Julito, el alguacil

Julio Biosca se dispone a pregonar un aviso. //Foto: "¿Dónde estabas entonces?"- La Sexta

Julio Biosca se dispone a pregonar un aviso. //Foto: «¿Dónde estabas entonces?»- La Sexta

Por Patricia Biosca

Ruido estridente de trompetilla. “Por orden del señor alcalde se hace saber que el próximo día 3 de abril se celebrarán elecciones municipales en esta localidad”. Ruido estridente de trompetilla.

El corazón le pega un vuelco tras oír esta combinación de audios acompañada de una sucesión de imágenes con una mezcla de elementos que son, de hecho, familiares, y con otros que no reconoce en absoluto. Vuelve a repetir el archivo, porque no le cuadra que un pueblecito de unos 3.000 habitantes como mucho a finales de los años 70 haya sido reflejado durante algunos segundos de un programa de televisión a nivel nacional, más aún cuando una escena similar se repetía en todo el territorio español. “Mira, Patri, que sale tu tío”, le llegan mensajes al móvil. Vuelve a retomar las imágenes con el mismo caos que se refleja en estas líneas.  “Por orden del señor alcalde…

  1. Ya quedan pocos alguaciles/serenos en España, menos en plantilla. A alguien le llegan rumores de que en Cabanillas del Campo, un pequeño pueblo situado a escasos 10 kilómetros de Guadalajara (muy cerca de Madrid), todavía hay una persona contratada para gritar los avisos en medio de la plaza del pueblo. Un equipo de Televisión Española es destinado a esta pequeña localidad en busca de Julio Biosca, que lleva trabajando en este puesto desde hace cinco años. Le hacen preguntas acerca de su trabajo, él les explica que toca la trompetilla antes y después de dar el aviso, que lleva a cabo desde la plaza del Ayuntamiento, justo enfrente de “su habitación” dentro de estas instalaciones. Los camarógrafos le graban subiendo la “cuesta de los cantos” (apodada así por lo complicado del terreno) mientras sopla el instrumento. No le captan andando, ya que tiene una perceptible cojera, fruto de una enfermedad infantil “mal curada”, según su madre. Después, las imágenes, que apenas duran 30 segundos, reflejan a “Julito, el alguacil”, en el centro de la plaza del Ayuntamiento, rodeado de gente del pueblo que escucha de su boca que están convocados a las primeras elecciones autonómicas después del Franquismo. Los operarios de cámara toman estas imágenes desde la parte de arriba del conocido como “bar de los conejos”, donde los fines de semana se reúnen los hombres para jugar al mus.

 

  1. Y tu tío Julito salió por todas las televisiones de España”, le cuenta Ana María García (“Anita”, los diminutivos parecen ser cosa de familia, aunque se hayan pasado los 70 años con creces) a su nieta sobre aquel capítulo. También le detalla que Franco había regalado a su abuelo, con el mismo nombre de su tío, un bastón “por ser muy bueno” y los periplos de cómo tenía que llevar “a cuestas” a su hijo para visitar al médico del Niño Jesús, porque “aquí no le podían tratar”. Su nieta la escucha con admiración y se lo cree todo a pies juntillas. ¿Hay algo con más autoridad que la voz de un abuelo?

 

Anda, llévale el bocadillo a tu tío al Ayuntamiento”. La chiquilla, que tiene ocho años, se monta en su bicicleta roja de piñones (regalo de su tío) y va a cumplir con el recado, con el pecho más hinchado de orgullo que las palomas que salen a su paso en la calle Juan Rhodes (llamada así por un famoso médico que habitaba al final de la vía).

– ¡Tío, que me ha dicho la abuela que saliste por la tele!

-Sí, una vez. Vinieron por lo de las elecciones municipales. ¿Te he contado que tu abuelo también fue alcalde…?

La historia, que deriva en nuevas informaciones acerca de la familia y el pueblo, incluso en episodios truculentos de tiros errados entre cazadores en el monte o cuentos de ánimas que salen en el Día de Todos los Santos, van acumulándose en la cabeza de esa niña, que no sospecha lo hondo que calan en su memoria. El relato solo se ve interrumpido por el trabajo de Julio. Llaman al teléfono y contesta; se levanta a hacer fotocopias y suelta un par de “dioses” y exabruptos porque se atasca la máquina; cambia la televisión de canal (de la 1 a la 3, no tiene más diales) porque “van a echar los toros”; sube por las ruidosas escaleras de madera para llevarle “unos papeles a la secretaria”.

Los días de fiesta, se coloca sus mejores galas para abrir las cadenas que cierran el paso a la plaza de la Iglesia a la procesión o a los músicos, según toque. Él va delante, porque es su cometido (y porque le encanta). Orgulloso, mira al frente.

  1. Tras 35 años de servicio al Ayuntamiento, es hora de jubilarse. El pueblo no es ni mucho menos el que era en los años 80 o 90. Ni siquiera a principios de los 2000. Julio lo ha visto todo. Muchas solicitudes de empadronamientos han pasado por sus manos. Cada vez se han ido institucionalizando más los puestos en el Consistorio, por lo que su labor ha ido disminuyendo. Ya no da avisos con la trompetilla, las cuestiones administrativas han ido a parar al personal especializado. Pero continúa cerciorándose de que San Blas tenga las cadenas retiradas antes de su procesión, que la Policía Local haya cortado las calles de la manera correcta; se sigue calando su gorra del Ayuntamiento de Cabanillas del Campo cada vez que acompaña a la comitiva de músicos. Y lo seguirá haciendo hasta el momento en que muera, porque lo siente su responsabilidad. Un oficio del que no ha dado testigo a nadie, pero del que está seguro alguien se tiene que ocupar. Un “rara avis” que sorprende a la gente que no es CTV (Cabanillas de Toda la Vida) o que no está familiarizada con los dos ritmos de un pueblo que crece de manera exponencial en cuanto a población se refiere.

-¡Mira, un cojo!-, dice un chaval a otro vestido de peña. Ambos tienen pinta de no haber dormido en toda la noche.

-Calla, que es Julito- sentencia el peñista, como si la discapacidad se esfumase solo con mencionar ese nombre. Su amigo, que intentaba hacer una gracia, cambia el gesto y mira, en silencio, la procesión pasar.

  1. El Ayuntamiento de Cabanillas postea dos fotos en las que sale la imagen de Julio Biosca en 1979 antes de las primeras elecciones municipales tras la dictadura. La imagen contrasta con el presente: el Ayuntamiento se ha convertido en ludoteca; en medio de esa plaza, ahora diáfana, pero donde estuvo colocado el mítico “pilón”, la llamada “fuente del pato”, y que ahora se encuentra de testigo en la residencia de ancianos; esa plaza que desde hace dos años se llama Plaza del Alguacil Julio Biosca y que fue su feudo durante tanto tiempo. “Qué bueno, qué impresión ver a Julio pregonando hasta con trompetilla… Parece de otra vida ya…”, dicen en un comentario. Una vida en la que el ritmo lo marcaba el ruido de las campanas de una iglesia y una trompetilla estridente. Una vida en la que Julito, el alguacil, fue testigo privilegiado. 
Placa de la Plaza del Alguacil Julio Biosca. // Foto: Ayuntamiento de Cabanillas

Placa de la Plaza del Alguacil Julio Biosca. // Foto: Ayuntamiento de Cabanillas

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