Renfe de resaca

Los pasajeros de un tren de Renfe se apean por una avería. // Foto: Antena 3

Los pasajeros de un tren de Renfe se apean por una avería. // Foto: Antena 3

Por Patricia Biosca

Día 1. O mejor cero. El 1 de enero es ese día en el limbo que se vive con la resaca de la última noche del año y sin la consciencia de que se estrena uno nuevo. Poca gente reconocerá que le gusta esta jornada, aunque es tradición pensar en los buenos propósitos como apuntarse a inglés, acudir al gimnasio, comer más verdura o mandar bien lejos lo que consideramos malo en nuestra vida. Sin embargo, la realidad nos azota la cara y solo hay que abrir los medios este primer día y ver como poco ha cambiado, más allá del primer niño que nace en el país (o en la provincia. Bienvenido al mundo, Oliver). Sin haber pasado el día de la depresión nacional, nos enteramos de que Renfe sigue empeñada en devolvernos al pasado, con sus habituales retrasos y averías, como un día de la marmota que nunca acaba, ni siquiera con el poder mágico de las uvas.

Pasadas las 9 del día 1 de enero, la línea C2 quedaba suprimida en la estación de El Pozo un tren con destino Guadalajara, por una avería. El siguiente tren salía a las 9.25 horas desde la estación de Atocha, retrasando todos los demás viajes. Me puedo imaginar a todos esas personas que decidieron que Madrid era un buen destino para pasar la Nochevieja, con el bajón tradicional del primer día del año. El cansancio de todo un día de fiesta acumulado en el cuerpo, las ganas de llegar a casa -seguramente también les haya dado para pensar en esos buenos propósitos, porque tiempo han tenido- y el enfado lógico de un servicio que agoniza, que cada vez es más caótico, y que parece ningunear una y otra vez a una provincia que poco o nada levanta la voz.

O todas esas personas que, a contracorriente de la mayoría les tocó trabajar o se dirigían a sus empleos, pensando que encontrarían poco obstáculo más allá de su barriga llena por copiosas comilonas y algún que otro griterío por los afortunados que tuvieron el día libre y alargaron más de la cuenta. Y no solo los guadalajareños sufrieron la resaca de Renfe, ya que un tren de la línea C-3, con destino Chamartín-El Escorial, se detuvo durante unos minutos en la estación de Pinto, “por alteración del orden público”, una fórmula que, me imagino, esconde a alguno de esos fiesteros. La parada no fue muy larga, y el orden se estableció después de un cuarto de hora.

Parece que el nuevo año no va a traer más trenes, un servicio de calidad que le niegan constantemente a la provincia y que cada vez causa más sonrojo de vergüenza ajena. Solo nos queda pedírselo a los Reyes Magos en la carta, aunque esos solo vienen en AVE y ni siquiera hacen caso a la Alta Velocidad, solo a sus camellos.

 

Feliz 2018.

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