Había una vez un circo

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Los espectáculos circenses con animales salvajes estarán prohibidos en Castilla-La Mancha en un plazo de menos de un año gracias a la ley que acaba de anunciar el Gobierno regional. // Foto: Anima Naturalis

Por Borja Montero

La agenda social, y por tanto la informativa, se ha visto asaltada en los últimos años por algunos temas que se habían pasado por alto o no se habían abordado con toda la profundidad necesaria, como si con los avances producidos hasta el momento ya se hubiera solucionado la problemática subyacente en todos ellos. Junto a algunos de tremendo calado, con influencia en porcentajes mareantes de la sociedad, tales como el feminismo, el racismo o los derechos LGTBI, hay otros debates menos acuciantes pero igualmente necesarios para alcanzar un mundo más justo y sostenible, mejor en definitiva. Incidiendo en uno de ellos, el de los derechos de los animales, el Gobierno regional ha anunciado la futura votación en las Cortes de Castilla-La Mancha de una nueva ley sobre la protección de los animales en la que se prohibirá la participación de animales salvajes en espectáculos de cualquier tipo, con las salvedades de las corridas de toros, encierros y demás festejos populares taurinos y en los parques zoológicos debidamente asentados.

Esta normativa, incluida en el programa electoral de Podemos, todo hay que decirlo, pondrá fin al debate que se producía en los últimos tiempos en muchos ayuntamientos, en los que algunos grupos políticos proponían medidas similares, principalmente referidas a los circos ambulantes, y que muchas veces quedaban en un cajón por diferencias de sensibilidad con el resto de partidos o no se ponían en práctica al declararse los consistorios incompetentes en esta materia. Un ejemplo claro fue el Ayuntamiento de Guadalajara, que aprobó una moción en el Pleno prohibiendo explícitamente los espectáculos de circo con animales salvajes pero que no tuvo los arrestos de hacerla cumplir apenas unos meses después, cuando uno de estos circos se instaló en la ciudad durante más de dos semanas, primero por falta de convencimiento del Equipo de Gobierno del PP y, después, por miedo a posibles reclamaciones de daños y perjuicios por parte de la empresa organizadora del evento.

Casi todos los que lean estas líneas, como el que las escribe, somos de otra generación, y puede que, basándonos en los recuerdos de nuestra propia infancia, consideremos que zoos y circos constituían una forma en la que dar de conocer a los niños de primera mano las especies animales, un entretenimiento que causa gran expectación y fascinación en los más pequeños. Pero los tiempos han cambiado y las tecnologías actuales permiten que, a golpe de clic o en nuestros propios bolsillos, tengamos multitud de materiales con los que enseñar a curiosos de todas las edades imágenes y vídeos sobre el aspecto y la forma de vida de prácticamente cualquier especie en la que podamos pensar. Ademas, hay museos cada vez más completos y dotados, con variadas actividades divulgativas, parques naturales cada vez más accesibles y libros cada vez mejor editados, por no hablar del avance que la realidad virtual y el video 3D pueden suponer tanto para la divulgación zoológica como para el ocio relacionado con los animales.

Por tanto, no es necesario, si es que alguna vez lo fue, que tengamos animales apresados y alejados de su hábitat, todo ello sin entrar en los espectáculos y actividades en los que se les obliga a participar, entrenamiento mediante, en los circos y que poco tienen que ver con su verdadero modo de vida y, por tanto, con el carácter divulgativo que podría atribuírseles (no hay elefantes haciendo malabarismos ni leones atravesando aros de fuego en la sabana africana). Puede que alguna vez en la historia la exhibición de animales exóticos fuera una muestra de avance de la investigación científica o del poderío económico o colonial de un país, pero el tiempo de King Kong ya ha pasado (recuerden además cómo acabó la película).

Evidentemente, la prohibición de los espectáculos con animales salvajes en los circos, que no de los circos en su totalidad, tiene también una vertiente económica de cierto calado. De hecho, el colectivo circense ya ha anunciado posibles movilizaciones, recursos y acciones legales al respecto de la futura ley regional. Sin embargo, cabe recordar que el liberalismo nos ha enseñado que es el mercado el que pone a cada uno en su sitio y dudo de que esta actividad escénica y recreativa sea un negocio especialmente boyante en los últimos tiempos, precisamente por todas las alternativas que acabo de mencionar. Como cualquier proceso económico, esta tendencia de descenso de la demanda de espectáculos con animales lleva aparejado un proceso de aclimatación de las empresas, que se ve necesariamente acelerado con la aprobación de normativas como la que se ha anunciado en Castilla-La Mancha, así como algunos daños colaterales, como es la posible afección en otros espectáculos circenses como payasos o trapecistas, que tendrán que repensar su modelo de negocio para seguir siendo atractivos para el público.

“Había una vez un circo”, glosaba la canción de Los Payasos de la Tele. Y lo seguirá habiendo, y seguirá alegrando siempre el corazón de cuantos vayan, “un mundo de ilusión, lleno de alegría y emoción”, aunque esta vez sea sin animales salvajes forzados a vivir una vida que no les corresponde.

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