La buena noticia

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El Edificio Negro del Centro Cívico preside la plaza del Concejo, un punto algo anárquico en lo arquitectónico pero de tránsito casi obligado de cientos de vecinos para su trabajo, sus quehaceres ciudadanos o su ocio. // Foto: lacronica.net 

Por Borja Montero

La capacidad inherente a cada periodista de cuestionarse absolutamente todo hace que, en ocasiones, hasta las buenas noticias puedan verse rodeadas de informaciones que ensombrecen su innegable bondad. Este fenómeno de transmutación de la apariencia de la realidad, basado en un sentido crítico bastante en declive en la época de las redes sociales y la información al minuto, de las rueda de prensa sin preguntas y de las notas de prensa como medida del mundo, suele prestar atención no tanto al qué como al cómo o al por qué, a los hechos que rodean la noticia en sí o al análisis concienzudo de los datos de la misma. En las cuestiones públicas, el interés de los rivales políticos de hacer patentes sus críticas a la labor de Gobierno es también un buen acicate para estos exámenes en profundidad y estos relatos de lo que sucede paralelamente a la cuestión en sí.

El ejemplo guadalajareño de esta reflexión tiene una situación geográfica muy concreta, un punto de la capital alcarreña no dignos emblemático pero sí carismático: la plaza del Concejo, con sus ruinas de la iglesia de San Gil y su armatóstico edificio del Centro Cívico.  Hace unas semanas, el Colegio Oficial de Arquitectos de Castilla-La Mancha, en su demarcación de Guadalajara, convocó un concurso entre sus asociados para recabar ideas sobre cómo podría reformarse y revitalizarse esta plaza, mejorando su aspecto y, sobre todo, integrando los dos elementos arquitectónicos antes mencionados. Por otro lado, el Grupo Municipal Socialista ha revelado que, en los últimos meses, el equipo de Gobierno ha ido contratando con diversas empresas algunos de los trabajos previos a la posible realización de las obras de mejora urbana de este céntrico emplazamiento, entre ellos la redacción de los proyectos constructivos tanto de la plaza como del llamado Edificio Negro.

Ambas noticias son, indudablemente, buenas. Que un agente de la sociedad civil se implique, quiera implicar a sus asociados e incluso al resto de la ciudadanía, para poner sobre la mesa ideas del hipotético futuro de una plaza muy transitada del centro de la ciudad es, sin duda, positivo. Que el Ayuntamiento ponga en marcha los trámites de unas obras tremendamente necesarias también lo es. Sin embargo, la combinación de ambas noticias y algunos detalles del cómo se está gestionando hacen que quede un cierto sabor agridulce.

Y es que parece un poco ilógico que, por muy no vinculante que ser el concurso del Colegio de Arquitectos, el Ayuntamiento no haya tenido la deferencia de esperar unas semanas más a realizar las gestiones previas a las obras para saber si alguna de esas ideas, aunque no fuera siquiera la ganadora, eran adecuadas a sus planes. Esta plaza lleva pidiendo un arreglo más de diez años, así que no pasaba nada por quedar bien con los arquitectos de la ciudad y hace como si se tomara en cuenta su esfuerzo y su interés. De hecho, hace más de una década, cuando Antonio Román llegó al Gobierno de la ciudad y puso en marcha su prometida remodelación del Casco Histórico de la ciudad, se esperaba que los ajados escalones, las jardineras deshabitadas y los desniveles imposibles de este espacio, tan cercano a la propia Casa Consistorial, merecieran la pronta atención de los responsables municipales. Sin embargo, varios años después de que las máquinas ya hayan pasado por otros puntos menos necesitados de intervención, como la calle Mayor o la plaza de Moreno, o igualmente ávidos de una intervención, como Pareja Serrada, la plaza del Concejo sigue esperando su turno.

El otro hecho que chirría, dentro de esta buena noticia general, es que el Ayuntamiento haya iniciado estos trámites y no lo haya anunciado a bombo y platillo, habida cuenta de que se trata de unas obras largamente demandadas y esperadas. De hecho, según la denuncia del PSOE municipal, las contrataciones de estos primeros trabajos se han hecho de forma que no precisaran de un concurso público, escondiendo en los despachos estos primeros trámites administrativos. No es necesario ni obligatorio que cada concejal anuncie a la ciudadanía cada paso de sus gestiones, pero sí es extraño que se obvie el inicio de un proyecto de bastante relevancia, la guinda de la remodelación del centro iniciada hace diez años y un potencial nicho de votos de cara al futuro.

Sea como fuere, parece que ambas noticias darán como resultado que en algún momento de los próximos meses veamos a los obreros trabajando en la plaza del Concejo y, un tiempo después, se pueda pasear por un espacio reconvertido y, esperemos, arquitectónicamente más acogedor y transitable, con unos restos arqueológicos bien visualizados y un Centro Cívico preparado para la acción.

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