La pantera fantasma

Iker Jiménez, durante el reportaje 'Operación pantera'. // Foto: Cuarto Milenio

Iker Jiménez, durante el reportaje ‘Operación pantera’. // Foto: Cuarto Milenio

Por Patricia Biosca

¿Qué harías si ahora mismo viene un toro bravo?”. Esta era una de las preguntas que nos hacíamos de pequeños en las largas noches de verano en los pueblos, mientras las abuelas “tomaban el fresco” sentadas en la calle, al lado de la puerta. La reacción después de ese interrogante era mirar a tu alrededor en busca de un sitio alto al que subirte, imaginando cómo podrías escalar a una señal de tráfico, un poste de la luz o un muro de un patio. Los más instruidos decían que, ante la visión de un fiero astado, se quedarían quietos porque los toros no distinguen objetivos que no se mueven. Como no teníamos smartphones, nunca llegamos a comprobar esta teoría, así que se daba por válida y se alababa al sabio que la introducía en la conversación, guardándola con recelo para sacarla a colación la próxima vez que se abriera el debate con un público distinto.

Me imagino a los chavales de Bañuelos, La Bodera y Jirueque pensando en esta misma diatriba, pero cambiando el toro por la pantera que dicen haber visto los vecinos de estas localidades de la Sierra Norte de Guadalajara. “Macho, imagina que viene ahora la pantera. ¿Qué harías?”, pregunta uno mientras los chicos se miran imaginando los “ojos verdes” del animal que aseguran haber divisado en el paisaje. Algunos podrán dar la versión erudita de la que escribía antes, ya que un experto en felinos, acompañado por el comandante de la “nave del misterio”, Iker Jiménez, les explicó durante la grabación del reportaje qué es lo que debían hacer si se encontraban con la supuesta pantera que campa a sus anchas por la Serranía de Guadalajara (que no Alcarria, Iker). “Si vais solos por el campo, nunca echéis a correr, no os asustéis”, dice el entendido en felinos a los niños, estos sí con smartphones a pesar de no llegar a la adolescencia (¡los tiempos cambian que son una barbaridad!), a los que también recomienda bajarse de la bicicleta y, sin perder contacto visual con el animal, continuar andando “tranquilamente”. Mientras veo esto por televisión, me acuerdo de aquella teoría de quedarse quieto y la de veces que he pensado si, en ese momento, sería capaz de tener los nervios de acero para acometer tal hazaña.

Después de esta charla, el intrépido grupo de Cuarto Milenio continúa en busca del gran felino, buscando huellas en el papiro de la arcilla (me vuelve a asaltar una duda: ¿se bajarían del jeep aventurero, descapotable, que despeina a Iker Jiménez y Carmen Porter mientras recorre los campos agrestes de Castilla, cada vez que vieran barro al lado de la carretera?). “Son de un gato montés común”. Decepción en el grupo. Se cuelan entrevistas a algunos vecinos (creo, no pone quiénes son), incluso a periodistas locales, como la compañera Rosa San Millán, profesional de Guadalajara Media y quien ha seguido de cerca el asunto (impagable la escena de los señores sentados en sillas de plástico en medio de una calle en el pueblo, una mezcla de debate televisivo con la imagen de nuestras abuelas “al fresco”). A pesar de que Iker hace una alabanza a estos medios provinciales que siguieron el extraño caso de la pantera fantasma, y de los que incluso salen imágenes en el propio reportaje, la intervención de San Millán se queda en apenas una frase y sin atribución en el subtítulo.

Porque lo que prima es la búsqueda de la pantera del intrépido Iker y sus secuaces. Y, de repente, “cuando habían perdido toda esperanza”, dice Iker, encuentran lo que dicen es una huella clara de un gran felino. Le echan yeso y la inmortalizan. Les juro que he visto esa escena como unas cinco o seis veces, y yo no distingo los dedos ni las garras. Me he acercado a un palmo de la pantalla, e incluso he entornado los ojos como el Fary cuando canta ‘El morito Juan’, y ni con esas. Mucho menos cuando enseñan el molde ya rígido manchado con el terruño que se afanan en desprender con una brocha.

Todo este argumentario y la que aquí escribe no duda de que los vecinos vieron algo y de que los testimonios no son mentiras. Jamás. De hecho, pensar que, si en realidad una pantera campa a sus anchas por Castilla, su origen está en una casa en la que a alguien se le ocurrió la brillante idea de tener un animal de tales características, como emulando al torero Jesulín con su tigre Currupipi, me hace esbozar una sonrisa (aunque el tema se ponga serio si hay un animal así suelto en libertad). Porque lo que parece estar claro, y así nos lo explica también Cuarto Milenio, es que no se ha podido escapar de un zoo o una reserva legal.

Puede que sea por el amor al animal print de Porter, pero se les ve entusiasmados, como si hubiesen descubierto algo que los guadalajareños (e incluso el resto de España, porque este tema ya saltó a la prensa nacional a finales de verano) no supiésemos. Aún así, sigo disfrutando con el espectáculo de este programa. Es verdad que yo desconocía que, si veo una pantera, debo bajarme de la bici para no convertirme en una presa para el depredador. Desde aquí, gracias por la lección. Espero poder sacarla como aquel que en su día me dijo que los toros no perciben presas si no están en movimiento. Pero ya tendrá que ser el verano que viene…

Feliz otoño.

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