Molina ‘El Golpista’

Por David Sierra

Cualquier argumento en política pierde toda su razón de serlo cuando para defenderlo se utilizan calificativos descalificadores contra quienes sostienen o apoyan la postura contraria o diferente. Esto le ha ocurrido recientemente al senador popular por Guadalajara, Juan Antonio de las Heras, que ha llamado – con  todas las letras -, “golpista” al líder de Podemos en la región, José García Molina, en su afán por criticar la visita de éste a su homólogo en la Generalitat de Cataluña, Oriol Junqueras, en pleno conflicto independentista.

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Juan Antonio de las Heras durante su comparecencia para criticar la reunión de José García Molina con Oriol Junqueras.

García Molina, catalán de nacimiento y con familia en esa región según revela lacrónica.net, mantuvo un encuentro con Junqueras el pasado 21 de septiembre “a título personal” y, tras el mismo, señaló a su regreso su posición contraria a que el pueblo catalán se desvincule del Estado español; aunque se mostró partidario del derecho a decidir mediante fórmulas negociadas y consensuadas a través del diálogo.

La postura del máximo mandatario de Podemos en la región se encuadra en la misma línea de su partido que, a grandes rasgos, ha defendido a nivel nacional el sí a un referéndum negociado. Sin embargo, la visita ha levantado ampollas entre los miembros del Partido Popular en la comunidad autónoma y en la provincia por lo que no han dudado en aprovechar la ocasión para lanzarse a la yugular exigiendo el cese “fulminante” del ahora vicepresidente del gobierno de Castilla La Mancha y atacar al ejecutivo que preside el socialista García Page.

Primero fue la senadora del PP por Guadalajara, Ana González, quien calificó el encuentro de “indignante” y “bochornoso” para, acto seguido, poner en marcha toda la maquinaría de las elucubraciones, falacias y calumnias. Apuntó que García Molina había acudido a Barcelona “para defender un referéndum que es ilegal, para alentar la desobediencia a la Ley y que se ha mostrado abiertamente partidario de la independencia de Cataluña”. Aún sigo buscando algún texto o declaración que acredite tal afirmación.

Unos días después le tocaba el turno al senador y exconcejal de Guadalajara, Juan Antonio de las Heras, que volvió a hacer gala de su verborrea y salidas de tono para llegar a calificar al líder de Podemos de “golpista” mientras mostraba a los medios una fotografía del encuentro calificándola de “la foto de la vergüenza”. En ese afán por desacreditar a quienes no defienden los postulados del Partido Popular, De las Heras no dudo en sostener que el vicepresidente segundo del gobierno regional “apoya la secesión y el golpe de Estado que pretenden los independentistas de Junqueras”.

La respuesta al “viaje de la vergüenza” al que aludía el senador popular llegó en boca de la portavoz socialista regional, Blanca Fernández, instando a los ‘populares’ a pedir “el cese de la vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaría, que se ha reunido en varias ocasiones con Junqueras”.

Son desvíos de los acontecimientos y del lenguaje como éstos los que mantienen el fuego cruzado candente del nacionalismo, catalán y español, con el único propósito de perpetuar el conflicto en el tiempo aplicando aquello que una vez dijo Hitler de “las grandes masas sucumbirán más fácilmente a una gran mentira que a una pequeña”. Y añado, más aún si un hecho cierto es embadurnado con una dosis de falsedad e improperios para lanzarlo sobre un público específico que atiende, sin verificar, al mensaje y lo incorpora como propio a su argumentario particular.

Desde que la deriva catalana copara las primeras páginas de los periódicos y las entradas de los informativos, ya hace unos cuántos días, los bulos y las denominadas ‘posverdades’ adaptadas a cada territorio de la península que ambos bandos han ido dejando por el camino, han originado un caldo de cultivo de consecuencias imprevisibles. A lo largo de este periplo hemos asistido a la despedida de guardias civiles como si fueran a realizar su último servicio, a la puesta en funcionamiento de la maquinaría mediática de un gobierno inmovilista escudado en un artículo, el 155, de escasa consistencia a nivel internacional, a registros de imprentas amparados en la legalidad pero rememorando tiempos pasados censurables, a la puesta a disposición judicial de alcaldes por el simple hecho de apoyar el derecho a decidir o más bien por no evitarlo, a la convocatoria ciudadana a participar en un proceso sin garantías, a la manipulación de imágenes con la bandera estelada como protagonista e incluso a la entrevista de Puigdemont en La Sexta, que no tiene desperdicio.

Mientras el scroll lo permita el lector de medios digitales podrá encontrar las razones por las que exigir las dimisiones de quienes ahora centran todas las portadas. Después del 1-O ya veremos.

 

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