El comentario

Por David Sierra

Las tardes de supermercado de barrio en el mes de agosto se vuelven soporíferas y tediosas. La afluencia de clientela es menor de lo habitual y la música de fondo, pausada y suave, da pie a que haya ese intercambio de miradas previo entre empleado y comprador que precede a una posible conversación. En la mayor parte de las ocasiones, el diálogo es banal. Pero a veces deja perlas.

Estaba reponiendo y colocando mercancía entre el primer y segundo pasillo, en un espacio abierto donde se ubica la zona de bollería y panadería, con una pequeña isla destinada a esos productos que, de otro modo, nadie adquiriría. A su izquierda, una muchacha valoraba los distintos precios de la harina. Llevaba sobre su cabeza un hiyab, ese pañuelo de uso generalizado en el mundo musulmán que cubre el cuello y el pelo sin tapar el rostro. En ese preciso momento apareció otro cliente. Es habitual y conocía la tienda al dedillo. Fue directo a la izquierda del empleado, donde estaba la leche. Mientras arrancaba el plástico del lote de seis unidades, para llevarse un par de ellas, saludó vagamente. Su mirada, sin embargo, traspasó al reponedor. Y se centró en la mujer. “¿Sabes que a éstos el Gobierno les da ayudas y dinero sin trabajar?. Vienen aquí, les damos una paga y mira tú, aquí currando. Lo ha dicho esta mañana la radio. Por lo menos a ti te hacen el gasto. Si es que los españoles somos los más tontos. Esto en otros países no pasa” dijo. El trabajador encogió los hombros y siguió con la tarea.

Unos días antes, el mundo occidental se estremecía ante el atentado terrorista de La Rambla de Barcelona y Cambrils, que se cobraba 16 víctimas mortales y un centenar de heridos. A raíz de esta tragedia han proliferado por redes sociales un amplio abanico de reflexiones desacertadas y bulos que han recaído sobre toda una comunidad que, en España, está plenamente integrada en cumplimiento con la legislación.

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FOTO: F. Toquero, publicada en http://www.lacronica.net

Decía Riay Tatary, presidente de la Comisión Islámica de España, en una entrevista reciente en el diario El País, abordando ese sentido conciliador que “España es nuestro país y lo defendemos como nadie. Somos de las comunidades europeas más integradas. Como prueba, puede afirmarse que no hay guetos. Los primeros interesados en que no los haya son los propios musulmanes”. Sin embargo, los sectores más ultraconservadores que abogan por el sentimiento nacional han intensificado su campaña contra el extranjero ‘no rico’ procedente de los países de mayoría musulmana, mediante la confusión de terminologías de ámbito geográfico, cultural, político y religioso. Basan sus informaciones en mentiras, datos falsos o tergiversados, descontextualizados o sin contrastar para difundir informaciones interesadas aprovechando la potencia de alcance de las redes sociales.

Un claro ejemplo surge cada año cuando las comunidades autónomas hacen públicos los listados de beneficiarios de las ayudas al alquiler, en las que suelen aparecer numerosos nombres identificados como extranjeros. Pero no se fijan en las diferentes nacionalidades para que la queja sea uniforme. Son los ‘moros’ los que molestan. No dicen que para poder recibir esta ayuda tienen que ser españoles, poseer la nacionalidad de alguno de los Estados de la Unión Europea o  —si es extranjero no comunitario— contar con residencia legal en España. Las diferencias entre comunidades autónomas para la concesión de estas ayudas son mínimas y los requisitos son similares para otro tipo de beneficios sociales. Tampoco argumentan que los criterios de selección se centran en el nivel de renta. Y que la razón por la que en los listados es frecuente que aparezcan más extranjeros que nacionales es simple y llanamente porque es mayor el número de solicitudes que cumplen los requisitos legales establecidos.

Amina es musulmana. Su nombre significa “fiel”. Nació en Madrid, sus padre, argelino, emigró  hace dos décadas a la península para trabajar en el campo. En uno de esos viajes conoció a Bashira, la que después de un tiempo se convertiría en su esposa. Ella cuidaba ancianos en la capital. Amina es musulmana. Viste con orgullo la shayla. Le encanta la cultura islámica que estudia en la universidad. Aunque por la calle la identifiquen como ‘mora’ o ‘árabe’, defiende con orgullo su nacionalidad. Amina es española y musulmana.

El último Estudio Demográfico de Población Musulmana que elabora el Observatorio Andalusí, dependiente de la Unión de Comunidades Islámicas de España, revela que de los cerca de dos millones de practicantes de la religión del Corán, más de 800.000 son españoles. En Guadalajara, las cifras son muy similares a las nacionales, pues de los cerca de 14.000 musulmanes, algo más de 7.000 son extranjeros y cerca de 6.000 tienen nacionalidad española.

El terrorismo islamista utiliza la religión como refugio y justificación de sus acciones criminales y políticas. Y a pesar del desasosiego que causa que puedan atentar en territorio occidental, son los países de mayoría musulmana los que sufren con mayor crudeza sus acciones. En el mundo son más de 1600 millones de personas musulmanas, entre ellas también españoles, y criminalizar a toda una comunidad y atentar contra sus derechos por sus creencias es el primer paso para que quienes siembran el terror puedan sentirse victoriosos.

Un pensamiento en “El comentario

  1. Bueno otros artículos me han gustado mas…en mi trabajo ha habido chicas musulmanas y han trabajado como todas ..mostrando su cabello y con su informe ..todas iguales…no entiendo porque se tiene q tolerar ese orgulloso pañuelo q dice usted para identificar una religión en un trabajo eso es lo menos importante…igual q no se pueden llevar collares u otros adornos…en fin yo soy de respetar las culturas pero me gustaría q se integraran en la nuestra …no se si me he explicado bien😢

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