar las cuentas y cogerle el truquillo a la gestión económica, consiguiendo resultados positivos y superávit en todos los ejercicios y que no se resintieran agónicamente los servicios prestados por el Consistorio a pesar de la evidente reducción en los Presupuestos Municipales al caer los ingresos en prácticamente todos los impuestos, a pesar de que algunos han incrementado su gravamen de forma importante en esta década. Fue precisamente esta rebaja en el presupuesto disponible para invertir en obras lo que ha llevado a la privatización de servicios como el abastecimiento de agua, que sigue coleando debido a la enésima subida del recibo para ajustar el equilibrio económico de la concesión, y a la siempre peligrosa colaboración público-privada, que se ha materializado en proyectos como el parking de la Plaza Mayor o, mas recientemente, el Centro Acuático.

Al margen de lo hecho, hay dos cosas que sí llaman la atención de esta década en la ciudad. La primera de ellas es el cambio de actitud del propio Román. A la altura del año 2007, el entonces líder de la oposición era una persona atenta, tremendamente visible en las calles, el yerno perfecto que recorría la ciudad en su propio coche para denunciar las necesidades de los barrios y siempre tenía una sonrisa para los medios de comunicación y los vecinos que a él se acercaban. La situación obligaba, se entiende. A pesar de su indudable capacidad de fabulación, presente en casi todos los políticos de cierto recorrido, su discurso era también más rico e interesante, con ciertas reflexiones de cierto calado acerca de la ciudad y un carácter propositivo y proactivo. Esta actitud se mantuvo durante algunos años del primera mandato, pero el poder omnímodo que permite la mayoría absoluta termina por subir en el pedestal a cualquiera, por lo que esa capacidad de conversación se fue perdiendo, incluso con temas tan peregrinos como el traslado del Recinto Ferial o la implicación del Ayuntamiento en la Feria Chica, ahora prácticamente extinta. Y de aquellos polvos, de esa paulatina pérdida de conexión, estos lodos, la total incapacidad para pactar, debatir, conversar o, incluso, cumplir lo que se ha decidido en el Pleno: demasiadas votaciones ganadas, hasta con dieciséis votos a favor de veinticinco concejales totales, como para andar cediendo ahora.

Y otra cuestión que llama la atención, y quizás explique en cierto modo un cierto estancamiento de la gestión municipal, sobre todo en lo que a originalidad, novedad e innovación se refiere, es la confianza persistente de Román en su equipo. De los actuales 11 concejales del PP, siete ya estaban presentes en aquella primera victoria electoral de 2007, mientras que otros dos formaban parte del gabinete de la Alcaldía y de los asesores del Equipo de Gobierno. Junto con el cada vez más capital Jaime Carnicero y la obligada Ana Guarinos, llevan también diez años en el Ayuntamiento baluartes que han ido ganando peso como Encarnación Jiménez y Alfonso Esteban, especialistas como Isabel Nogueroles y Eladio Freijo y hombres para todo como Armengol Engonga y Francisco Úbeda.

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