Presupuesto agotado

Por David Sierra

Seguramente se puedan contar con los dedos de la mano. El número de niños y niñas que residen de manera continuada en Taragudo. Uno de esos pueblos maltratados por la despoblación que, gracias en gran medida a la inmigración ha encontrado la manera de sostenerse e impedir ser un refugio de domingueros. Son muchos, sin embargo, los ‘hijos del pueblo’ que no han olvidado sus raíces y siguen acudiendo a la llamada del terruño, cuando el día a día de la gran urbe les da un respiro.

Los vecinos de toda la vida y los de fin de semana han conseguido vincularse de tal forma que los ratos de coincidencia se convierten en convivencia pura. En ello tiene mucho que ver el apego de unos a sus orígenes y el asentimiento de otros al futuro. A no caer en el olvido de la soledad. A permitir que una asociación cultural integradora actué de balancín en los gustos y las demandas, desvaneciendo las desavenencias.

En Taragudo, los niños y niñas residentes, junto con los que vienen de manera esporádica en fechas señaladas, utilizan la imaginación para divertirse. El campo es lo suficientemente amplio para la experimentación. Además, tienen un parque. Llamado El Bombín. Y las piedras y ramajes que a menudo aparecen como de la nada, son suficientes para echar a volar el ingenio hasta el punto de alinearse y convertirse en las auténticas porterías del Bernabéu en una de esas tardes mágicas merengues. El deporte rey llega a todas partes y se aclimata a cualquier circunstancia y terreno, ya sea un pedregal o una tupida alfombra de césped. En Taragudo es más bien lo primero.

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Plaza de España, Taragudo.

Por eso, y porque la vida en los pueblos afectados por la ausencia de población se sostiene en momentos – en impulsos que permiten seguir latiendo. En el ímpetu de los regidores locales a tiempo completo que con su dedicación tratan de absorber cualquier línea de financiación a su alcance para mejorar en lo posible sus posibilidades – el Consistorio acudió a la llamada de la Diputación Provincial en agosto para optar a beneficiarse de las ayudas a pequeñas entidades para obras de mejora y creación de infraestructuras relacionadas con la actividad física y el deporte. Era la segunda vez que Taragudo lanzaba la caña con la esperanza de que, al ser la inversión destinada a este fin más cuantiosa, pudiera pescar algo. El proyecto, avalado por manos expertas, consistía en la creación de una pista deportiva que permitiera alternar diversas actividades. El coste estimado, medio millón de las antiguas pesetas.

Decía el diputado delegado de Deportes, Lucas Castillo, allá por diciembre del pasado año, cuando la Junta de Gobierno de la Institución Provincial daba el visto bueno a la inversión de más de 220.000 euros para sostener estas subvenciones que suponían “una importante ayuda para los pequeños municipios de la provincia”. Sin definir el adjetivo de “pequeño” que acompaña al sustantivo “municipio” en el contexto provincial alcarreño. Fontanar, Humanes, Torrejón del Rey, Galápagos, Molina de Aragón, Pastrana, Horche, Alovera, El Casar, Yunquera de Henares, Sigüenza o Torija son algunos de esos “pequeños” municipios que han recibido fondos a través de esta línea de ayuda. Taragudo reunía también los requisitos para beneficiarse pero, incomprensiblemente la noticia que llegaba era otra. La Diputación informaba que no habría pista polideportiva con ese dinero porque la partida presupuestaria se había agotado. Y no ha sido el único. Por desgracia.

“Se está hablando de despoblación y sin embargo hay zonas que han quedado totalmente al margen por parte del Gobierno regional” atacaba el presidente de la Diputación, José Manuel Latre, en una reciente entrevista. E insistía en el hecho de que “son precisamente los pequeños pueblos de la provincia, los que tienen menos recursos, en los que esta Corporación tiene especial interés en atender sus prioridades y que así seguirá siendo”. Paradojas de la vida.

El centro social de Taragudo centra la vida del pueblo. Allí cuentan con una especie de bar gestionado por los vecinos, que aún se fían unos de otros a la hora de echar las monedas al bote por las consumiciones. El mismo espacio sirve también de alojamiento para las actividades de la asociación cultural. Las sesiones plenarias no se celebran también allí de puro milagro, pues el edificio consistorial acusa el paso de los años y el nuevo consistorio avanza lento en la finalización de su construcción, en función de las inversiones que se pueden derivar al proyecto. Nadie les ha regalado nada.  Es la ventaja de ser un gran pueblo.

El Bombín seguirá cumpliendo su cometido como parque. Y como pista deportiva. La imaginación de la chavalería permanecerá intacta, impulsada por las carencias. El Bernabéu de Taragudo deberá esperar. Al menos hasta que los inversores institucionales le consideren merecedor del calificativo de “pequeño” para ser lo que realmente es. Un pequeño gran pueblo.

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