Un granito de arena

Por Borja Montero

Prácticamente en el mismo momento en que empecé en esto del periodismo local, al menos la primera vez que tuve entre mis manos un tema serio, me di cuenta de que lo de la colaboración entre administraciones era casi un acto de fe o un argumento de ciencia ficción. Veía como cada representante publico, ya fuera alcalde, presidente, concejal, consejero, diputado, delegado o cualesquiera otras acepciones, se mostraba siempre atado de pies y manos en lo que al tema tocante se trataba y situaba la pelota en el tejado del otro, o defendía ardientemente sus intereses y su postura como si fuera la única posible. Indefectiblemente. Todas y cada una de las veces. Con partidos contrincantes en las distintas administraciones o con el mismo en ambas, que los dineros públicos son finitos y no se puede contener siquiera a los propios. Con frases hechas tales como aquella de “poner palos en las ruedas”.

De este modo, trámites que a la vista de cualquiera medianamente informado eran cuestión de días se tornaban eternos por culpa de la desgana y promesas de inversiones millonarias se retrasaban en el tiempo o llegaban mermadas, convirtiendo el sueño de los pueblos y sus ciudadanos en una suerte de visita de Mister Marshall a Villar del Río. Y es que el fruto de la colaboración entre administraciones a veces madura y cae del árbol para que los vecinos puedan saborearlo. Un fruto exótico, sin duda.

En este campo, la sorpresa ha llegado esta semana, la última del año, la enésima desde que existe el problema. No sabemos si por influjo del espíritu navideño, por negociaciones ocultas para conseguir otras inversiones o por interés real en solucionar el problema, el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, ha anunciado que el Ayuntamiento de la capital procederá al asfaltado del camino de tierra que discurre entre la parte trasera del Hospital Universitario de Guadalajara y la zona de la Fuente de la Niña, habilitando de este modo un nuevo camino de salida del centro hospitalario y, sobre todo, posibilitando la apertura del nuevo aparcamiento, que lleva meses esperando solucionar papeleos y deficiencias para poder ofrecer un alivio al maremágnum anárquico que es el tráfico y el estacionamiento en el Hospital.

El anuncio ha pillado por sorpresa, en una rueda de prensa anunciada para otra cosa y por parte de un político que no es precisamente tendente a dar su brazo a torcer o a favorecer los intereses del rival político. Y es que el Ayuntamiento había armado un sólido discurso acerca de las “chapuzas” de la Junta en las obras y de la responsabilidad única e intransferible del Gobierno regional para solucionar los problemas habidos como para esperar este desenlace en el último segundo (del año, que la película continuará), propio de un superhéroe perfectamente engominado.

Hay que tener en cuenta que, aunque la consecuencia más visible de esta futura obra (aún sin fecha, presupuesto o noción de si precisará concurso de algún tipo para su adjudicación) sea la posibilidad de apertura del aparcamiento del Hospital, el Ayuntamiento conseguirá con esta inversión poner algo de paz en uno de los mayores embrollos circulatorios de la ciudad, el nudo de Cuatro Caminos, un cruce en el que el Consistorio no tiene jurisdicción absoluta, al incluir dos carreteras de titularidad nacional, pero que concentra gran cantidad de esfuerzos por parte de la Policía Local y los Agentes de Movilidad dada su intensa circulación tanto rodada como peatonal y los casi diarios incidentes de tráfico, algunos puramente anecdóticos y otros tristemente fatales. De este modo, el gesto (que lo es, ya que dese hace meses el Ayuntamiento clamaba porque fuera la Junta quien habilitara ese mismo camino de tierra para el tráfico rodado) no es tan altruista, sino que es un parche a una situación enquistada desde hace décadas y agravada hace unos diez años, cuando el urbanismo de la ciudad dio definitivamente el salto al otro lado de la A-2. Quizás sea un pequeño peaje a pagar para sacarle a los responsables del Ministerio de Fomento, de visita recientemente por la ciudad precisamente para inspeccionar la seguridad vial en el maldito cruce, una inversión mayor, aunque no parece que las arcas del Gobierno de España estén dispuesta ahora misma a acometer un gasto tan importante como los desvíos, desdoblamientos y demás soluciones que requeriría convertir Cuatro Caminos en una simple rotonda de entrada a Guadalajara.

Cabe esperar que el nuevo camino, solamente de salida, sea pronto habilitado y utilizado con frecuencia por los conductores, de modo que realmente se pueda ver reducida la presión de tráfico sobre la saturada rotonda. Y tenemos la primera buena noticia de 2018, o la última de 2017.

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