A palos y sin ruedas con el campus

Por David Sierra

Cuando con apenas una docena de años Jerónimo escuchaba los primeros cantos de sirena sobre una posible construcción de un campus universitario en Guadalajara, aún no tenía claro qué destino formativo le depararía el futuro, aunque sí se abría una ventana a que pudiera cursar aquello que más le gustara en la ciudad en la que siempre había vivido. Nada más lejos de la irrealidad, pues éste ahora estudiante de medicina viaja casi todos los días a la capital de España para cursar ese grado con idea de establecerse allí, al menos, hasta que termine su periodo universitario. Harto de los retrasos de los cercanías y de los atascos de entrada y salida a Madrid que en hora punta son imposibles de evitar en la Conti.

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Foto: lalunadealcala.com

Decía el aún rector de la Universidad de Alcalá de Henares, Fernando Galván, en una reciente entrevista llevada a cabo por un medio local alcalaíno y como balance ante el inminente final de su mandato que, en el debe de su gestión quedaba consolidar el campus de Guadalajara. “Ahí me voy con la sensación de haber fracasado. Aunque hemos hecho muchas negociaciones durante estos ocho años y establecido muchos contactos y firmados protocolos, al final no hay Campus de Guadalajara” argumentaba.

Si existe un proyecto que refleje mejor el fracaso de la política y de las instituciones ese, sin duda alguna, es éste. Fue allá por abril de 2006 cuando el presidente regional socialista de esa época, José María Barreda, anunciaba que Guadalajara contaría con un nuevo campus universitario más “funcional” y “moderno” junto con la presencia de un centro de investigación, a propuesta de la Universidad de Alcalá en su intención de extender y reforzar la presencia de esta institución en la capital alcarreña. A partir de entonces y hasta el año 2015, mejor enlazo al texto ‘Campus: nueve años y punto cero” de mi compañero Óscar Cuevas que ya en este mismo espacio llevó a cabo un exhaustivo análisis histórico sobre los pasos dados hasta esa fecha y las posiciones que han ido adoptando a lo largo del tiempo los diferentes agentes participantes.

Cuevas dejaba su texto a un paso de las últimas elecciones autonómicas refiriéndose a la declaración protocolaria manifestada por la que era en ese momento presidenta regional popular, María Dolores de Cospedal, el también popular alcalde de Guadalajara, Antonio Román, el rector de la Universidad y el secretario de Estado del Ministerio de Defensa, para ubicar el Campus Universitario en las instalaciones del Colegio María Cristina y acabar de una vez por todas con las intenciones primarias de alojar las infraestructuras académicas en el Polígono del Ruiseñor.

La llegada al poder nuevamente del PSOE de la mano de Emiliano García Page planteaba una nueva vuelta de tuerca a los acontecimientos, traducida en un nuevo anuncio que venía a ratificar la ubicación del nuevo campus en el centro de la ciudad, aunque con la inclusión de un centro de investigaciones científicas y tecnológicas en el polígono anteriormente citado con el propósito de conciliar las distintas sensibilidades sobre la ubicación del proyecto.

Sin embargo, nuevamente los intereses partidistas se imponen a los de los ciudadanos para entorpecer el futuro de una población que pierde a pasos agigantados la credibilidad en unos representantes públicos incompetentes hasta la médula. Como es habitual en ‘acuerdos’ a tres bandas entre rivales políticos donde hay cesiones de terreno y compromisos de adquisición y rehabilitación de inmuebles de por medio, cualquier excusa es buena para torpedear la labor de quien en ese instante es responsable en la dirección y devenir de los acontecimientos. Es por eso que ante la resolución de un escollo volverá a surgir otro. Alegarán a los plazos, al presupuesto, a la financiación, a las licencias, a las tareas administrativas, al control de las obras y a todo lo que haga falta para impedir esa foto de inauguración que, únicamente, tendrá lugar cuando las tres administraciones ahora implicadas sean del mismo signo. O se eliminen palos de las ruedas. Y en ese sentido, quizá no sea tan descabellado que una manera de agilizar este proyecto convenga en reducir actores y que el campus pueda alojarse en otros municipios del entorno que no tendrían inconveniente en acoger en su seno tan suculenta iniciativa. A buen seguro que Marchamalo, Azuqueca o Cabanillas del Campo no pondrían impedimentos.

Pero mientras cuaja la cosa, Jerónimo acabará sus estudios superiores fuera de nuestra provincia. Como muchos otros. Emigrando. Para no volver. Para llevar sus conocimientos a otros lugares. Para encontrar las oportunidades que la irresponsabilidad política le anunció pero nunca le brindó.

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