Pensiones dignas

Por David Sierra

Bajo la alfombra del conflicto generado por las voluntades independentistas de algunos sectores de la sociedad catalana interesada en seguir manteniendo ocultas sus ‘vergüenzas’  con la participación voluntaria de un ejecutivo que acoge orgulloso el auge nacionalista de la derecha española con esa mano en alza y sin consecuencias, quedan sepultados aquellos derechos que tanto costó conseguir y que el saqueo de las arcas públicas disfrazado en forma de crisis ha ido esquilmando en la última década. Que con casi veinte años de siglo XXI ya cumplidos aún haya marchas por la lucha de unas pensiones dignas y que estas sean multitudinarias dice mucho de la lejanía existente entre la actualidad presentada detrás del plasma y la ambiental.

La Puerta del Sol madrileña acogía el pasado lunes a miles de manifestantes procedentes de todos los puntos del país, llegados en cuatro columnas que nueve días antes habían partido con el objetivo de sumar apoyos para reclamar unas pensiones dignas para el presente y para el futuro. La marcha que partió de Cantabria pasó por nuestra provincia el viernes y a ella se fue sumando gente comprometida con la causa.

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La movilización organizada por UGT y CCOO pedía la derogación de la reforma laboral y recordaban que en los últimos años la subida de las pensiones ha sido de tan solo un 0,25%, un porcentaje muy inferior al de la subida de los precios, lo que ha generado una pérdida real de poder adquisitivo de los pensionistas. Por ello reclaman que la Ley vuelva a equiparar ese incremento con el del IPC (Índice de Precios al Consumo). Del mismo modo, ambos sindicatos solicitaban también que España se pusiera a la altura de Italia o Francia en el gasto de pensiones para situarse en la media del entorno europeo.

El hecho de que muchas familias en España hayan tenido varios de sus miembros sin empleo y, por tanto, sin una entrada de ingresos regular, ha tenido como consecuencia que los jubilados, gracias a su pensión, se hayan convertido en el soporte económico principal del núcleo familiar. Con situaciones realmente impactantes como es el caso de Jesús. Jubilado desde hace más de ocho años y con apenas 900 euros de pensión. Vio a su mujer fallecer al poco de ganarse ese sueldo para el resto de su vida. Al poco tiempo, uno de sus hijos, sin empleo, tuvo que mudarse a su casa con la familia a cuestas al no poder seguir pagando el piso de alquiler donde residía en la zona de Manantiales. De un día para otro, este pensionista de origen andaluz se convirtió en familia numerosa tratando de sacar el máximo rendimiento a su escueta pensión.

Es cierto que la situación ha virado a mejor. El hijo de Jesús ha vuelto a rehacer su vida en otro lugar. Con su familia. Tras encontrar empleo de tiempo parcial indefinido. Sin embargo, buena parte de los ahorros de toda la vida de su padre se han esfumado en el año y medio en el éste  volvió a ser el cabeza de familia. Su pensión apenas ha cambiado. Pero sí sus gastos. Se ha hecho mayor. Lleva bastón. Su salud se resiente. Necesita nuevos cuidados. Y todo cada vez le sale más caro. Jesús es uno de esos “ocho de cada diez” que se han visto obligados a ayudar a sus hijos y nietos a salir adelante, tal y como apuntaba Magdalena Valerio el día de la llegada de la marcha a Guadalajara. Y por eso se ha movilizado.

Mientras el Gobierno de Mariano Rajoy lanza a la opinión pública esa retorcida idea de que la única manera de garantizar el sistema actual de pensiones es reduciendo los derechos laborales para permitir la creación de empleo, lo cierto es que el Estado ya tuvo que endeudarse este año para abonar las extras y muy probablemente lo tenga que hacer de nuevo el próximo año si no quiere volver a tocar el fondo de reserva de la Seguridad Social.

Aunque la reforma de las pensiones está en la comisión del Pacto Toledo, sobre la mesa existen muchas aristas sobre las que limar el acuerdo que pasan por el envejecimiento poblacional y el aumento de las tasas de dependencia, la disminución de la inmigración, la debilidad de las finanzas públicas con una deuda pública que supera el 100% y la debilidad de un mercado laboral que no genera los ingresos por cotizaciones necesarios para financiar los gastos. Y el lobby de las empresas que ofrecen planes de pensiones privados tampoco ayuda a generar un clima proclive al acuerdo. Es la mercantilización del sueldo y el retiro de los ciudadanos como un paso más en el proceso liberalizador de los derechos sociales.

Jesús gritó a viva voz el pasado viernes “más pensión y menos corrupción”. Acompañó a la marcha durante toda la jornada y el lunes estuvo presente en Madrid. Que su esfuerzo y el de muchos como él no caiga en saco roto, dependerá, sin embargo, de quienes se beneficien en el futuro de su lucha. Y en ese apartado aún queda mucho trecho.

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