Más vueltas que la noria

Recinto-Ferial

Imagen del recinto ferial de la ciudad de Guadalajara, situado al otro lado de la autovía A-2 y que, durante el resto del año, sirve como aparcamiento al centro comercial y al edificio de oficinas colindante. // Foto: Ciudadanos Guadalajara

Por Borja Montero

Sin duda toca hablar de Ferias. Y es que la ciudad tiende a atender de forma más o menos unánime a las actividades festivas y de ocio propias de estos días, suspendiéndose casi por completo otros menesteres, al menos en la esfera pública. Además, la edición de este año no ha estado exenta de sus propias polémicas y misterios, que también podrían ser motivo de análisis en este foro: el gusto (o falta de él) de dedicar el desfile de carrozas a algo tan poco universal y tan alejado de la idiosincrasia de la ciudad, por no hablar de lo alejado de la edad media de los destinatarios principales de la comparsa, como es una serie de televisión violenta y cargada de sexo, la desaparición inexplicable y temporal de uno de los personajes habituales de los desfiles de cabezudos, el Mangurrino, que ha servido para reivindicar la figura del personaje que se recuerda ante los más jóvenes; las diferencias de rasero entre unas peñas y otras en lo que al horario de sus verbenas se refiere; el decoro (o falta de él) del desfile de peñas y chupinazo inaugural de la semana festiva, o las quejas de los usuarios que no viven las fiestas de forma tan activa y quieren seguir utilizando normalmente las piscinas cubiertas o la pista de atletismo de la Fuente de la Niña. Sin embargo, y al margen del mordiente que estos temas pudieran tener tomados de forma individual, puede que sea más beneficioso de cara a la posteridad ocuparnos de hablar de las Ferias y Fiestas de Guadalajara en su conjunto.

Se trata de un debate que sale a la palestra de forma periódica, prácticamente cada año cuando se acercan las fechas festivas (no cuando comienzan a organizarse, momento en el que probablemente sería más conveniente), pero en el que nunca se entra con profundidad, quizás porque tal cosa es imposible. La última sesión ordinaria del Pleno municipal, en la que se aprobó incluso una moción para crear una plataforma en la que estuvieran representados los diferentes colectivos implicados en la organización y en la celebración de las fiestas para dar con el Santo Grial de un nuevo modelo que contente a todos, nos dio una buena muestra de en lo que suelen convertirse estos debates sobre el modelo de Ferias que se busca para la ciudad: el Gobierno se defendía por mantener un programa tremendamente similar al que ha tenido la ciudad desde hace décadas mientras que la oposición criticaba con ahínco las cosas que funcionan un poco peor pero sin poder precisar exactamente dónde esta el fallo o cómo mejorar su implementación.

Y es que establecer las líneas maestras del modelo de Ferias que queremos para la ciudad es muy sencillo: actividades para todas las edades, programación cultural y festiva, ambiente en el centro de la ciudad, implicación de todos los barrios, fiesta diurna y nocturna… TOdos esos ítems estarán en la lista de deseos que proponga prácticamente cualquier partido o asociación, y probablemente todos ellos estén ya en el programa festivo actual, pero el problema es la implementación real de esas propuestas, la traducción de esos estándares de calidad en medidas concretas a plasmar en el calendario festivo y en el mapa de la ciudad.

Hay algunas cuestiones que es evidente que deben ser abordadas de una forma más o menos urgente. La primera de ellas es la potenciación o cambio de ubicación del recinto ferial que, tras diez años en funcionamiento (algunas peñas se mudaron allí en 2007, el resto de la feria lo hizo un año después), no ha conseguido consolidarse como centro de la ambientación festiva, principalmente por tratarse de un aparcamiento de centro comercial situado a las afueras más inaccesibles de la ciudad, ni siquiera con los privilegios horarios que se conceden a sus actividades. Otra cuestión es la de tomar a las peñas en serio a la hora de diseñar las Fiestas: no se trata de una horda de fiesteros que solamente quieren beber hasta altas horas de la madrugada, sino que también hay un factor de dinamización festiva con sus actividades y su colorido. Y siempre hay elementos que merece la pena debatir, como la conveniencia de los conciertos de pago o la apuesta por más actuaciones musicales gratuitas (habida cuenta además de la consolidación del festival Gigante unos días antes de la Feria) o el éxito de la Feria Taurina y su rentabilidad social, económica y festiva, entre otras.

Sin duda que el debate, si se acomete con un sentido realmente innovador y crítico, puede ser muy provechoso, aunque lamentablemente todo apunta que el año que viene tendremos una nueva edición de la Ferias y Fiestas de Guadalajara tal y como hasta el momento conocemos.

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