“El Hospital de Guadalajara”, la canción del verano

Políticos, camas rotas, esperas y obras, la canción del Hospital Universitario de Guadalajara. // Foto: PP, PSOE

Políticos, camas rotas, esperas y obras, la canción del Hospital Universitario de Guadalajara. // Foto: PP, PSOE

Por Patricia Biosca

La información en verano suele pegar un bajón considerable y los medios tiran de temas recurrentes como consejos para aguantar el calor (eviten deshidratarse bebiendo mucha agua y caminen por la sombra; y, por supuesto, ni se les ocurra salir a la calle en las horas centrales del día a no ser que sea absolutamente necesario), las fiestas tradicionales de los pueblos (y cómo se llenan después de diez meses en los que apenas había almas al calor de la verbena y los toros) y el ambiente en las piscinas y charcas naturales (reducto de domingueros y aquellos que no pueden viajar hasta la playa). En Guadalajara, cuyos políticos parece que tienen a bien solidarizarse con el bajo volumen de noticias, ayudan aportando su granito de arena informativo y, religiosamente, como las procesiones de los pueblos en fiesta, sacan el tema del Hospital Universitario. Camas rotas, esperas eternas, cierre de plantas, aparcamientos que parecen el Grand Prix del verano… Una cantinela que se repite cada época estival, independientemente de quien esté en el poder, y sin sonrojo por parte de los responsables de las declaraciones tras usar argumentos que les cayeron en su tejado temporadas atrás. He llegado a pensar si existe una nota de prensa estandarizada que solidariamente se pasan entre ellos cada vez que hay un cambio de poder. “Ya que te vas a la oposición, te paso esta nota para que te entretengas”, me imagino que dicen en el traspaso de poderes, entregándose las quejas en torno al hospital y la palabra “torticera”, que también es de uso exclusivo político (¡Chupito!).

Este año ha abierto fuego el diputado regional del PP por Guadalajara, Lorenzo Robisco, quien, al igual que sus homólogos denunciantes del estado del centro hospitalario, “ha visitado recientemente las instalaciones”. “Como ya ocurrió hace meses, las camas rotas vuelven a estar hacinadas en un pasillo que ahora Page ha tratado de esconder tapándolas tras una cutre pared de madera. Mientras esto ocurre, muchos pacientes desesperan en el Hospital de Día esperando una cama en una planta que, con suerte, no esté cerrada”. Y, tras estas declaraciones, la puntilla veraniega: “Robisco teme el cierre de más camas con la llegada del verano y un nuevo incremento de las listas de espera que ya están más que disparadas”, recogen los medios de comunicación.

El PP denuncia “inundaciones de temporada, fallos en el sistema de refrigeración (35 grados en algunas habitaciones), aseos clausurados, mobiliario que parece rescatado de un estercolero, caos circulatorio, pasillos y salas que piden a gritos una mano de pintura…” y se queja de que esta “es la estampa a la que cada día se enfrentan pacientes y familiares. La imagen del puro abandono”. Para suavizar, siempre un guiño hacia los profesionales sanitarios, y dejar claro hacia dónde se dirige el fuego.

Abril de 2015. A dos meses de que Emiliano García-Page fuese nombrado presidente de Castilla-La Mancha, el PSOE denunciaba, por boca de su concejal en el Ayuntamiento de Centenera, Pilar Monge, las esperas que los pacientes tuvieron que sufrir en las camillas situadas en los pasillos. En esta ocasión, era la experiencia de la propia política, quien contó que su madre fue trasladada en una UVI móvil “poco después de las dos de la tarde y estuvo en el pasillo hasta pasadas las siete de la tarde, cuando por fin pasó a un box para recibir atención”. “La media de espera era de seis horas, según pudimos contrastar con otros pacientes que también estaban esperando. Es indignante y vergonzoso. La falta de personal es evidente y eso hace que se produzcan situaciones de enorme tensión de las que los profesionales no tienen la culpa, porque la realidad es que no dan abasto”, decía Monge por aquel entonces. ¿Les suena? La ecuación “espera en urgencias+indignación+reconocimiento a los profesionales sanitarios” se vuelve a repetir.

Más lejos llegó la denuncia de María Antonia Pérez León, por aquel entonces portavoz del grupo socialista en la Diputación y ex gerente del propio Hospital Universitario, que se quejaba de que las contrataciones para las sustituciones de verano no habían llegado a 50 en 2014, año en el que hizo la denuncia. Acompañó la rueda de prensa con unas fotocopias de imágenes a color de enfermos esperando en los pasillos (con las caras pixeladas, eso sí. Un detalle). Este golpe de efecto le costó caro al PSOE, pues desde el Gobierno regional (adivinen quién estaba en el poder… Un, dos, tres, ¡responda otra vez!) se elevó una denuncia ante la Agencia de Protección de Datos por la difusión de imágenes de pacientes y profesionales en el Hospital de Guadalajara.

Tras el cierre de camas en verano (al que el equipo que esté gobernando siempre responde con un “adecuación del tránsito de enfermos en la época estival”, porque en estas fechas nadie se pone malo o solo le pasa a orillas del mar en julio y agosto, que todo el mundo tiene vacaciones de maestro), otro tema estrella es el de las obras del hospital. El año pasado, la presidenta del PP de Guadalajara, Ana Guarinos, denunciaba la actitud de García-Page en una visita y pedía que “en lugar de fotografías trajera máquinas y personal para trabajar en el proyecto”. Tachaba su posición de “ofensiva, indignante y humillante para los ciudadanos de la provincia de Guadalajara” y denunciaba, una vez más, que una de las plantas del centro estaba “cerrada a cal y canto”. Aquí otro déja vú: las obras de ampliación del Hospital Universitario de Guadalajara están proyectadas desde 2009 y, desde entonces (incluso antes), se han convertido en una promesa política a la altura de la “erradicación del hambre en el mundo” que muchas aspirantes a Miss Universo pedían en sus ensayados discursos. Ocho años, un poco de asfalto, muchas grúas y un concurso de acreedores es el balance. Y PP y PSOE pasando de Gobierno a oposición y compartiendo argumentario.

Y, aunque no se lo crean, la gente sigue poniéndose enferma y necesitando de hospitales. Propongo que, ya que tenemos que continuar escuchando la misma canción verano tras verano, le demos un ritmo a lo “Barbacoa” de Georgie Dann. Quizá le pegue más el “Despacito” de Luis Fonsi. Yo me quedo con “Promesas que no valen nada”, de Piratas. Feliz verano.

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