Los encierros por el campo, entre el maltrato y la tradición

Por Celia Luengo

Escenas como esta se suceden cada verano por numerosos pueblos de la provincia

Estamos a punto de comenzar la temporada festiva de nuestros pueblos y con ella una tradición que no deja de ganar adeptos cada año que pasa aunque no por ello esté exenta de polémica, los encierros por el campo. Guadalajara es la provincia castellano-manchega donde más extendidos están este tipo de festejos que, sin embargo, en algunas comunidades como Madrid o Cataluña han sido prohibidos hace algunos años. Tal es la afición que incluso alcaldes de pueblos limítrofes con nuestra provincia como los Santos de la Humosa, Camarma, Meco o Valdeavero, hablan de una auténtica migración de sus ciudadanos hacia Guadalajara los días que hay encierro por el campo.

Y efectivamente así es, se han convertido en una romería a la que acuden cientos de personas a pie, a caballo, con niños, ancianos, en coche, en moto, en quad, en tractor o todoterreno, da igual cómo con tal de acercarse lo más posible al toro. Es un maremágnum sumido en una nebulosa de barro y polvo en el que resulta muy difícil controlar a aquellos, quiero pensar que muy pocos, que para divertirse no saben hacer otra cosa que maltratar al animal. Y estos casos, por desgracia, suceden mucho más habitualmente de lo que pensamos.

La normativa que regula la celebración de festejos taurinos en Castilla-La Mancha y por ende este tipo de eventos, no es nueva. Es cierto que el año pasado se aprobó un nuevo decreto que modifica el Reglamento de Festejos Taurinos Populares de 2013 mejorándolo en algunos aspectos, pero no es menos cierto que la prohibición de acercarse al animal, o de maltratarlo, o de circular en el encierro con vehículos no autorizados ya existía en la anterior normativa. Por tanto, quizás el problema no esté tanto en el contenido de la ley como en la falta de cumplimiento de la misma.

Lo que ha hecho el nuevo decreto es aumentar la distancia mínima de seguridad entre la zona de suelta y de la espectadores a 300 metros, prohibir la presencia de cualquier tipo de vehículo, incluidos motos y quads, excepto los autorizados por el Ayuntamiento y aumentar los seguros imprescindibles para la celebración de cualquier festejo. Sin embargo, en cuanto al maltrato del animal sigue siendo absolutamente insuficiente ya que sólo introduce un pequeño cambio y es que si antes el presidente podía ordenar la suspensión del evento cuando las reses eran objeto de maltrato, ahora debe hacerlo si ese maltrato se produce a juicio de los veterinarios del servicio, es decir, nada nuevo bajo el sol.

Prácticas como la del Toro de la Vega de lancear al animal hasta la muerte, afortunadamente van desapareciendo. Foto: el pais.com

Afortunadamente, la conciencia contra el maltrato animal parece extenderse cada día más en nuestro país. La prohibición por parte de la Junta de Castilla y León del famoso Toro de la Vega que no volverá a ser lanceado hasta morir es un claro ejemplo de cómo se va acabando con barbaries disfrazadas de tradición.

Pero aún queda mucho camino por andar para evitar espectáculos como los que cada verano invaden nuestra geografía provincial, en los que una muchedumbre acosa y maltrata a un animal durante horas para su propio divertimento hasta el momento de su muerte a punta de escopeta. Si las fuerzas de seguridad no lo controlan, este año volveremos a ver estampas como las vividas en el pasado, en las que un toro es encerrado entre tractores, coches y demás vehículos a motor casi hasta la asfixia, mientras una muchedumbre corre por el campo destrozando cultivos y lo que pillen a su paso y poniendo en riesgo su vida con el único objetivo de ver más cerca a un animal moribundo.

El encierro de Brihuega es uno de los más antiguos de nuestro país. Foto: guadalajaradiario.com

Y si acaso controlar a este gentío no fuera posible, lo más sensato sería prohibir este tipo de festejos como se está haciendo en muchos puntos de nuestro país, dejando reducidos los espectáculos taurinos a aquellos que se celebran en un entorno mucho más controlado como una plaza de toros o el recorrido de un encierro por las calles donde la normativa es mucho más fácil de hacer cumplir. O casos aislados como el encierro de Brihuega, uno de los más antiguos de nuestro país y fiesta de interés turístico regional, siempre que se establezcan medidas exhaustivas de seguridad para animales y corredores. Pero en general, si desde los ayuntamientos se invitara a los ciudadanos a apoyar con su firma la prohibición de este tipo de eventos, estoy convencida de que terminarían por desaparecer. Eso sería, sin ninguna duda, lo más sensato en un marco en el que controlar a una muchedumbre así es difícil de conseguir.

 

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