El problema está debajo (de la boina)

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Guadalajara tiene una pantalla que informa de la concentración de diferentes contaminantes en el aire. // Foto: guadaque.com

Por Borja Montero

El ser humano siempre ha sentido una tremenda fascinación por las cosas ocultas, lo que se esconde detrás de lo evidente. Más allá de lo de mirar por el ojo de la cerradura de una puerta cerrada o pegar la oreja al tabique de la habitación contigua, esta curiosidad de los descontentos con las explicaciones fáciles y los disconformes con los usos y costumbres ha estado en la base de multitud de descubrimientos que han hecho avanzar la humanidad. A pesar de ello, y cada vez con más frecuencia, el foco de atención de los medios de comunicacion y nuestros convencinos en las redes sociales se queda precisamente en lo cosmético, lo anecdótico, con aquello que se puede ver con un simple vistazo (y con lo que se pueda hacer un comentario ingenioso), como en aquel dicho popular sobre un dedo que señala la luna y un tonto que mira al dedo. Muchos análisis se quedan en la boina, y no se dan cuenta de todo lo que hay debajo.

En los últimos días, el Ayuntamiento de Madrid ha tenido que poner nuevamente en marcha el protocolo para hacer frente a concentraciones de contaminación que pueden ser nocivas para la salud. Se trata de una situación inédita hasta el momento, ya que las medidas se prolongan ya durante una semana y, como es lógico, la boina marronácea sobre la capital de España se va extendiendo, afectando a la calidad del aire de las localidades vecinas y llegando, de forma más tímida, a las provincias limítrofes, sobre todo Toledo pero también Guadalajara.

Lo evidente es la boina, tanto la de dióxido de nitrógeno como la de las medidas tomadas por su persistencia y la de las posibles soluciones inmediatas. Tanto es así que la gente se preocupa y se desespera por no poder usar su vehículo privado, por tener que cambiar sus costumbres, y espera la lluvia como agua de mayo (nunca mejor dicho), como si unas gotas pudieran solventar décadas de malos hábitos, de maltrato al ambiente que todos respiramos. De este modo, los análisis no quieren darse cuenta de que la boina es solo la punta del iceberg, la cumbre del problema. Aunque no haya una concentración de contaminación tan apremiante como para obligar a reducir la velocidad o restringir el tráfico en determinadas zonas de las ciudades, la calidad del aire en las zonas metropolitanas no es buena, y cada vez es peor, por lo que hay que plantearse son medidas a largo plazo y no solamente parche ocasionales, máxime teniendo en cuenta que la lluvia, que servía para aliviar la situación de vez en cuando y que no nos alertáramos, no va a dejarse ver tan frecuentemente como antaño. Y es que cualquier otra actitud que no sea intentar reducir nuestra producción de contaminantes y poner para ello todas las medidas posibles, tales como la penalización del transporte privado y la mejora del transporte público o el examen individual de conciencia de si realmente es necesario el uso del coche para determinados desplazamientos, es irresponsable, ya que se está negando un problema evidente y que, con boina o sin ella, siempre está presente.

En el caso de Guadalajara, se ha dado esta lectura poco analítica, la de solamente ver lo anecdótico y no querer aprovechar la situación para tomarse en serio el problema. Así, ante la denuncia de Ecologistas en Acción de que Guadalajara se encontraba entre las ciudades con una concentración de contaminantes más alta, algo más que lógico dada su cercanía a Madrid y la gran dependencia de la logística de la economía de la ciudad y de los municipios cercanos, el Ayuntamiento de la capital ha venido a echar balones fuera diciendo que la responsabilidad de tomar medidas es de la Junta de Comunidades y que las mediciones no dan para tanta alarma. Este tipo de actitudes insensibles, de no hacer hincapié en la solución del problema sino achacárselo al otro y, sobre todo, de negar que el proceso es inevitable en este estado de cosas, son lamentablemente comunes en toda la sociedad y las declaraciones del edil del ramo estos días no son más que una triste demostración de que preferimos morir asfixiados en nuestros coches que hacer algo por dejar un planeta habitable a nuestros hijos.

 

Un pensamiento en “El problema está debajo (de la boina)

  1. Sí Borja, muy buen artículo. El Concejal de aquí nuestro Ayuntamiento, en lugar de echar balones fuera, podía tomarse en serio el tráfico rodado de nuestro municipio cada vez más caótico, como uno de los motivos de la contaminación y mejorar, potenciar, facilitar el transporte público, un servicio fundamental de movilidad, que ha ido de mal en peor y que cada vez que cogemos un autobús es hacer una ruta casi por toda la ciudad.

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