Vuelta a los orígenes

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Nerea (Doña Inés) y Álvaro (Don Juan) en pleno ensayo. // Foto: eltenoriomendocino.net

Por Álvaro Nuño.

Nerea tiene 18 años, estudia segundo curso de Bachillerato en el instituto “Buero Vallejo” de la capital. Álvaro tiene diez más -veintiocho-, y es diseñador gráfico. Los dos viven en Guadalajara y forman parte de esa generación que, en la mayoría de los casos, vive pegada todo el día y buena parte de la noche a una pantalla, al móvil o a la tableta, porque la televisión, a no ser que esté conectada a internet o sea de pago, ya es un electrodoméstico pasado un poco de moda, propio de otra generación. Seguramente se lo pasarían en grande en las pasadas Ferias, siendo de peña o no, con los amigos, los excesos y las juergas propias de la edad. Pero pasada la semana festiva, han comenzado una nueva aventura que la mayoría de sus coetáneos no tendrán la suerte de disfrutar nunca. Esta tarde, los ojos de media ciudad estarán pendientes de su intrincada historia de amor, que pasearán en público por las callejuelas de la vieja Guadalajara. Lo han adivinado: Nerea es Doña Inés y Álvaro, Don Juan Tenorio.

Como íbamos contando, pasadas las Ferias, a Nerea y a Álvaro les dio por pasarse por los ensayos del Tenorio Mendocino, que se lleva representando desde 1992 en nuestra ciudad con un éxito de seguimiento sólo igualable al Maratón de los Cuentos en primavera. Su director, Chema Malo, vio algo en ellos diferente a las otras 150 personas que participan en la organización de esta representación teatral -algunos ante el público y la mayoría entre bambalinas- y les eligió nada más y nada menos que como protagonistas de la adaptación alcarreña de la obra de José Zorrilla. Desde entonces, acuden al instituto Liceo Caracense todas las tardes a ensayar para que esta noche y mañana todos disfrutemos de este clásico por los escenarios que la familia Mendoza construyó en la ciudad y que han tenido la suerte de mantenerse en pie hasta nuestros días. Estas noches, desde mediados de septiembre hasta ahora, se han visto completadas con horas de estudio en sus casas, robando tiempo a ese móvil, a la tableta y a las conversaciones de WhatsApp con los amigos. Había que aprenderse el guión y una fotocopia encuadernada del libreto ha sido su inseparable compañero durante este mes y medio. Ni siquiera los actores profesionales tienen tan poco tiempo para estudiar un personaje y representarlo en un mes y medio. Es la magia del Tenorio.

Cuando Nerea nació, el Tenorio se llevaba representando casi una década y Álvaro seguramente no sabría andar mientras otros jóvenes como ellos comenzaron esta fantástica aventura que ha sobrepasado ya su primer cuarto de siglo. Año más, año menos, desde que se cumplió el XXV aniversario, el Tenorio Mendocino ha disfrutado de un cambio generacional que lo mantiene más vivo que nunca. Ocho son los nuevos actores que se han incorporado a la edición de 2017, entre ellos los propios Doña Inés y Don Juan. Es digna de alabanza esta vitalidad que muestra una expresión cultural colectiva y altruista. También es digno de mención la valentía de los más veteranos dejando vía libre el protagonismo de los jóvenes, pero sin apartarse a un lado. Sólo dando un paso atrás pero ayudando y dando apoyo en todo lo que se necesite entre bambalinas, en los ensayos, poniendo luces, llamando a las puertas de los despachos o haciendo de figurantes en las escenas que así lo requieren. Aportan su mayor experiencia pero sabiendo que la primera Doña Inés tiene que ser joven y que el primer Don Juan, también.

Así justamente es como comenzó el Tenorio Mendocino. Los Amigos de la Capa, que venían celebrando en la noche de ánimas un representación bufa entre bar y bar dejaron que fueran unos jóvenes pero ilusionados alumnos del instituto Brianda de Mendoza quienes fueran los encargados de recitar los versos de Zorrilla por la calle frente a los principales monumentos de la ciudad. De no haber sido así, sin el ímpetu y el desparpajo de esos estudiantes, quizás esta noche no se habría celebrado nunca ni se habría convertido en un fenómeno de masas local, en un evento declarado Fiesta de Interés Turístico Regional y Medalla al Mérito Cultural de Castilla-La Mancha. Quizás una docena de veteranos amigos seguirían recitando a Zorrilla por los bares, pero no habrían salido de ahí. Entonces se supo compaginar juventud y experiencia, innovación y tradición, lo ya vivido con lo que estaba por llegar, y la Asociación “Gentes de Guadalajara” conserva la fórmula, la depura y la renueva año a año. ¡Enhorabuena por ello y Viva el Tenorio Mendocino!

 

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