Una pequeña Italia en Cabanillas

Pregón de las fiestas de Cabanillas del Campo 2017. // Foto: Ayuntamiento de Cabanillas

Pregón de las fiestas de Cabanillas del Campo 2017. // Foto: Ayuntamiento de Cabanillas

Por Patricia Biosca

A las típicas canciones de verbena, como el inclasificable ‘Tractor Amarillo’ de Zapato Veloz, el épico ‘Final Countdown’ de Europe y el one hit wonder que toque ese verano, en las fiestas de Cabanillas del Campo de este 2017 se ha añadido de fondo el tema de Nino Rota, ‘Waltz’, famoso por formar parte de la banda sonora de El Padrino (recomiendo darle al play en el enlace y leer este artículo con esa música sonando), aunque cambiando la Cosa Nostra y Nueva York por atracciones de feria y La Campiña. Todo comenzaba con el boicot al ferial de una familia de feriantes, quienes decidían no plantar sus “cacharros” ante la subida de tasas del Ayuntamiento. Los ánimos se caldeaban tanto que el alcalde de Cabanillas, José García Salinas, decidía interponer una denuncia en el cuartel de Azuqueca de Henares por “conductas mafiosas”, ya que aseguraba que los feriantes llevaban desde el día 10 de julio presionando al consistorio y amenazando a los demás puestos ambulantes “utilizando coacciones, amenazas e intimidaciones”. Así comenzaba la historia de la Little Italy de Cabanillas.

El debate llegaba a los medios de comunicación y a las redes sociales, con clara ventaja de Salinas, quien de forma inteligente utilizó la baza de la comunicación e hizo partícipe a todo un pueblo de la amenaza de los feriantes, quienes solo se quejaron de las “tasas abusivas” interpuestas por el consistorio y por medios menos visibles. “Las tasas están aprobadas por el Ayuntamiento con la unanimidad de todos los grupos políticos, que avalaron el trabajo realizado por los técnicos urbanistas, quienes a su vez diseñaron un sistema objetivo en función de los metros cuadrados que ocupa cada atracción”, se defendían desde el Ayuntamiento, explicando que dichos cobros no habían sido revisados desde hacía años. Además afirmaban que el año anterior se habían aplicado “las mismas tasas” y que los feriantes “hicieron muy buen negocio”, por lo que el Ejecutivo de Salinas no contemplaba “ningún dato objetivo que avale sus demandas”.

La rumorología se extendió no obstante por redes sociales, grupos de WhatsApp, vermús al sol. El capítulo del ferial sin su canguro, sus coches de choque y sus colchonetas corría como los cubalibres, muchas veces en exceso. “Igual que los vecinos tienen que pagar sus impuestos, los vecinos también tienen que pagar los suyos”, decía un vecino, calcando los argumentos del consistorio. Pero como Salinas “no es monedita de oro para gustarle a todo el mundo”, que diría el refrán, una señora, no se sabe si asidua a montar en la Olla Loca, opinaba: “Una feria sin todo el tema en el recinto ferial me parece vergonzoso”. “Yo creo que vamos a perder todos”, afirmaba por su parte un feriante que sí se atrevía a poner su puesto y un poco de cordura en el asunto.

Lo cierto y verdad es que las fiestas han pasado y, aquí, una peñista desde años inmemoriales y amante de las fiestas de su pueblo, no ha notado la falta de atracciones en el recinto ferial. Es cierto que la congoja por verlo más desangelado de lo normal dominó muchas mentes y que muchos nos acordamos de esos adolescentes que fuimos y que utilizábamos los coches de choque como punto de encuentro con amigos y conocidos (¿Dónde habrán quedado? ¿Qué habrán hecho si no han podido tontear en esos incómodos bancos de hierro o a base de golpes de feria? ¡Juventud, divino tesoro!). Muchos padres agradecían que no hubiese “cachivaches” y así ahorrarse el dinero de los viajes “que no son precisamente baratos”, afirmaba un progenitor cabanillero en las redes sociales. Y el alcalde se apuntó otro tanto, impecable, al poner atracciones gratuitas para todas las edades. Salinas 2 (por saber gestionar de forma visible el asunto y por poner alternativas que ni la oposición puede criticar), feriantes 0.

Sin embargo, y aunque no se ha reparado demasiado en ello, esta situación causa un precedente en las fiestas de verano en la provincia de Guadalajara. Cabanillas es de los primeros pueblos grandes (y al que cada año acuden miles de personas de fuera) que celebran entre verbenas y toros sus días festivos, y, sin saberlo, se ha podido convertir en un campo de pruebas para futuros boicot. En próximas fechas comprobaremos si el órdago se repite para bingo con perrito piloto de premio o ha fallado como una escopeta de feria.

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