Saudade o la vida de los PIGS

 

Otoño en el sur de Inglaterra

Otoño en el sur de Inglaterra. // Foto: Berta Pastor.

Por Berta Pastor Estremiana*

Es otoño en el sur de Inglaterra. Los árboles pierden hojas por segundo y la carretera se llena de niebla y amaneceres rosas. Cristina y yo llevamos trabajando juntas casi tres años. La rutina siempre es la misma: mensaje de texto, coche, cigarro y humo por la ventana, conversación rápida sobre el fin de semana, risas y quejas, llegar al trabajo.

Esta mañana de otoño Cristina no quiere hablar. El cigarro de rigor sabe un poco amargo y el ambiente se siente pesado. La mujer portuguesa me cuenta que tiene «saudade» y está triste. Triste porque Portugal arde y ella está lejos. Triste porque sus padres envejecen y ella está lejos. Triste porque su hermano murió hace 25 años tal día como hoy, y esa distancia es imposible de abarcar.

«¿Y tú?», me dice. «¿Echas de menos tu ciudad?». Me quedo pensativa. Miro por la ventana. Echar de menos es algo muy amplio y subjetivo. Es difícil explicar un sentimiento. A veces cuando me despierto creo que estoy en la habitación de mi infancia, en casa de mis padres. El otro día en el supermercado vi a un hombre que se parecía a mi padre y, aun sabiendo que era imposible, mi corazón dio un vuelco tan grande que mis ojos empezaron a arder con lágrimas.

Cada vez que me enfrento a esa pregunta siempre me pasa lo mismo. La Alcarria, amigas y amigos, es un sitio difícil de describir con palabras. «Ven a verme y te llevo a mis sitios favoritos», le digo a Cristina, quien a estas alturas ya vuelve a sonreír. «¿Cómo se dice saudade en castellano?», me pregunta. «No estoy segura de cuál sería la traducción exacta, pero yo diria que morriña» ,le digo. «Ah, morriña es galego. Lo conozco», me dice la mujer portuguesa con el pelo más brillante del pueblo.

Estamos a mitad de camino, fuera hace frío. Dejamos un campo de vacas a nuestra izquierda y una hoja cae justo para pegarse en mi ventanilla. De repente mi cabeza empieza a imaginar todos los sitios donde llevaría a Cristina. Una ruta turística por mis bares favoritos: del Alcarreño al Claudio, y sobre todo la Universal. Le presentaría a Pedro y pediríá un plato de jamón y otro de tomates con ese aliño de comino que me gusta tanto. Una vuelta por el río Henares y las terreras, subiendo por el canal seco hasta el Alcázar derruido. El gran y único Palacio del Infantado y su Maratón de Cuentos, unos de los momentos más especiales de la ciudad. Si es verano, un helado en la Ibense y de paseo por la Fuente de la Niña, parque de mi adolescencia y con más anécdotas por metro cuadrado que cualquier otro parque de la ciudad. Si el día acompaña y el ánimo ayuda, subiría a la peña Hueva para ver el atardecer. El Alto Tajo, ruta por la arquitectura negra, el barranco de la Hoz…. ¡Cristina va a tener que venir por lo menos dos semanas, o si no no le va a dar tiempo a verlo todo!

«Berta, oye, vuelve a la tierra», es la voz de la mujer portuguesa. «Ya casi hemos llegado al trabajo», me dice. Mi cabeza tarde unos segundos en volver al coche, al otoño y al sur de Inglaterra. Ahora sí que siento esa saudade que Cristina explicaba no hace tanto. Es como si tuvieras una serpiente en la boca del estómago, dando vueltas indecisa. ¿Cómo es posible que los seres humanos hayan llegado a la luna y todavía no exista el tele transporte? Me digo a mí misma, en un intento absurdo de resolver el problema de la morriña.

Llegamos al trabajo y Cristina aparca el coche. «¿Sabes?», me pregunta mirándome con ternura, «me alegra tener a una amiga que sea de los PIGS como yo». Me río y le doy la razón. Portugal, Irlanda, Grecia y Spain. Los Pigs de Europa. Los que comparten fuegos y saudades para sentirse menos solos.

Berta Pastor, periodista guadalajareña.

Berta Pastor, periodista guadalajareña.

*Berta Pastor Estremiana. Recolectora de historias y palabras, ha pasado por diferentes medios de comunicación de la provincia antes de volar al extranjero. Alcarreña de nacimiento, ha sido colaboradora en la Nueva Alcarria así como el inolvidable El Decano, para pasar más tarde al mundo de las agencias de comunicación. Después de experimentar con el marketing (y luchar contra la desidia de la gran ciudad gris) decidió cambiar de rumbo y empezar una vida diferente en Inglaterra, formalizando su residencia en un pequeño pueblo del sur. Aunque actualmente trabaja en el sector social, siempre encuentra tiempo para poner en papel algunas de las historias que le rondan en la cabeza.

2 comentarios en “Saudade o la vida de los PIGS

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