
El grupo Fangoria, en concierto. // Foto: Guadanews
Por Patricia Biosca
Las Ferias y Fiestas de Guadalajara son el momento perfecto para que los haters (cuyo significado en español vendría a ser “odiador”; una persona que, por sistema, muestra una actitud de “mosca cojonera” constante y nada le parece bien, ni aunque se salve una especie en peligro de extinción) y los lovers (contrario de los haters y que les parece bien todo lo que se proponga, manifestándolo con vehemencia aunque con muy pocos argumentos) salgan a la luz. Con aquello de “sobre gustos no hay nada escrito” por bandera, el cartel musical propuesto por el Ayuntamiento es la excusa ideal para sacar frases típicas como “más de lo mismo”, “yo me voy de Guadalajara” o “ya era hora que trajeran a ‘ponga aquí el grupo/cantante que elija’ a la ciudad” seguido por el “está bien, pero que vuelva ‘nombre de cantante que ya estuvo el año pasado’”. Una perita en dulce para comentar de la que se relame el lobo de caperucita roja.
Este año le toca el turno a Loquillo y a Fangoria colocarse en la diana en la que los dardos que, por suerte o desgracia, tienen en su mayoría un tinte político que en nada se relaciona con la cultura. Los lovers del Ayuntamiento de Guadalajara, cuyo amor se personaliza en al alcalde, Antonio Román, siempre aplaudirán la propuesta del consistorio, incluso en momentos de sombra como el año pasado (de ahí que este año el Patronato de Cultura haya realizado directamente las contrataciones, sin intermediarios de por medio). Por el contrario, los haters siempre dirán que les parece fatal el cartel, aunque su grupo favorito de hace más de 30 años venga a la ciudad (en cuyo caso dirán ingeniosas frases como “huele a naftalina” o “estos no son ni de mi época”, pero con recalcitrante ironía). Habrá quien dirá que “hay muchas propuestas propias”, que los géneros “son siempre los mismos”, que «siempre se hace caso de los grandes«.

Cartel de los conciertos de Ferias y Fiestas de Guadalajara 2017 // Foto: Ayuntamiento de Guadalajara
Para mi, que este año (al igual que el anterior) no se van a ver satisfechos mis gustos musicales, creo que la oferta es variada, pero se esconde tras un titular de dos nombres que ha tomado la relevancia de los cabezas de cartel (que, además, son los únicos conciertos por los que se paga). Tomaccos, Madrid Hot Hazz Band y William Folkners en el apartado de Jazz; Tregua, Topo y La Fuga para amantes del rock; Nyno Vargas, DJ Rajabobos y DJ Luka Caro en el Guada Electrosound; y una batalla de djs después del pregón y desfile de peñas a cargo de estas, además de los tributos a Ñú y Extremoduro, así como Jotas Xinglar y el Grupo de Bailes Regionales del Palacio de la Cotilla para los más tradicionales son las propuestas alternativas a Loquillo y Fangoria. Con estos nombres se puede discutir si el “ecléctico” cartel del Guada Electrosound es acertado; o por qué no ha vuelto la votación popular que se llevó a cabo hace un par de años por las redes sociales; se puede discutir si el Festival Gigante, que recordemos, es una iniciativa privada, sirve para rellenar el hueco de la música “independiente” o, como parece pasar a tenor de que el Ayuntamiento no proponga grupos de este tipo, la gente sale “asqueada” después de un fin de semana repleto de canciones en inglés y ukeleles. Se puede debatir acerca de muchas cosas, pero en cuestión de variedad, la apuesta es bastante clara.
Luego vendrán las comparaciones con los carteles de Azuqueca de Henares, de Cabanillas del Campo y de Marchamalo, que suelen tener conciertos gratuitos de gente más o menos conocida. Los haters dirán que la organización es cien mil veces mejor, que con la mitad de dinero se ha conseguido un cartel mucho más variado y rico, que son más baratos o que estos conciertos harán que suba el empadronamiento de esos pueblos. ¿Quién está cualificado para decir qué músico es mejor que otro, cuando todos tienen sus seguidores? Personalmente, no me gusta David Bustamente, pero ni se me ocurriría menospreciarlo delante de una fan (en parte porque quién soy yo nadie para decidir en los gustos musicales de otras personas y, en la otra, porque he visto lo que esas jovencitas pueden llegar a acometer por su ídolo cántabro).
Otra historia es que nos guste tal o cual grupo como una fan enfervorecida de La Pantoja, o tal o cual alcalde, como un fan enfervorecido de Antonio Román. Entonces el debate se vuelve más visceral (más incluso que el videoclip de Robbie Williams ‘Rock DJ’), más pasional, menos musical y mucho más entretenido, también he de decir. Porque nos gusta la carnaza, y a mi la primera. ¡Vivan los haters!