Anonymous VS. Román

La web del Ayuntamiento de Guadalajara durante el hackeo por el colectivo de La Nueve. // Foto: El Confidencial

La web del Ayuntamiento de Guadalajara durante el hackeo por el colectivo de La Nueve. // Foto: El Confidencial

Por Patricia Biosca

Mientras todo el mundo hablaba de “la batalla del siglo” con Mayweather contra McGregor, en la irreductible provincia de Guadalajara los mentideros comentaban la guerra (con menos billetes al aire y con un glamour diferente) que el grupo de hackers La Nueve, parte del colectivo Anonymous, declaraba a Antonio Román, alcalde de la capital alcarreña, y a todo su equipo de Gobierno. Este capítulo se producía tras la notificación por parte del Ayuntamiento de Guadalajara a la Asociación a la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) del cobro de 2.057 euros en concepto de la exhumación de los cadáveres en el cementerio municipal de la ciudad. La Nueve hackeó la web municipal, introduciendo un post bajo el título “¿Se puede ser más ruin?”, donde se podían leer cosas como “El Ayuntamiento de Guadalajara cobrará las tasas de la exhumación de Timoteo Mendieta y pagará el triple por una auditoría acreditada de sus servidores”, se llamaba “franquista” al primer edil guadalajareño y se recordaban viejas polémicas del pasado con el alcalde como protagonista.

La noticia de la intención del cobro por parte del Consistorio saltaba a la prensa nacional, poniendo en el foco del disparadero a Antonio Román, blanco fácil de críticas si se escribe su nombre en cualquier buscador de internet. Sus idas y venidas horizontalesde la política a la medicina y las verticales por sus cargos públicos municipales, regionales y nacionales constituyen la metralla perfecta en casos como este, que en los últimos años se han prodigado cual guerra de guerrillas: saltando en el momento más insospechado. Raro se antoja que el equipo de contención que le rodea no tuviese preparado el fuego de respuesta tras la decisión de hacer caso omiso a la moción aprobada en el pleno del Ayuntamiento que exoneraba del pago de las tasas por la exhumación apoyándose en la aún vigente Ley de Memoria Histórica aprobada por el Gobierno de Zapatero. Una propuesta que se debatía el pasado 30 de diciembre por petición de Ahora Guadalajara y que era apoyada por el archienemigo PSOE y el siempre políticamente correcto Ciudadanos, una suerte de fuego amigo que dispara con pistola de bolitas de plástico: hace moratón, pero no llega a brotar la sangre.

En este punto aparecía la primera fila de ataque el equipo de Antonio Román, el segundo teniente de alcalde y concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Guadalajara, Alfonso Esteban. Con razonamientos de cinta adhesiva utilizada una y otra vez, salía al paso de las críticas alegando que “no se pueden establecer bonificaciones o exenciones en las tasas por prestación del servicio de cementerio a determinados colectivos, salvo las expresamente previstas en norma con rango legal, circunstancia que en el caso que nos ocupa no concurre”. También nombraba la Ley de Memoria Histórica, afirmando que, en ésta, “no aparece mención alguna a beneficios fiscales en relación a tributos de la Administración, estableciendo únicamente que haya una colaboración de las administraciones públicas con los particulares para la localización e identificación de víctimas”. Fin de la cita. El consistorio respiró tranquilo, como si acabara de desactivar una bomba. Desconocían en ese momento que les hubiese merecido más la pena contratar a un daltónico que utilizar ese argumento.

La primera respuesta, en este caso seguramente prevista, llegaba poco después. “El juzgado de Guadalajara ha atendido el exhorto de la jueza argentina y tutelado los trabajo de exhumación de la fosa y ningún familiar de las personas exhumadas ha tenido que abonar un solo céntimo de euro por los trabajos de exhumación e identificación“, recordaban desde la ARMH cuando se hacía público el cobro de las tasas, que aglutinaba la recuperación de Timoteo Mendieta y 27 cuerpos más que durante más de ocho décadas han permanecido en fosas comunes sin identificar. La agrupación afirmaba que, pese a tratarse de un proceso judicial, la ARMH se ha responsabilizado de todos los gastos que ha conllevado la exhumación, el material, el alojamiento y la manutención del equipo de voluntarios participantes, y que todos estos gastos se sufragan gracias a los recursos que aportan los socios de la agrupación. Por todo ello, anunciaba que recurriría las tasas impuestas por el Ayuntamiento.

Mientras el principal frente, el de los medios, era el más activo, por la retaguardia se coló un enemigo con el que nadie contaba: el colectivo Anonymous. Más sibilino y underground, su fuerza es la de atacar sin previo aviso y montar un “Día D” electrónico mientras tú solo eres capaz de darle al botón de “apagar equipo” con cara de tonto. La Nueve, con el mismo nombre que la división republicana que participó en la liberación de París del nazismo el 24 de agosto de 1944, colocó a Román a la altura de Telefónica, iDental o la Casa Blanca. Juntos como hermanos, miembros afectados por un ciberataque. Y eso que, unas horas antes, un tuit con forma de preaviso guerrero (“El Ayuntamiento de Guadalajara ha jugado con fuego, y a nosotras nos gusta dar manguerazos“, rezaba en su cuenta en la famosa red social) debía haber hecho saltar las alarmas. El resultado: un Pearl Harbor en la web del consistorio que no se pudo solventar sin echar abajo los servidores, que estuvieron inoperativos un día (una casi puede imaginar esas caras de estupefacción y pánico combinadas con gritos de “¡Reseteo! ¡Reseteo!”). “Si no lo hacíamos nosotras a la larga habría salido todavía más caro, así que con nuestros mejores deseos esperamos que disfruten del espectáculo y abandonen tan despreciables posturas. No están a la altura“, escribían en su página web tras perpetrar el ataque, que se extendió también a todos los documentos del Ayuntamiento, sistemas de pagos online y facturaciones incluidas (aunque desde el colectivo afirman que no se utilizarán con ningún fin).

Durante la sucesión de batallas, el napalm político cubre el verdadero olor que inunda todo el asunto: cadáveres que llevan más de un siglo tirados en agujeros que ni un siglo después consiguen encontrar la paz.

Exhumación de los cadáveres del cementerio municipal de Guadalajara. // Foto: ARMH

Exhumación de los cadáveres del cementerio municipal de Guadalajara. // Foto: ARMH

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